La muerte de un periodista

Anoche Luis Majul realizó una bochornosa editorial donde dilapidó una exitosa carrera de muchos años

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Más macrista que Macri. Los argumentos de anoche del conductor de La Cornisa ni siquiera se escucharon en boca de los dirigentes del oficialismo. (Fotomontaje PanAm Post)

Anoche el señor Luis Majul mató en cámara y en vivo al periodista Luis Majul. Pero, como hablamos de la misma persona, podríamos decir que Majul se suicidó al aire. ¿El arma? No fue una soga para ahorcarse ni una pistola para volarse la cabeza. Se trató de una editorial. Con la efectividad de la cicuta desde el tiempo de los filósofos griegos, Majul contaminó una trayectoria que, más allá de la opinión de críticos y afines, era una realidad.

En su programa de anoche el conductor de radio, televisión y autor de varios best sellers pasó a engrosar la lista del «periodismo militante», donde se destacan otros grandes que también suicidaron su trayectoria en medio de la vida terrenal, como Víctor Hugo Morales. Periodistas con historia. Periodistas muertos en vida.

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Si algo no ha diferenciado la grieta es el nivel de efectividad con el que varios comunicadores, macristas y kirchneristas, rifaron su prestigio por igual. No importa el bando, cuando Argentina supere esta cuestionable y dudosa antinomia, el periodismo necesitará comenzar de nuevo.

En la segunda editorial del programa de ayer, Majul, con música ideal para generar tensión, puso las imágenes de José Luis Espert, Roberto Lavagna y Juan José Gómez Centurión. El videograf que acompañaba las fotos decía: «Los socios de Cristina Kirchner».

Los tres personajes mencionados son los principales opositores de Macri más lejanos del espectro kirchnerista. Espert representa el liberalismo, Lavagna es un economista desarrollísta y Gómez Centurión lleva la bandera «azul», es decir, la causa en contra del aborto. Según lo que dicen las encuestas, de lo que saquen estos tres candidatos en las primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) y en octubre, Macri cosecharía un mayor número de votos en una eventual segunda vuelta.

Cabe destacar que lo que se va a votar el próximo domingo 11 de agosto en Argentina es una primaria falsa. Es decir, se trata de la instancia donde los frentes deberían, supuestamente, dirimir sus internas y elegir a sus candidatos para las elecciones definitivas. Ni Macri, ni Fernández, ni Espert, ni Lavagna, ni Gómez Centurión, ni tampoco la izquierda (que va en dos frentes separados, por lo que no compiten entre ellos) discutirán sus candidaturas con un oponente interno. Por lo tanto, se trata de una encuesta. La mejor de todas y la más precisa, pero nada más que eso. Una carísima encuesta que le saldrá a los contribuyentes por casi 11 mil millones de pesos (250 millones de dólares aproximadamente).

Por si no quedó claro, el lunes 12 de agosto nadie habrá sido electo y tendremos que esperar a octubre. Solamente quedarán fuera de la contienda los que no superen ahora el mínimo establecido del 1,5 % de los votos.

Si para algo debiera servir esta instancia es, al menos, para hacer oír la voz del electorado sin tener que evaluar los riesgos del denominado «voto útil». Desde la perspectiva antikirchnerista, un argumento podría ser que en las elecciones «reales» habría que votar por el macrismo para evitar el retorno de Cristina, aunque eso también es discutible. Argentina tiene segunda vuelta y ninguna encuesta da por ganador a nadie en primera instancia. Igualmente, al menos ahora en agosto, esa discusión no tiene lugar. Lo único que se puede hacer este fin de semana es votar según los principios de cada uno. Aunque esa debería ser siempre la premisa, ni siquiera hace falta abrir esta discusión en el marco de la primaria falsa.

Como se mencionó anteriormente, es probable que el universo Espert-Lavagna-Gómez Centurión tenga un ADN más antikirchnerista que otra cosa y que en una instancia definitoria Macri pueda capitalizar esta cuestión. Espert es el candidato de los liberales, que aunque están disconformes con el desempeño económico de Cambiemos, al menos en la mayoría coinciden en que el kirchnerismo es más peligroso. Lavagna tiene un público del peronismo moderado y del radicalismo socialdemócrata. Ambos espacios nunca elegirían a Macri en primera instancia, pero lo dudarían si enfrente está Cristina en condición de «mano a mano». El votante «azul» de Gómez Centurión está muy enojado porque sabe que el oficialismo abrió el debate del aborto para distraer a la opinión pública. Pero en el fondo coinciden que con Kirchner desembarca en el poder una mayoría «verde» (prolegalización). Eso los incomoda más que la posición ambigua del Gobierno y su utilización política del tema.

Está claro que el macrismo quisiera contar con esos votos ya mismo y no esperar a una segunda vuelta, ni siquiera a octubre. Pero el argumento a favor de que el electorado renuncie a sus principios, cuando no se elige absolutamente nada, es un tanto incómodo. Majul aceptó esa tarea y se puso al hombro el rol de, como se dice usualmente, ser más papista que el papa.

«Los estudios cuantitativos y cualitativos muestran que el votante kirchnerista va a ir a votar el domingo, sí o sí», resaltó Majul para incentivar al electorado a asistir a las urnas. Para este momento ya era claro que la editorial tenía una finalidad concreta. Para el periodista, si la diferencia es amplia en favor de los Fernández, se generaría una corrida ocasionada por una cuestión de expectativas e incertidumbre que pondría en jaque a la economía argentina. Ante la mirada incómoda de sus panelistas, el conductor de La Cornisa manifestó que si no hay un voto masivo a favor de Macri «sube el dólar, sube la inflación, hay más pobres y hay más malas noticias».

Majul, comprendiendo que estaba haciendo un trabajo cuestionable, en un momento advirtió: «Vos que estás en tu casa del otro lado estarás diciendo: ¿Entonces no puedo votar al que yo quiera? Yo no te digo que vayas a votar a nadie», dijo en el marco de una aclaración que no hacía otra cosa que oscurecer. «Si vos querés darte el lujo de votar a Lavagna porque estás enojado con Macri, tengo otra mala noticia para darte. Estás favoreciendo de manera indirecta a Alberto y Cristina», señaló instantes después de su cuestionable aclaración. «Lo mismo va para vos, que si de tanto verlo en televisión te hiciste fan de Espert y lo querés premiar con tu voto, a la que vas a premiar va a ser a Cristina y a Máximo».

El argumento de Majul es que «la PASO adelantó todo y se convirtió en una primera vuelta real». No hay que ponerse técnico para advertir que esto no es cierto. El actual Gobierno «perdió» con el kirchnerismo la primaria de 2015 por ocho puntos. En octubre volvió a perder por tres y en la segunda vuelta ganó por dos. Aunque Majul dice que la distancia «puede ser irreversible», esto es cuestionable. Ningún antikirchnerista sufragará por los Fernández y tiene otra instancia asegurada (lo más probable es que sean dos) para votar en libertad.

Ni siquiera los dirigentes del oficialismo se animaron a elaborar esta teoría públicamente. Ni siquiera los medios ultrakirchneristas hicieron editoriales semejantes. Ellos le hablaban a los suyos y ahí terminaba la cosa. La editorial de Majul de anoche (minuto 28) fue un intento de manipulación dirigida al electorado independiente, pero fue advertida por el público en general. Antes de que terminara de exponer su visión, ya las redes sociales habían hecho eco del bochorno que se estaba transmitiendo en vivo.

El periodismo absolutamente objetivo puede que sea una quimera, pero lo que es un deber para todo comunicador, esté parado donde esté parado, es la honestidad. El problema de Majul no es que llame a votar por Macri, yo lo hice en 2015 y jamás me arrepentí. La cuestión es la manipulación, la amenaza y la falta de honestidad de sus argumentos.

 

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