España tendrá un vicepresidente que lamenta la caída del Muro de Berlín

Pablo Iglesias de Podemos, o “Unidas Podemos”, cerró un acuerdo con el Partido Socialista y la extrema izquierda formará parte del Gobierno español

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«Una mala noticia»: eso es lo que fue para Iglesias la caída del Muro de Berlín. (Fotomontaje PanAm Post)

Las vueltas del destino a veces tienen giros positivos, pero otras veces todo lo contrario. A 30 años de la caída del Muro de Berlín, o mejor dicho, el Muro de la Vergüenza, el mundo civilizado recuerda con horror una de las páginas más bochornosas del socialismo. La pared que se levantó en el corazón de Europa, y que hoy ya es parte de un pasado bochornoso, no es el recuerdo de mejores momentos en la historia para casi nadie, casi, porque para algunos sí.

Lamentablemente, las opiniones retrógradas y las ideas extremistas, de a poco van ganando espacio en las democracias moderadas que, evidentemente, tienen mucho que mejorar. Un ejemplo de esto fueron las elecciones Turingia donde, recientemente, la extrema izquierda y la extrema derecha sacaron más votos que las fuerzas tradicionales.

Pero a tres décadas de lo que se conoce actualmente como el “Día de la Libertad”, España escribe una triste página en la historia contemporánea. Pablo Iglesias, líder de Podemos (ahora “Unidas Podemos), se convirtió en vicepresidente. Luego de una elección que no arrojó coalición posible para armar gobierno y unos nuevos comicios, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE, de centroizquierda) cerró un acuerdo con los comunistas (dicho en un sentido descriptivo y no peyorativo) de Podemos.

Más allá de las ideas retrógradas en materia económica, las pésimas amistades internacionales (que tienen al chavismo y al kirchnerismo como referentes), el germen autoritario que subyace al discurso superficial del frente izquierdista, es alarmante.

Aunque ahora decida moderar sus posiciones (se verá realmente…) Iglesias y su partido tienen declaraciones de archivo que dejan muy claro sus posiciones y principios. Probablemente la que valga la pena recordar en esta semana tan especial –y no porque no existan otras barbaridades dichas- es la que hizo referencia a la caída del muro.

El hecho que terminó con una división absurda, que arrojó a la vista del mundo los resultados de dos modelos antagónicos, pero por sobre todo, que puso fin a una de las manifestaciones más claras de violación a los Derechos Humanos más básicos, es algo para lamentar, según Iglesias.

Sin importar las vidas destrozadas, los muertos que perecieron queriendo cruzar la pared, o las familias partidas por casi tres décadas, el líder de Podemos se mostró en favor de la existencia del Muro de la Vergüenza. En su visión retorcida de la historia y la economía, el nivel de vida de los trabajadores en occidente no se debió a las tasas de capitalización que brindó la economía de mercado, sino al miedo que los capitalistas le tenían al comunismo.

En el marco de una entrevista muy difundida en redes sociales, Iglesias afirmó, muy impunemente, que la caída del Muro de Berlin “fue una mala noticia para todos”.

Más allá de su ignorancia supina en materia económica (sería interesante preguntarle si los trabajadores occidentales vivían bien por el supuesto miedo al comunismo de los capitalistas, porque estaban peor bajo el comunismo en sí) los dichos de Iglesias revelan un desprecio absoluto por los Derechos Humanos, las libertades básicas y la dignidad humana.

Mucha gente en la socialdemocracia y la izquierda, más allá de sus inconsistencias en materia económica, coinciden que semejantes experiencias históricas deberían ser repudiadas por todos. Aunque el modelo económico que plantean lleve a la construcción de nuevos muros o al colapso, en su ingenuidad o ignorancia, no muestran mala intención. Los referentes como Iglesias, aunque son los más consistentes en aceptar las barbaridades del modelo que defienden, no tienen reparo en reconocer que son liberticidas en potencia.

Está claro, y no hay que ser ningún adivino para advertirlo, que la alianza PSOE-Podemos fracasará. O el nuevo gobierno español permanece moderado, generando la claudicación de los principios del partido de izquierda dura, o el desastre que generará la coalición conseguirá el repudio del electorado, que llevará a la derecha al gobierno muy pronto.

Igualmente, y otra vez, más allá de las cuestiones económicas (que no son más ni menos que el bienestar de las personas) el espectro político general debería comenzar a repudiar el autoritarismo en todas sus formas, y no dejar pasar impunemente comentarios como los de Iglesias.

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