Chile: Terroristas amenazan al pueblo mapuche por no abrazar la violencia

«No es racismo, es terrorismo», denuncia la Asociación de Paz y Reconciliación en la Araucanía por los atentados sufridos

Disturbios con violencia en Chile. Fuente: Asociación de Paz y Reconciliación en la Araucanía

Incendios provocados, disparos y choques con las fuerzas de seguridad, de la mano de amenazas incluso contra los propios indígenas de la comunidad se han destacado entre las acciones llevadas a cabo por grupos denominados mapuches en la región de la Araucanía en Chile.

Según la plataforma local Meganoticias, tres personas fueron detenidas por los incidentes registrados en la comuna de Collipulli. La Radio Bio Bio reportó lanzamientos de piedras contra la Fiscalía y enfrentamientos entre manifestantes y carabineros, en medio de la marcha en apoyo a los comuneros mapuche en huelga de hambre en la cárcel de Angol.

La bandera mapuche se ha convertido en símbolo de resistencia, sobre todo desde octubre del 2019 en el marco de la insurrección que exige un «cambio de sistema» en Chile.

Mediante imágenes, la Asociación de Paz y Reconciliación en la Araucanía expuso cómo los grupos autoproclamados mapuches apelan a la violencia para intimidar a la población.

Lamentablemente, en los últimos años, en lo que antiguamente fue territorio mapuche, se han ido estableciendo auténticas no-go-zones, en que grupos terroristas imponen su ley a sangre y fuego, bajo la excusa de las reivindicaciones indígenas (el mal llamado “conflicto mapuche”); aunque en realidad se trata de guerrillas ligadas a la extrema izquierda y el narcotráfico, apoyadas por potencias extranjeras y ONG’s europeas, que han desarrollado en paralelo un eficaz trabajo de propaganda, que ha ido permeando toda nuestra sociedad y convenciéndola que los colonos chilenos y europeos son unos usurpadores, que el territorio mapuche abarcaba todo el sur de Chile y Argentina, que este pueblo habría vivido previamente en una especie de mundo idílico y que todos los males actuales que padecen sus descendientes emanan del Estado de Chile, explica el abogado y dirigente agrícola René Fuchslocher Raddatz.

PanAm Post se comunicó con Fuchslocher para entender la situación desde el lugar de los hechos y cómo se relaciona con la insurrección y las «brisas bolivarianas» denunciadas por la OEA,  como estrategia de desestabilización en toda la región.

¿Qué está pasando en Chile respecto a la población mapuche?

Junto con agradecer vuestro interés en entrevistarme, parto por indicar que en Chile no existe tal cosa como una “población mapuche”, si con ello entendemos a un grupo étnico separado del resto de la nación. Los chilenos somos fruto de distintas culturas, todas las cuales han contribuido al desarrollo de nuestra identidad nacional, en particular los elementos indígena e hispano, a los cuales se sumaron posteriormente europeos de otros orígenes, personas del Medio Oriente y, últimamente, ciudadanos de otros países de América.

El mapuche era uno de entre varios pueblos prehispánicos. Habían llegado a la zona centro-sur de Chile no mucho antes que los españoles, desplazando y trasculturizando a sus habitantes anteriores. Se hizo célebre por su resistencia a los conquistadores en una guerra de baja intensidad que duró siglos y que fue dando origen a una progresiva convivencia a lo largo de las líneas de batalla, no sólo en términos comerciales, sino también culturales y sanguíneos.

Desde entonces, la inmensa mayoría de los descendientes de mapuches son personas de bien, que participan activamente en todas las instituciones de la sociedad chilena.

¿Cuál es el vínculo entre las protestas de octubre y los mapuches?

Es necesario partir por echar abajo el discurso de los grandes medios de comunicación que llaman “protesta” al terrorismo que tiene al gobierno chileno de rodillas. Hablamos del actuar de células narco chavistas, organizadas y dirigidas desde afuera y que cuentan con la colaboración de partidos y movimientos desde dentro del país.

El terrorismo urbano se manifestó a partir del 18 de octubre disfrazado de “descontento social” y el terrorismo rural lo venimos sufriendo hace un par de décadas vestido de conflicto étnico, siendo ambos fenómenos parte del mismo proceso insurreccional. Naturalmente no todos quienes participan en estos actos son terroristas, pues abundan los tontos útiles que, faltos de una épica individual y atiborrados de frustraciones, son fácilmente seducidos por estas organizaciones.

Entidades como el Grupo de Puebla –y antes el Foro de São Paulo- tienen todas las intenciones, todos los recursos y toda la capacidad para dejar de un lado los canales democráticos y abocarse a una estrategia de propagación de grupos entrenados en acciones de desestabilización, terrorismo e infiltración en fuerzas de seguridad (como se ha visto en Cataluña con los Mossos), ayudados grandemente por la pasividad, la miopía o la complicidad de los líderes políticos locales.

¿La violencia en el campo comenzó antes que en la ciudad?

En el último tiempo sí, como señalaba antes. Pero no cabe olvidar que, mientras en los campos se vivió de forma muy tranquila desde mediados de los años 70’ hasta hace unos quince años, en esa misma época se desarrollaron en las grandes ciudades diversas acciones terroristas, algunas gravísimas, como el magnicidio del senador Jaime Guzmán el año 1991.

Como descendiente de inmigrantes, ¿cómo vive las campañas llamadas antiracistas y anticoloniales?

A diferencia de otros países de América, las diferencias fenotípicas entre los descendientes de inmigrantes europeos y chilenos con ancestros indígenas no es tan grande. De hecho, sólo una ínfima minoría de la población es 100 % europea o 100 % indígena. En particular los descendientes de alemanes en Chile somos al día de hoy alrededor de medio millón de personas, estamos completamente integrados a la sociedad y nos sentimos todos chilenos; sin embargo, pareciera existir un odio latente hacia nosotros.

El marxismo cultural ha calado hondo en la sociedad chilena, y en ese contexto los chileno-alemanes somos motejados muy fácilmente como “supremacistas”, “usurpadores” y otros epítetos. En general, se cree que esto se debe al éxito relativo de nuestra gente en muchos ámbitos, pero encierra algo mucho más profundo, que es el avance en la deconstrucción de los valores tradicionales que han logrado los discípulos de la Escuela de Fráncfort. Resulta paradójico al observador inexperto que, mientras más se homogeniza la sociedad chilena –económica, social y racialmente- surgen con mayor fuerza estas campañas que pretenden dividir artificialmente a los chilenos.

El problema no está en las justas reivindicaciones de los descendientes de mapuches, sobre todo en cuanto se refieren al respeto que todos debemos prodigar a su cultura y ciertas ayudas económicas razonables, sino a la manipulación de este tema que se ha venido haciendo con el objeto de afectar nuestra soberanía. Los prejuicios acerca de la flojera y alcoholismo de los indígenas han ido cediendo lugar ante las campañas de los buenistas en contra de todos quienes tenemos un mayor porcentaje de sangre europea. Me tocó hace un tiempo ser calificado públicamente de racista por haberme referido a algunas personas como “no alemanes”; tal reacción resulta racista en sí misma, pues reconoce tácitamente una superioridad alemana que nadie ha esgrimido. Yo no me ofendería porque me llamen “no noruego”, “no chino” o “no maya”.

En todo caso, los próceres del progresismo eran abiertamente racistas, lo que parece importarle poco a quienes organizan y se hacen parte de estas campañas. Mientras Ernesto “Che” Guevara despotricaba contra los negros, Salvador Allende declaraba que los mapuches están “antropológica y racialmente predeterminados a no tener la categoría de compañeros de la Unidad Popular” (su alianza de gobierno).

¿Qué mensaje le daría a los chilenos respecto a lo que sucede y cuál le enviaría a los lectores hispanoamericanos sobre actos similares en sus países?

Las narcodictaduras latinoamericanas, luego de destruir sus países, necesitan otros que sean prósperos y cuenten con abundantes recursos naturales que puedan saquear. En Chile cuentan con una cohorte de políticos ambiciosos e inescrupulosos que están dispuestos a servir a sus intereses, así como miles de personas fácilmente manipulables, tras décadas de infiltración de los medios de comunicación masiva y el sistema educativo. En este sentido les diría a mis compatriotas que hagan el ejercicio de apagar la televisión y formarse su propia opinión ante hechos supuestamente espontáneos y aislados, pues probablemente verán la misma cola asomando tras de ellos.

Y a nuestros amables lectores de otros países de Hispanoamérica les pediría que no dejen que sus hijos se conviertan en carne de cañón del marxismo apátrida, que ha cambiado de estrategia, pero sigue más vivo que nunca. Lo que está sucediendo en Chile ha pasado antes o pasará pronto en sus países; la diferencia es que ahora, en un mundo dominado por el globalismo, no habrá donde arrancar.


Abogado, empresario y ex atleta del sur de Chile. Es miembro de diversas organizaciones sin fines de lucro ligadas a la comunidad chileno-alemana. Actualmente es director en Agrollanquihue AG (Asociación de Empresarios Agrícolas de la Provincia de Llanquihue). Mantiene permanente contacto con miembros relevantes del quehacer político chileno y europeo y escribe habitualmente en distintos medios de prensa como ‘Die Freie Welt’ de Berlín y ‘El Llanquihue’ de Puerto Montt.

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