Jurassic Park: Pablo Iglesias de visita a los fósiles kirchneristas

El dirigente de Podemos recibió un Honoris Causa en una Argentina a la que llegó tarde

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Una visita tardía: la llegada de Pablo Iglesias a Argentina estuvo en el marco de un kirchnerismo en retirada, lejos del poder que tuvo durante 12 años. (Fotomontaje PanAm Post)

Soñó con ser Chávez, Kirchner o Correa pero llegó tarde a la historia. Pablo Iglesias, líder de Podemos, vio en los líderes del denominado “Socialismo del Siglo XXI” su oportunidad de ser la versión europea de una nueva esperanza izquierdista tras el colapso total del mundo soviético.

Sin embargo, sus referentes fueron cayendo de a uno, y en América Latina le quedó poco más que el desastre bolivariano al que ya casi ni se anima a mencionar.

Sus planes eran otros. Pasar del Parlamento español a la presidencia de su país, creciendo como un Lula al que tarde o temprano le llegaría su oportunidad, a la luz de una América del Sur que oficiaría de faro de un nuevo mundo. Se equivocó. Él nunca pudo dar el salto, sus referentes fueron cayendo en desgracia, los procesos populistas fracasaron rotundamente y en su llegada a la Argentina tuvo que conformarse con poco.

Iglesias dio un paseo por los fósiles del poder kirchnerista que pasaron de los grandes medios de comunicación a transmisiones por Internet o de las recepciones oficiales en Casa de Gobierno, con toda la pompa, a tomar el té con Cristina en su casa del Calafate.

Sin embargo, para consuelo del marxista español, la multiprocesada por la justicia y con un pie en prisión, Cristina Fernández de Kirchner, además de recibirlo en uno de sus hogares, lo homenajeó con un post en Twitter, donde manifestó que tuvieron una “excelente reunión” en el frío del Sur argentino, lejos del calorcito del poder que hoy ya es solo un recuerdo.

La vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser

Con una nostalgia digna de un tango, dos de los “pesos pesados” del kirchnerismo, que supieron ser de los personajes preferidos de Cristina Fernández, hoy se refugian en humildes espacios, lejos de los beneficios del poder.

Víctor Hugo Morales, el periodista uruguayo que pasó de ser crítico del matrimonio presidencial, hasta que una llamada de Néstor lo convirtió en un kirchnerista fanático y Estela de Carlotto, de Abuelas de Plaza de Mayo y portavoz del relato simplista y mentiroso de la década del setenta, recibieron a Iglesias en una transmisión casi “casera”, de humilde despliegue, para que un puñado de personas lo puedan encontrar en Internet.

Para desgracia de Iglesias, su llegada no coincidió con las posibilidades de encuentros en Cadena Nacional junto a la entonces presidente y a las previsibles notas en la televisión pública, en la y “privada” financiada con fortunas de los contribuyentes mediante pauta oficial. Los tres nostálgicos se dieron cita en un espacio mediático muy austero, donde, a falta de recursos técnicos, sobraron los lamentos.

El “triunfo del capitalismo”, el rechazo a la “derecha y el neoliberalismo”, la indignación ante el repudio que genera la imagen de la expresidente y los clásicos lugares comunes como que Macri “gobierna para los ricos” fueron los clásicos latiguillos del programa donde Morales se preguntó con angustia “¿qué le está pasando al mundo?”. Nada, los está poniendo en su lugar, o mejor dicho, en extinción.

No fue un meteorito lo que les cambió las condiciones de vida, pero sí la falta de dineros públicos del Estado para financiar la política y las lealtades, sin la cual el cual  kirchnerismo parece ser un tiranosauro, pero sin dientes y condenado a desaparecer y a figurar solo en los libros de historia.

 

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