Empleados públicos y “eficiencia”: lo que todavía no entiende el votante de Macri

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Desde hace 2 años la izquierda denuncia un ajuste que es necesario, pero que por ahora no existe. (Twitter)
Desde hace 2 años la izquierda denuncia un ajuste que es necesario, pero que por ahora no existe. (Twitter)

Mauricio Macri eligió un día 29 para hacer el anuncio sobre el recorte de puestos políticos en el Estado y el plan de jerarquizar y dinamizar el sector público. Curiosamente el 29 es el día de los “ñoquis”, lo que parece tener todo un significado especial.

En la cultura popular argentina, el ñoqui dentro del aparato estatal es el empleado fantasma que percibe un sueldo, pero sólo se lo ve los 29, es decir, el día de cobro. La proliferación de los acomodados con un salario fraudulento generó en la opinión pública la creencia de que lo más importante es comprobar que cada empleado público se presente en su puesto a horario todos los días, sin analizar otras importantes cuestiones de fondo.

Como ya lo advirtió Ludwig von Mises en su obra “Burocracia” de 1944, las reglas que rigen el comportamiento virtuoso de un trabajador en el sector privado no necesariamente aplican al ámbito estatal. Es decir, un vendedor que incremente sus ventas representa un beneficio indudable para su empresa, pero si aplicamos el mismo criterio al sector público los resultados pueden ser negativos.

Un policía premiado por aumentar el número de arrestos o un inspector que reciba un bono por clausurar más comercios por supuestas irregularidades, pueden representar serios problemas y convertirse en agentes de la injusticia guiados por pésimos incentivos generados con buenas intenciones.

Sin embargo, en la opinión pública, sobre todo en los partidarios del Gobierno, constantemente se exige que los empleados públicos sean productivos, se presenten a hora y trabajen todos los días. No forma parte del análisis si esos trabajadores del sector estatal cumplen con algún propósito, si son productivos o directamente contraproducentes.

Las medidas del gobierno

El Gobierno, que tiene más ganas de satisfacer las demandas de la gente (las que mide y encuesta constantemente) que de hacer docencia cívica e intentar explicar ciertas cuestiones complejas pero necesarias, impulsará en el marco de estas reformas las medidas que denominan “jerarquización de la carrera administrativa”. Ya en las dependencias públicas se está implementado la identificación por datos biométricos, para corroborar que el personal esté en sus puestos de trabajo. También se pagará un plus por presentismo, que se perderá si el trabajador estatal se ausenta sin justificación de su puesto algún día durante el mes.

Las medidas anunciadas hoy sin dudas que son un buen gesto, sobre todo si se tiene en cuenta que los ciudadanos hace dos años que vienen sufriendo el (inevitable) ajuste, entre otras cosas con la adecuación de las tarifas de servicios públicos enormemente subsidiadas por el kirchnerismo. Hasta hoy no había una clara muestra de que la política también “haga los deberes”. Sin embargo, a pesar de este gesto prudente, el gasto concreto que se reducirá es absolutamente marginal a la hora de buscar una solución para el problema del déficit fiscal.

Argentina tiene una inflación de dependencias públicas que debe ser reducida también (como mínimo) en un 25%, de la misma manera que los cargos políticos que se comenzarán a acotar a partir de hoy. Pero para que se avance en esta solución es necesaria una reacción de la opinión pública. No es casual el escándalo del ministro de Trabajo, Jorge Triaca, con varios familiares en dependencias gubernamentales, con el anuncio de Macri de hoy acerca de la regulación que impedirá estas situaciones.

Cuando el descontento popular se manifieste con relación a la imperiosa necesidad de acortar la burocracia estatal, en lugar de analizar superficialmente el problema y pedir que los burócratas “vayan a trabajar todos los días”, la clase política actuará en consecuencia, como lo hizo esta mañana en relación a los puestos políticos y los familiares en el Estado.

Mientras tanto, aunque suene paradójico, el argentino debe comprender, que dada la delirante regulación gubernamental vigente, hasta podría ser más productivo para el desarrollo del país de que muchos de los empleados públicos que realizan diversas labores en el ámbito estatal, ni se presenten a trabajar. Nunca. Y no es broma.

 

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