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Solo el crecimiento económico permite un gasto público responsable

Por: Mariela Palma Cambronero - Dic 8, 2014, 8:43 am

EnglishLo que realmente importa para tener mayor recaudación tributaria es que el país tenga crecimiento. Si lo que se quiere es aumentar los ingresos fiscales, lo que debería buscarse es hacer crecer a la economía y no recaudar más de una economía estancada, ya que llegado a un punto los mayores controles impositivos terminan en una menor recaudación.

Subir los impuestos afecta el empleo, desincentiva el emprendimiento, aumenta el costo de los bienes y servicios, directa o indirectamente; lo lógico es que en el mediano plazo la recaudación disminuya.

El sistema tributario debe ser con pocos impuestos, eficientes y neutros, no miles que entorpecen su misma recaudación. Impuestos que, como el flat tax, no afecten seriamente el desarrollo de las exportaciones, ni el ahorro, ni la inversión —acompañados de austeridad estatal, reduciendo el gasto y colaborando con un ordenamiento institucional.

La discrecionalidad con la que el Gobierno de Costa Rica ha tomado decisiones sesgadas, a raíz de la falta de tecnicismo y el exceso de manipulación por los grupos de presión y en detrimento de las necesidades inmediatas, ha perjudicado al generar un clima de incertidumbre que tendrá como consecuencia que muchas decisiones de negocios, emprendimientos e inversiones, se pierdan o dejen de llevarse a cabo.

Muchas de estas actitudes ya han ahuyentado la inversión extranjera directa de Costa Rica y en poco tiempo podremos ver las consecuencias en los índices de desempleo, competitividad e ingreso.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Costa Rica disminuyó un 21% la inversión extranjera directa en el primer semestre de este año.

El problema tiene entonces mayor complejidad, porque para financiar las nuevas inversiones el país debe hacer un esfuerzo impresionante en materia de ahorro interno o bien endeudarse, que parece ser la medida que ha elegido el Gobierno, con todos los riesgos que esa decisión conlleva.

Una deuda externa sobredimensionada termina comprometiendo la soberanía nacional en medida mucho mayor que la inversión extranjera directa. Por esto el ser tan insistentes en que el gasto público debe ser acorde con el nivel de ingreso.

Si se quiere recaudar más el camino es el opuesto, elaborar normas claras, precisas y libres de interpretaciones discrecionales que fomenten y no ahoguen el crecimiento y el progreso. A los hombres les han enseñado que la mayor virtud no es crear, sino dar. Pero no se puede dar lo que no ha sido creado.

A pesar de las consignas que utilicen el presidente Luis Guillermo Solís y sus partidarios sobre sus esfuerzos en la lucha contra la pobreza y en busca de la igualdad, todo apunta a que nos harán a todos más pobres y en especial a los más desfavorecidos, que son quienes terminan sufriendo en mayor medida la desestabilización macroeconómica.

Editado por Daniel Duarte