Las imposibles contradicciones dentro del Gobierno argentino

El Frente de Todos tiene muchas paradojas internas como para sacar al país de la crisis que enfrentará postpandemia

630
Los delitos rurales volvieron a poner a las contradicciones oficialistas en el debate nacional. (Fotomontaje PanAm Post)

Si decimos que el peronismo está lleno de variantes y vertientes de distinta orientación política e ideológica no decimos nada nuevo. Pero como esto es sabido —también lo es— la costumbre justicialista que donde manda capitán, no manda marinero. Cuando le tocó a Perón, manejó Perón. En los noventa el que tuvo la batuta fue Carlos Menem. Después le tocó a Eduardo Duhalde y en los últimos años a Néstor y Cristina Kirchner.

Los que estaban muy incómodos con cada momento en particular, por derecha o por izquierda, abandonaron el paraguas oficialista y todos los que se decidieron por el calorcito del poder hicieron la venia militar al jefe de turno. La encarnación actual justicialista, el Frente de Todos, tiene una problemática particular para el movimiento peronista. Se trata de un rejunte de lo más diverso que pudo doblegar a un Mauricio Macri, golpeado por la economía en las últimas elecciones, pero que carece por completo de rumbo en la actual gestión. La coalición tiene como arquitecta a CFK, pero el presidente es otro y la plana mayor es de lo más diversa.

Una vez que Alberto Fernández pueda solucionar el tema de la deuda (si puede hacerlo) los destinos de la patria son un absoluto y total misterio. ¿Dónde va Argentina? ¿Qué vertiente justicialista marcará el rumbo? Probablemente ni el presidente lo sepa por estas horas.

Los recientes ataques a diversos productores agropecuarios pusieron la lupa en el Gobierno nacional. Mientras el agro está en pie de guerra por los intentos de expropiación de Vicentin, más de un ruralista considera que detrás de los atentados hay gente vinculada al oficialismo.

Las entidades rurales le pidieron a Fernández que las autoridades se expidan con urgencia, condenando e investigando los hechos. El primero que reaccionó fue el diputado Sergio Massa, titular de la Cámara Baja. El legislador, que fue uno de los primeros peronistas en alejarse del kirchnerismo en la etapa previa, fue contundente: “Destruir un silobolsa es destruir el trabajo y por eso presentamos un proyecto de ley para castigar el vandalismo rural”.

Su espacio presentó un texto donde busca penar con hasta 10 años de prisión a las personas que sean responsables por ataques como los que se vieron en las últimas horas.

«El Código Penal vigente, en esta temática, presenta una doble falencia que es necesario salvar. Por un lado, existe una laguna regulatoria sobre estas prácticas vandálicas como delito contra la propiedad y, por otro lado, algunas protecciones estaban incorporadas como modalidades de estrago con el yerro, a nuestro juicio, de preverlas como delitos contra la seguridad pública», dice el proyecto en sus fundamentos.

Pero si alguien se emociona con las palabras de Massa, y su proyecto supuestamente respetuoso de la propiedad privada, debería recordar que su iniciativa no es compartida ni siquiera por el oficialismo en su conjunto. Hace menos de un año, Hebe de Bonafini de Madres de Plaza de Mayo y referente moral de la vicepresidente, llamó a incendiar «los campos de los ricos», con excusas ambientalistas. Lo cierto es que el kirchnerismo duro está mucho más cerca de Bonafini que de Massa.

Hoy Fernández tiene la negociación de la deuda como objetivo primordial casi único. Solucionado el problema, él sabe que tiene que elegir un camino. La discusión se dará en el seno del mismo oficialismo. Esperemos que esta vez el peronismo no resuelva su interna a los tiros como ya lo hizo en el pasado.

 

Suscríbase gratis a nuestro boletín diario
Suscríbase aquí a nuestro boletín diario y nunca se pierda otra noticia
Puede salirse de la lista de suscriptores en cualquier momento

Boletín electrónico

¡Recibe lo último de PanAm Post por correo electrónico!

Nunca compartiremos tu correo electrónico con nadie.