El nacionalismo catalán: el cáncer de España aún en coronavirus

Está claro que todo vale para avanzar en el proyecto secesionista

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Un 69,6 % de la población se reconoce a la vez española y catalana en mayor o menor medida, frente a un 20,1 % que dice sentirse únicamente catalán. (Pixabay)

La deriva violenta, excluyente y supremacista que el nacionalismo de Catalunya ha venido exhibiendo en los últimos años, nos trae de vuelta en Europa a las viejas ideologías que tanto sufrimiento y destrucción nos dejaron el siglo pasado. El informe de 2019 sobre Violencia e incumplimiento de la Ley en el proceso separatista, publicado por la asociación Catalunya Somos Todos, da buena cuenta de esta tendencia. Si se compara con los informes de los años anteriores, puede observarse el incremento de los casos de coacción, incitación al odio y deslealtad, inducidos desde las propias instituciones autonómicas regidas por partidos nacionalistas (también conocidos como separatistas) que gobiernan en contra de más de la mitad de los catalanes¹.

La dramática situación que se vive en España desde el brote del COVID-19 y su estallido el pasado mes de marzo, siendo el país con mayor tasa de sanitarios contagiados del mundo y el cuarto en número de muertos por millón de habitantes (cerca de 27 000), no ha supuesto un freno para que el nacionalismo catalán intente sacar partido de las circunstancias, con el fin de avanzar en sus planes separatistas con mensajes ruines, jugando al victimismo y poniendo por delante la ideología sobre el bien común de las personas a través del activismo en redes sociales, la manipulación mediática y la obstaculización de las ayudas ofrecidas por las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil. Todo ello acompañado además por una estrategia de oposición a las medidas que el Gobierno central iba adoptando frente a la crisis.

Aunque parezca increíble, la eurodiputada del partido Junts per Catalunya arrancó una de las primeras polémicas con un sarcástico tuit referido al elevadísimo número de muertes que la Comunidad de Madrid estaba padeciendo: “de Madrid al Cielo”. Al expresidente fugado Puigdemont le faltó tiempo para ¡retuitearlo!

El concejal de la CUP (movimiento nacionalista de extrema izquierda) Joan Coma, dedicaba este mensaje a las primeras unidades militares que en el mes de marzo acudían a Catalunya para apoyar en las tareas de desinfección: “Si vemos al Ejército, abracémosles fuerte tosiéndoles en la cara. Igual así se van y no vuelven más”.

A su vez, la Consejería de Sanidad de la Generalitat (Gobierno regional de Catalunya) impidió la utilización de un hospital de campaña en la localidad de Sant Andreu de la Barca, el cual se había montado a requerimiento del Ayuntamiento con el apoyo de la Guardia Civil, la colaboración de la ONG Médicos sin Fronteras y el aval de la Organización Mundial de la Salud.

También en Sabadell, una ciudad con 211 000 habitantes y de las más golpeadas por el coronavirus, la Generalitat de nuevo puso trabas al trabajo del Ejército (en colaboración con el Ayuntamiento) en el montaje de un hospital de campaña, por tener un aspecto “demasiado militar”, retrasando su puesta en funcionamiento hasta que las tiendas de campaña no pudieron ser sustituidas por paneles.

El presidente de la Generalitat obvió en su agradecimiento institucional al Cuerpo de Bomberos y a los militares que participaron codo con codo para montar la instalación sanitaria en un tiempo récord.

Ambos casos de Sabadell y Sant Andreu de la Barca están siendo investigados por el Juzgado de Instrucción número 5 de Martorell.

Además, la Generalitat bloqueó el auxilio de la Unidad Militar de Emergencias en tareas de desinfección de 40 residencias geriátricas. Cabe recordar que solo en Catalunya el número de personas mayores fallecidas por el COVID-19 se acercan a las 3 000.

La estrategia de victimismo seguida por los líderes del nacionalismo ha llegado a situaciones tan absurdas como la del President de la Generalitat ofreciendo una entrevista a la BBC, en la que criticaba ante el mundo la ausencia de medidas de confinamiento en España, en un momento en el que España ya llevaba una semana en estado de alarma o el envío de cartas a líderes de la Unión Europea criticando la acción del Gobierno y solicitando el confinamiento de Catalunya, en una muestra de deslealtad institucional en los momentos más difíciles.

No se queda atrás la queja del Consejero de Interior de la Generalitat, por considerar una provocación el envío por el Gobierno de 1 714 000 mascarillas, cifra que corresponde al porcentaje de reparto por las comunidades autónomas en relación con su número de habitantes y que sus cifras coincidían con la fecha de 1714, año de referencia del imaginario nacionalista en el que considera se perdieron las libertades de Catalunya.

Está claro que todo vale para avanzar en el proyecto secesionista. Servirse de un drama sanitario y económico de alcance global y apoyarse de los indudables errores cometidos por el Gobierno central para transformar el anterior “Espanya ens roba” en el nuevo “Espanya ens mata”, como se puede extraer de las declaraciones de la portavoz de la Generalitat Meritxell Budó, afirmando el pasado 20 de abril que “con la independencia habríamos actuado antes y no tendríamos tantos muertos ni tantos infectados”. No fue la última. El 22 de abril el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona Joan Canadell afirmaba en Twitter que “España es paro y muerte” mientras que Catalunya es “vida y futuro”. No hay límites… ¿Quién es el siguiente? Y ¿por qué el Gobierno de España no hace nada al respecto?


¹El independentismo jamás ha pasado la barrera del 47 % en ningún proceso electoral de la región, incluidos los dos recientes de 2015 y 2017. Por otra parte, el Centro d’Estudis d’Opinió (CEO), organismo oficial de investigaciones sociológicas de la Generalitat, publicaba el pasado mes de septiembre una encuesta sobre sensibilidad de la población de Catalunya en la que un 69,6 % de la población se reconoce a la vez española y catalana en mayor o menor medida, frente a un 20,1 % que dice sentirse únicamente catalán.


Este articulo se elaboró en conjunto con la fundación Catalunya Somos Todos.

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