La ignorancia del papa en materia económica llega hasta el cielo

El debate sobre la deuda argentina le dio la oportunidad a Francisco para volver a hacer agua con temas que le exceden por completo

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Alberto Fernández le pidió ayuda con la deuda. Francisco dijo que iba a colaborar. Pero ¿sirve para algo la ayuda del papa a la hora de renegociar con el FMI? (Twitter)

Alberto Fernández necesita ayuda divina para evitar el default de su país. Como el presidente no puede hablar con Dios directamente, se tuvo que conformar con el representante en la Tierra. Como Francisco también es argentino (y para muchos también peronista) Alberto quiso ver si el pontífice podía dar una manito. De esta manera, el mandatario comenzó su gira europea con el Vaticano de donde se llevó una promesa: Bergoglio, con la seguridad con la que otorga un perdón post confesión, le aseguró que lo iba a ayudar con la renegociación de la deuda del país de ambos y el Fondo Monetario Internacional.

El Gobierno celebró la «ayuda», pero claro, los analistas comenzaron a especular sobre las posibilidades en lo concreto de la misma. ¿Se trataba de un proceso de oración en búsqueda de la intervención divina o de presionar políticamente para tratar de conseguir el objetivo?

Si Francisco oró o no para evitar el default del país que lo vio nacer no sabemos. Lo que sí se confirmó que trató de sumar un poroto de su lugar de influencia para que los países miembros del FMI accedan a la contrapropuesta argentina (que todavía no se sabe cuál es).

Esta tarde, en el seminario «Nuevas Formas de Solidaridad», realizado por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales en el Vaticano, Francisco cumplió con su promesa. Ante la titular del FMI, Kristalina Georgieva, y el ministro de Economía argentino, Martín Guzmán, el papa manifestó:

«No se puede pretender que las deudas contraídas sean pagadas con sacrificios insoportables. En estos casos es necesario encontrar modalidades de reducción, dilación o extinción de la deuda compatibles con el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y al progreso».

La titular del FMI se mostró agradecida con el papa por la jornada y calificó como «inspiradoras» sus palabras desde las redes sociales.

Pero más allá del pedido, Francisco no pudo evitar, una vez más, dejar en evidencia su desconocimiento total en materia económica. Luego de hacer referencia a la deuda argentina, sin nombrarla, lógicamente, el papa comenzó a hablar de las «estructuras del pecado». Advirtió sobre la «economía como un fin en sí mismo» y repudió la «idolatría del dinero, la codicia y la especulación».

Sin embargo, el problema de Argentina y su deuda pasa por otro lado. Incluso la misma «idolatría del dinero, la codicia y la especulación», como dice el papa, podrían evitar los problemas de la deuda de su país de origien, que tienen que ver con el Estado descomunal, su imposibilidad de financiarlo y las deudas irresponsables con los organismos internacionales.

Cuando Argentina demostró, al evitar hacer las reformas necesarias, que no iba a poder cumplir con sus obligaciones, los prestamistas privados se retiraron de la escena. En ese momento, Mauricio Macri, en lugar de hacer las modificaciones en el esquema de gasto público que Argentina requería (y requiere), se fue a pedir auxilio al FMI.

Cuando lo que prima es la «especulación» cuestionada por el papa, la solicitud de un préstamo puede ser satisfactoria para ambas partes. Pero esto se da dentro del ámbito privado. La persona que necesita pedir dinero no pide más de lo que especula que podrá devolver luego de conseguir sus fines particulares. Por el otro lado el prestamista otorga el crédito exclusivamente si su especulación indica que podrá recuperar su inversión (prestamo con interés). Nadie quiere perder su empresa o su casa porque pidió plata de más para una maquinaria o unas vacaciones y nadie quiere prestar dinero a un deudor incobrable. Los incentivos, en este caso, suelen llevar a buen puerto.

Ahora, ¿qué pasa cuando el que pide prestado no se hará cargo de pagar la deuda y el que presta no incurrirá en quebrantos si el deudor no honra su compromiso? Lo que pasó entre Argentina y el FMI. No hubo fetiche por el dinero, no hubo especulación ni codicia. Sólo política. Lo que el papa no relaciona con la causa de los problemas.

Christine Lagarde, que le dijo que sí a todo al ministro de Macri, Nicolás Dujovne, ya no está en funciones en el organismo. Claro, tampoco están Mauricio Macri ni Dujovne. Lo que quedó fue la deuda que se utilizó para posponer las reformas que hoy siguen pedientes. Si hubo algo «diabólico» por así decirlo fueron estos incentivos, que hoy complican a los argentinos que menos tienen y más se perjudicarían ante un eventual default.

Si el papa Francisco desea colaborar con su país y con los argentinos más necesitados debería, sobre todas las cosas, quitarse las anteojeras ideológicas que le nublan la vista a la hora de analizar la economía. Ciencia que le vendría muy bien estudiar un poquito más a fondo, porque los milagros… no existen.

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