El error del burócrata comunista que precipitó la caída del Muro de Berlín

La pared que cobró tantas vidas de alemanes de la "República Democrática" que trataron de escapar hacia el lado occidental, cayó luego de un insólito error de un funcionario de segunda línea

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Muecas del destino… en el momento exacto de la foto se producía el error humano que finalizaría con la caída del Muro de Berlín. (Twitter)

El socialismo, en contra de lo que se cree usualmente, de que funciona en la teoría, pero no en la práctica, tiene una falla teórica insalvable. A pesar de esta idea tan repetida, el sistema que pretende terminar con la propiedad privada está incapacitado para tener cualquier tipo de planificación económica. Y propone la peor planificación: la centralizada. Pero para que se puedan asignar los recursos, como bien advirtió ya en la década del 20 Ludwig von Mises, hacen falta precios. Sin esas señales es imposible cualquier tipo de coordinación. Mucho menos en manos de un ente gubernamental. Pero lo que los comunistas todavía no entienden, a pesar de todos los fracasos a cuestas, es que sin propiedad no hay precios y sin precios no hay posible asignación de recursos. Sin todo esto, la planificación centralizada socialista cae como un castillo de naipes.

Pero este problema teórico insalvable, que mostró exactamente los mismos inconvenientes en Cuba que en la Unión Soviética, en Venezuela que en el Chile de Allende, y en Corea del Norte que en la China comunista, parece no ser suficiente para que deje de insistir en el error más caro de la historia de la humanidad.

Aunque el modelo haya fracasado desde el inicio, y sea cuestión de tiempo para que caiga cada experimento, la necedad de los socialistas sigue cobrando la vida de demasiados inocentes en cada aventura roja. En este sentido, el Muro de Berlín, y el proyecto delirante de la hipócrita «República Democrática» Alemana (RDA), tuvo fecha de vencimiento el día que comenzó su construcción el 13 de agosto de 1961.

Como caen (y caerán) todos los proyectos socialistas, el único misterio que arroja cada nuevo intento es sobre su duración y sus daños. Una vez que el sistema cruje desde adentro, cualquiera puede ser la gota que derrame el vaso del fracaso colectivista.

En el caso puntual del Muro de Berlín, el episodio que precipitó su caída fue un simple error de un burócrata que se enfrentó a la prensa para hacer un anuncio emitido por el Comité Central, pero sin leerlo en su totalidad antes del mano a mano con los periodistas. Ya ante una sociedad que demandaba libertades civiles y con una Unión Soviética en retirada y decadencia, las autoridades de la RDA decidieron flexibilizar las salidas y autorizar los viajes temporarios a la Alemania Occidental. Aunque la mal llamada República Democrática hacía rato que estaba herida de muerte, el Gobierno comunista seguía aferrado al poder y se prestaba solamente a ofrecer algunos cambios para tranquilizar a la población, que de a poco perdía el temor a manifestarse.

Ante corresponsales de todo el mundo, Günter Schabowski fue la voz cantante del régimen para comunicar que los alemanes del Este iban a poder ejercer el derecho humano indiscutible de poder cruzar la frontera. Si bien los periodistas esperaban un anuncio semejante, fue un shock escucharlo de la voz del dirigente comunista.

«Hemos decidido introducir un proyecto de ley que permite que hoy en día todos los ciudadanos puedan viajar fuera de Alemania del Este, sin la presentación de un justificante», dijo Schabowski ante los flashes, que captaban un momento histórico.

Luego de insistir una y otra vez en la voluntad política de permitir los viajes sin la autorización del Gobierno, el periodista italiano Riccardo Ehrman, que cubría el evento para la agencia ANSA, hizo las dos preguntas que voltearon la pared que le arruinó la vida a tantas familias separadas: «¿Cuándo entra en vigor? ¿De inmediato?», dijo decidido con mucho oficio mientras sus colegas seguían sorprendidos por el anuncio.

Schabowski no tenía una respuesta concreta a la pregunta, ya que no había leído en detalle el informe que le dieron las autoridades. Hacia el final del documento, el texto indicaba que la medida sería puesta en vigencia en las próximas jornadas, como para que los guardias fronterizos recibieran las instrucciones necesarias para lidiar con el cambio radical. Inhibido por las cámaras en vivo, el funcionario dudó, titubeó y cometió el error fatal. Contestó «Bueno, la verdad es que no sabría contestarle, pero sí. La decisión es firme y los puestos fronterizos con la Alemania Occidental se abrirán de inmediato. Sí, inmediatamente».

El resultado fue el lógico. Al mismo tiempo, miles de personas fueron hacia los puntos fronterizos a ejercer su derecho anunciado, esa misma noche, y los guardias se encontraron en la disyuntiva de reprimir ferozmente o dejar pasar. Las autoridades, ante la realidad apabullante, dieron la orden de dejar pasar. Fue el 9 de noviembre de 1989. A partir de ahí, la RDA comenzó su agonía, que finalizó oficialmente el 3 de octubre del año siguiente.

Ambos protagonistas de la historia terminaron siendo amigos. En una oportunidad, el periodista italiano comentó que Schabowski le reconoció que se encontró sorprendido y apabullado por el tono de su pregunta: «Nadie se había atrevido a hablarme así antes».

El exfuncionario del Este falleció a los 86 años en 2015. Murió arrepentido de su Gobierno y se refirió a la RDA como «un error». Hacia el final de su vida, terminó apoyando al partido conservador de Angela Merkel, la CDU. El periodista italiano, nacido en Florencia hace 90 años, todavía vive y es, para muchos, el hombre que tiró abajo el Muro de Berlín.

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