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Rafael Correa y su eterna obsesión por el monopolio de la información

Por: María Aguilar - Sep 8, 2015, 10:00 am

EnglishEn la reciente tragedia de Tianjin, el Gobierno chino tuvo más temor a la prensa que a las explosiones. Por ello, desplegó todo su aparato, tanto de propaganda como de censura, para disfrazar la realidad de los hechos ante los ojos de la opinión pública, en nombre de la “estabilidad”.

 El presidente de Ecuador, Rafael Correa, no acepta oposición política ni posiciones adversas; mucho menos la libertad de expresión. (Ecuavisa)

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, no acepta oposición política ni posiciones adversas; mucho menos la libertad de expresión. (Ecuavisa)

Así también, el presidente Rafael Correa, ante las erupciones del volcán Cotopaxi, decretó Estado de Excepción, estableciendo formalmente la censura previa, tanto a la prensa independiente como a las redes sociales, bajo el pretexto de evitar la difusión de “rumores y garantizar la seguridad”. Así, monopolizó el derecho a la información de la ciudadanía, que solo podrá tener noticias sobre la situación del volcán a través de boletines emitidos por el Ministerio Coordinador de Seguridad.

Sin embargo, esta censura no pudo abarcar a los diarios internacionales, quienes una vez más develaron cuál es el teatro de la dictadura de Correa, y su coreografía tras bastidores.

El diario francés Le Monde publicó el 18 de agosto un artículo de Sylvie Brunel en el cual califica de “catástrofe útil” a la erupción del volcán Cotopaxi, pues la declaración del Estado de Excepción por parte del presidente Correa suspende los derechos constitucionales y la libertad de prensa, “en nombre de la seguridad del Estado”, justo en el momento en que varios sectores de la sociedad civil realizaban una ola de protestas contra su Gobierno.

No obstante, en otro artículo de Le Monde publicado el 19 de agosto titulado “La arbitrariedad debe dejar de reinar en Ecuador”, Didier Fassin hace referencia a la brutal detención durante estas protestas a los líderes Salvador Quishpe, prefecto de la provincia de Zamora; y Carlos Pérez Guartambel, presidente de la organización Ecuarunari, así como la detención arbitraria y revocación de la visa sin justificación legal a Manuela Picq, periodista franco–brasileña y profesora de relaciones internacionales en la Universidad San Francisco de Quito.

Paralelamente, el diario inglés The Guardian reportó sobre la brutal represión que se llevó a cabo en Quito durante las protestas, en tanto que el presidente Correa cantaba a pocas cuadras. Además, dio a conocer el violento operativo policial en Saraguro, provincia de Loja, que dejó varios heridos y personas arrestadas sin que hubieran cometido delito alguno. Irónicamente, un Gobierno cuyo slogan es “Ecuador ama la vida”, no respetó a los ancianos y niños, ni tampoco a las mujeres que fueron arrastradas y despojadas de sus ropas tradicionales.
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Mientras tanto, The Economist, en uno de sus titulares planteaba la interrogante de que si Ecuador se convertiría en la Grecia de América Latina.

Como ya es habitual en el patrón de respuesta de Correa, el mandatario utilizó la negación, victimización y descalificación como argumentos durante su programa Enlace Ciudadano, para arremeter contra estos diarios, calificándolos como mentirosos, invitándolos a afiliarse al movimiento indígena, e inclusive acusándolos de ser parte de una campaña de desprestigio para afectar a Ecuador. Esto desencadenó toda una guerra virtual vía redes sociales en contra estos medios, pues Correa incitó a sus seguidores a que se unieran en esta cruzada. En su cuenta Twitter, entre otras cosas, les pidió a estos diarios “que hagan algo de investigación, o llamen por lo menos”.

Efectivamente, la prensa internacional debe tener presente que la única información que puede salir hoy del país es la que imparte Rafael Correa, pues la realidad oficialmente autorizada es la que proporciona su Secretaria de Comunicación (SECOM), encargada de la liturgia política y de promover el culto de la personalidad hacia el primer mandatario. El rango de credibilidad, la eficacia de gestión de su Gobierno y su respectivo destino, dependen de la información que circule y de la forma en que los hechos puedan ser oportunamente distorsionados, manipulados, y de lo que puedan omitir en función de la misma.

Para una muestra está la carta del embajador de Ecuador en Londres a The Guardian. Cabe destacar que en estos tiempos de “revolución ciudadana”, el embajador ha quedado reducido a una simple caja de resonancia del clásico libreto de distorsiones de la presidencia. En este comunicado, enfatiza que el derecho a la protesta está garantizado en el Ecuador, que el Gobierno tiene total respaldo popular, pues ha ganado 10 elecciones consecutivas y que los sectores que protestan son aquellos que han perdido sus privilegios.

Correa ha perdido totalmente el principio de realidad. En su distorsión atribuye que la cantidad tiene más importancia que los hechos, y que mientras más tuits o reclamos vía Facebook envíe junto con sus simpatizantes contratados, se puede oscurecer los sucesos del día a día del acontecer nacional, pues para el presidente la verdad es precisamente lo que menos importa, mientras pueda revestir con algo de legitimidad ante la opinión pública internacional sus abusos y el inexistente Estado de Derecho en el Ecuador.

Correa anhela aislarnos del resto del mundo secuestrando la información, amordazando a los medios y redes sociales, utilizando leyes restrictivas, miedo e intimidación para que la otra cara del “milagro ecuatoriano” no sea divulgada. Como todo dictador, repudia las libertades individuales, es intolerante a la oposición política y la diversidad de opinión.

Correa despilfarró USD $2,99 millones del presupuesto del Estado para transmitir el comercial “All you need is Ecuador” en el Super Bowl y así promocionar turísticamente al Ecuador, pero infelizmente, hoy son más elocuentes sus atropellos en contra de la libertad y la dignidad de los ecuatorianos.

María Aguilar

María Aguilar es ecuatoriana, psicóloga clínica y miembro honorario del Colegio de Psicólogos del Perú. Es conferencista internacional sobre temas de Psicología Cognitiva Conductual. Síguela en su blog y en Twitter @mariadlpilarag.