Ecuador saliendo, Venezuela hundiéndose

Se trata de un bloque unitario en torno a estrategias políticas, no meramente electorales

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Foto de Maurizio Costanzo, Flickr

Febrero 2018 nos trae una noticia buena y otra mala para el panorama político sudamericano actual. La buena es Ecuador que dio un paso clave para salir de la farsa del neo-comunismo del siglo XXI; la mala es Venezuela que dio un paso fundamental más en su hundimiento en ese pantano.

No obstante, en la nueva situación, tanto a los sectores opositores de ambos países como a los actores regionales y de todo el hemisferio, se le presentan interesantes oportunidades para el avance hacia una democracia representativa y liberal.

El caso ecuatoriano es el más fácil y evidente para ese avance. El actual presidente Lenin Moreno, que viene de las filas del correísmo, ha decidido tomar otro rumbo y se ha separado de Rafael Correa y de la llamada Revolución Ciudadana, que en una década de gobierno se convirtió en otra de las dictaduras populistas lideradas por la izquierda castrochavista.

De tal forma, entre otros pasos, Moreno se alió con diversos líderes y partidos de la oposición de su país—los de izquierda, centro y derecha—y convocó a una consulta popular que, el pasado 4 de febrero, revirtió algunas de las reformas constitucionales que había  hecho su antecesor. En particular, la de la reelección indefinida con la que Correa buscaba perennizarse en el poder.

Eso es muy bueno, sin duda. Pero no suficiente. Lenin Moreno, pese a ese distanciamiento con el correísmo y sus medidas democratizadoras, continúa siendo un hombre de  ideas y creencias de izquierda,  un reformista del modelo populista socialista que lo que busca es un cambio de forma y estilo, no de fondo, estructural.  Por ello no ha realizado todas las reformas a la Constitución necesarias para desmantelar totalmente el régimen correísta y a la vez alcanzar un modelo democrático liberal.

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La nefasta ley de Comunicación, para solo citar un ejemplo, continúa. Moreno ha aceptado que debe reformarse pero no cambiarse.  Esta ley, es de recordar,  sirvió para que el anterior gobierno no sólo censurara y persiguiera a periodistas y medios de comunicación independientes, sino también para crear un sistema comunicacional y propagandístico estatal sin precedentes.

Pues si el presidente Moreno, ahora con el partido Alianza País en sus manos,  no cambia en profundidad y demuestra que lo que está haciendo es simplemente salir del correísmo para entrar en el “morenismo”,  la oposición ecuatoriana  debe aprovechar la oportunidad  que tiene en sus manos de seguir en la verdadera lucha democrática.

Por supuesto, no toda la oposición va a ver esa oportunidad. Una buena parte de los sectores políticos y sociales ecuatorianos son aun populistas, sean de izquierda o derecha. Pero sí hay una que ve y puede y de hecho ya está actuando en favor de  este momento propicio. Es la liderada por Guillermo Lasso del Movimiento CREO, quien ha sido candidato presidencial en dos oportunidades y que viene luchando por la eliminación del populismo de cualquier signo y por una democracia real en Ecuador.  

Al contrario de Ecuador, Venezuela presente un momento difícil y confuso para el avance democrático. Es obvio que el gobierno ya cerró todas las puertas posibles y que su “huida hacia adelante”, hacia el totalitarismo comunista al estilo cubano no tiene retroceso. Esta convocatoria adelantada e ilegal de unas elecciones presidenciales para el próximo 22 de abril y sin dar ninguna de las concesiones solicitadas por la oposición que fue al dialogo de Santo Domingo,  fue su último portazo.

Pese a ello, la oposición venezolana tiene oportunidad para lograr una salida democrática. Hoy más que nunca las circunstancias domésticas e internacionales le son provechosas. Lo han repetido los expertos hasta el cansancio. Con una situación hiperinflacionaria y de estancamiento económico tan fuerte; con una crisis social y humanitaria tan profunda que ha producido un enorme  descontento y una emigración masiva; y con una presión internacional que podría llegar a un aislamiento sin antecedentes, al madurismo le va a ser tremendamente difícil  gobernar y mantenerse en el tiempo.

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Cierto, el régimen tiene bajo su control casi absoluto la institucionalidad del Estado  y el dominio de la sociedad civil, además de armas y el apoyo mayoritario del sector militar. También tiene el gran respaldo de Cuba, Rusia, China, Irán, entre otros gobiernos, y de grupos como las FARC, el ELN y Hezbolá. Todo ellos lo han apuntalado hasta ahora.

Pero, ¿en un momento como el presente y el que se le viene encima este año, hasta qué punto esos factores podrán salvarlo?  Las instituciones y poderes públicos en sus manos están debilitados y divididos, incluido el militar. Su nuevo partido “Somos Venezuela” nace escindido y en confrontación solapada con muchos dirigentes y seguidores del PSUV y del chavismo.  Los gobiernos y grupos extranjeros que lo sustentan dependen de imponderables de la geopolítica internacional. Por ejemplo, si los EE.UU ejerce todo su poder, sólo o en compañía de otros, hay algunos actores que tendrán que retroceder o mantenerse neutrales por intereses nacionales y de otro tipo.

En fin, existe una oportunidad de salida democrática. Más aún habiendo la MUD demostrado de todas las formas posibles que el gobierno no quiere dialogo, ni elecciones democráticas, ni salir del poder dictatorial.

Pero la misma pasa por una nueva reestructuración de la unidad democrática que responda a la actual etapa de lucha  y que como lo han solicitado hasta los curas, que incluya actores no solo políticos sino de la sociedad civil en general. Se trata de un bloque unitario en torno a estrategias políticas, no meramente electorales, y un liderazgo para la resistencia y la defensa democrática. No hay otra forma. Y se espera que esta unidad opositora se logre de inmediato porque las oportunidades también pasan.     

 

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