El CEO de Techint, Paolo Rocca, procesado por las coimas del kirchnerismo

Claudio Bonadio fue el magistrado que dictó el procesamiento que acorrala a uno de los empresarios más importantes de Argentina.

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Los pagos irregulares al gobierno habrían sido para que el kirchnerismo intervenga ante el chavismo por la empresa Sidor. (Twitter)

El tráfico de influencias del kirchnerismo parece que iba más lejos de las fronteras de Argentina y que llegaba hasta los territorios administrados por gobernantes amigos. Paolo Rocca, CEO de Techint, quedó procesado por el juez federal Claudio Bonadio en la causa que investiga los pagos irregulares que quedaron documentados por el chofer del ministerio de Planificación, Oscar Centeno.

Las coimas de la empresa al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner estarían relacionadas con la política de estatización del chavismo y las amenazas de estatización sobre la empresa Sidor (Siderúrgica del Orinoco). Según la investigación, los funcionarios del gobierno argentino le cobraron altísimas sumas de dinero a las autoridades de Techint a cambio de interceder ante el gobierno venezolano para que no avance sobre la compañía radicada allí.

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Bonadio, por asociación ilícita, pago de coimas y dádivas ya embargó a Rocca por la suma de 4 mil millones de pesos (100 millones de dólares). El procesado se defendió, y en su declaración indagatoria aseguró que no estuvo involucrado en los pagos a los que se le hace referencia. «No autoricé ni estuve en conocimiento de los mismos hasta que surgieron en la prensa en las últimas semanas».

El magistrado también procesó al exjefe de Gabinete de Cristina, Juan Manuel Abal Medina, y a quien fuera su secretario privado, Martín Larraburu. Ambos exfuncionarios habían reconocido que la cartera de Planificación, a cargo del detenido Julio De Vido, les daba dinero en negro para ser utilizado en campañas electorales.

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El escándalo de los cuadernos

Una de las causas más importantes que pone a varios exfuncionarios kirchneristas contra las cuerdas, incluso a Cristina Fernández, se desató por un insólito cabo suelto: una exmujer despechada. Cuando los medios argentinos confirmaron que el segundo de De Vido, Roberto Baratta, comenzó a tener problemas con la justicia, la exmujer de su chofer, Oscar Centeno, se acercó a Tribunales y comenzó a hablar con los periodistas.

Hilda Horovitz fue el hilo conductor para llegar a desentramar los viajes de uno de los autos oficiales del ministerio de Planificación, que podrían haber llevado fortunas de pagos de coimas, incluso al departamento personal de la expresidente en Recoleta. Centeno tenía la costumbre de documentar todos los viajes y las entregas, por lo que varios mencionados en los famosos cuadernos hoy se encuentran en serias dificultades ante la justicia argentina.

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