El Che era “sanguinario y homofóbico”: entrevista a Fabián Sanabria

Sanabria es candidato a ocupar el cargo de rector de la Universidad Nacional de Colombia, una de las instituciones públicas más importantes del país.

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“No me parece muy interesante que la imagen de alguien que no es egresado de la universidad, que es completamente foráneo, esté en la plaza principal y esta se bautice clandestinamente con su nombre”. (Fabián Sanabria)

El próximo 15 de marzo la comunidad académica de la Universidad Nacional (UNAL) de Colombia, seleccionará a los candidatos favoritos para que ocupen el cargo de rector. Y el 22 de marzo el Consejo Superior Universitario decidirá finalmente quién será el remplazo de Ignacio Mantilla.

La UNAL es una de las universidades públicas más importantes de Colombia y está ubicada como la 8 mejor de Latinoamérica. Sin embargo, ha enfrentado problemas relacionados con su infraestructura, debido a que varias de sus facultades se caen, literalmente, a pedazos.

Para hablar del tema y de su candidatura a la rectoría de la UNAL el PanAm Post entrevistó a Fabián Sanabria, candidato a rector, quien considera que parte de los problemas de la UN están relacionados con la reducción en la participación de recurso por parte del Estado y con la gran burocracia existente en la institución.

Sanabria también se ha manifestado en contra la izquierda más radical de la universidad, porque esta “no han salido de su concha”. Además, ha afirmado estar en desacuerdo con que un homofóbico y racista sea utilizado como emblema de la UNAL, haciendo referencia al Che Guevara (lo que no le ha agradado a los más radicales de la universidad). Sin embargo, señala que comprende que para la izquierda el Che es símbolo en contra de los crímenes del Estado colombiano y que si fuera rector no borraría su imagen del Auditorio León de Greiff.

Fabián Sanabria es doctor en sociología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, magíster en antropología y sociología de lo político de la Universite de Paris 8 y antropólogo de la UNAL. Fue director del departamento de sociología UN y decano de la facultad de ciencias humanas de esta misma universidad. También fue director general del Instituto Colombiano de Antropología e Historia y comisario general del año Colombia-Francia 2017

Usted comenzó su campaña para ser rector con el eslogan Izquierda torcida, derecha chocada. ¿Es algún tipo de crítica a la política al interior de la UNAL?

En realidad, nuestra consigna es un Alma Mater Más Incluyente, y, gracias a un ejercicio de creación colectiva, descubrimos un saludo que representa corporalmente la cinta de Moëbius —que es nuestro símbolo—, en donde con las manos resulta: izquierda torcida, derecha chocada. Porque cuando usted saluda a una persona normalmente le tiende la derecha, pero si luego le da la izquierda, está formando la cinta de Moëbius. En ese ejercicio la torsión es fundamental, porque implica estar adentro y afuera, ser lo uno y lo otro al mismo tiempo, aunque las sobreinterpretaciones ideológicas quedan para el lector y el analista.

Durante años se ha afirmado que no importa quiénes sean los favoritos de los estudiantes, porque, al final, el Consejo Superior Universitario toma la decisión que al Gobierno de turno más le agrade. ¿Cree que esto va a cambiar en estas elecciones?

Esa no es una interpretación tan justa. Los primeros 40 rectores fueron designados por el presidente de la república. Antanas Mockus fue designado por César Gaviria Trujillo. Fue en el Gobierno de Antanas cuando se decidió consultarle a la comunidad académica. No es una votación directa, es una consulta, y cuando se presentó el profesor Víctor Manuel Moncayo fue elegido por el Gobierno, de acuerdo con los resultados que obtuvo en la consulta, tanto la primera vez como en su reelección. En la historia de la universidad es un episodio complejo muy reciente, y fue después del profesor Páramo que se empezó a recoger firmas para proponerle nombres al Concejo Superior. Con Moncayo se ratificó la idea de consulta y él se la ganó dos veces y ambas fue designado rector. Después designaron a Marco Palacios, luego vino Moisés Wasserman y posteriormente Ignacio Mantilla, los dos en periodos repetidos.

Los candidatos que les compitieron a estos últimos, avalados por un movimiento de izquierda fundamentalmente, y que ganaron la consulta, no fueron designados rectores. Y la frase de por qué no fueron designados se la dijo claramente Fernando Sánchez Torres al médico Mario Hernández, cuando este se presentó la vez pasada: “Sabemos que ganaste la consulta, pero no quisiéramos quedar presos del movimiento que te representa”.

El problema es que, indudablemente, hay que decirlo, las universidades públicas, y algunas privadas, en sus concejos académicos y superiores universitarios han sido fortín electoral de algunos senadores que han hecho excelente trabajo de crítica al Gobierno de turno, pero que tienen ahí su clientela electoral. Al punto de que cuando se da la consulta, primero vota el 10 % de la comunidad académica, y de ese porcentaje evidentemente un amplio número es el de la izquierda, que recientemente gana esa consulta. Pero debo señalar que parte de la izquierda hoy está “torcida”, y no tiene candidato oficial para la rectoría. No se pusieron de acuerdo. Y yo no sé por qué razón no avalaron al profesor Alejo Vargas, quien tenía opción de poder. Indudablemente el presidente Santos lo hubiera puesto, porque son amigos.

Esto le da paso a mí siguiente pregunta. ¿Por qué cree que las universidades públicas en Latinoamérica son el nicho preferido de la izquierda para conseguir militantes?

Bueno, no solamente las públicas, las privadas también tienen representantes estudiantiles de izquierda, comandados por un excelente senador, y militante del MOIR, que es una persona muy capaz, manizalita, muy culto, a quien conocí en la casa de Mercedes Araujo, en El Barrio Santana, y que hoy está aliado con Sergio Fajardo.

Sí, pero la mayoría de los militantes de izquierda salen de las públicas.

Pues obviamente porque hay inconformidad. Eso no es una novedad. Tampoco es una novedad que a la universidad también la alimenta el pensamiento crítico. Y esto es muy importante. Yo no estoy menospreciando esa realidad. Al contrario, me parece muy importante que haya crítica. Pero algo que sí les debo decir a los militantes del pensamiento crítico, es que les falta ser consistentes con su pensamiento, porque un pensamiento crítico que no es autocrítico, no es crítico. Entonces, tiene que haber una autocrítica. Y hay un elemento fundamental: el establecimiento está harto de los que critican y critican; o, dicho en lenguaje popular, joden y joden y nunca proponen nada. No hay una cosa propositiva realista, solo transformar el modelo económico. Es de un irrealismo fantástico, para no comprometerse. Modelos ideales solo existen en el delirio. Existen como modelos, pero en la realidad no.

El pensamiento crítico tiene que ser creativo y propositivo y el pueblo unido jamás será vencido está ya recontravencido con esa consigna. Además, hay que decirle unas verdades a una izquierda militante que no ha salido de su concha, que no ha salido de su torre de marfil, que no conoce el mundo, que no sabe cómo funciona. Y en esa medida tenemos ejemplos en el mundo como el de Emmanuel Macron, que pulverizó a la derecha extrema y a la izquierda extrema, porque ninguna opción servía.

Siguiendo con esta línea, usted ha cuestionado que la UNAL tenga como emblema la imagen del Che Guevara, debido a su carácter homofóbico, racista y amante de la muerte, pero ha dicho que no borraría la imagen del Auditorio León de Greiff si usted llega a ser rector. ¿Por qué no la haría?

Debo decir que no estoy de acuerdo con que sea el único “dios en el Panteón de la UN”. Eso me parece excesivo. Hay que ser politeísta. Hay que ser pagano. Yo sueño con un Camilo Torres que en vez del fusil esté fumando pipa… Eso le dolería a la mamertería. (Dicho sea de paso, aclaro de dónde viene el castizo mamerto: viene de los rigobertos, robertos y egbertos del Partido Comunista que jodían y jodían y nunca propusieron nada. Ese es el problema de la mamertería… Pero yo quiero a la mamertería, porque dentro de ella hay gente bella. Y la belleza sí me tumba completamente. Si yo me encuentro con un mamerto bello, eso para mí es el amor puro. Trato de reconocer belleza donde, a primera vista, no se reconoce).

Cierro ese paréntesis y vuelvo. No me parece muy interesante que la imagen de alguien que no es egresado de la universidad, que es completamente foráneo, esté en la plaza principal y esta se bautice clandestinamente con su nombre. Sin embargo, reconozco que lo que la gente venera de esa imagen del Che en la Plaza Santander, que alberga la biblioteca García Márquez y el auditorio León de Greiff, no es tanto al Che, sino a la imagen del Che que se pintó como un signo contra aquellas víctimas del terrorismo de Estado. Y eso sí tiene un gran sentido para la universidad. Además, debo reconocer que era un personaje sanguinario y homofóbico (fue uno de los primeros personajes que mandó homosexuales a Sierra Maestra. Fue uno de los primeros que creó campos de concentración para homosexuales. Él creía que con el trabajo los hombres se liberaban. Un poco como hacen los pentecostalistas, que con ejercicios espirituales dizque “curan” la homosexualidad, aunque sigan siendo muy locas quienes se “curan”).

Pero en fin, a mí el Che me parece un tipo muy bello. Y lo defiendo estéticamente. Yo me enamoraría de un homofóbico y hasta de un terrorista, no tengo miedo a decirlo. Así como me puedo enamorar de un tunecino, o argelino sospechoso de radicalsmo, trato, evidentemente, que no sea terrorista. Pero es un prototipo de belleza que me atrae muchísimo y la del Che me atrae y lo defiendo por esas dos razones: por lo que representa esa imagen para la izquierda, para no olvidar a las víctimas del Estado colombiano, y por lo hermoso que es.

Pero al lado de él está Jaime Garzón, que con su riza lo ironiza y habría que poner a León de Greiff con un epígrafe que diga: “Yo imagino un País, un borroso, un brumoso País, un encantado, un feérico País —del que yo fuese ciudadano—”. Podemos poner otros dioses y, si se quiere, también a Superman y a la Mujer Maravilla para que se indignen más los que únicamente quieren creer en un solo dios.

¿No es irónico que el Auditorio León de Greiff no tenga la imagen de León de Greiff y sí la del Che?

Por supuesto que es irónico.

¿No es irónico también que el Che sea un emblema para no olvidar a las víctimas del terrorismo de Estado cuando en Cuba él hizo exactamente lo mismo?

Sí. Por eso la risa de Jaime Garzón es tan importante, que lo mira riéndose. Eso me fascina. Es irónico, pero es que la historia está llena de ironías. Y todo eso forma parte del patrimonio de la universidad. Por eso no lo borro y defiendo que esté ahí, pero al lado de otros dioses. Esa es mi posición. Además, tiene una cara hermosa el condenado Che, y yo me derrito ante cierta belleza viril y no tengo miedo, pues no soy un candidato de closet.

Y como no soy candidato de closet de una administración, ni de unos exrectores que representan también sus intereses, digo las cosas como las siento y punto. Aunque también he trabajado con el Gobierno nacional, y sé que me conocen a fondo. Fui el comisario general del año Colombia-Francia. El presidente Santos me conoce y sabe que soy fregado. Que soy incorrecto. Entonces si me nombra rector para su sucesor sabrá a qué atenerse, reconociendo que la universidad conmigo vuela…

Uno de los nueve candidatos a ocupar el cargo de rector de la UNAL es Jorge Hernán Cárdenas, hermano del actual ministro de Hacienda. Y el Gobierno tiene cinco delegados en el Consejo. ¿Usted cree que puede dar la pelea o es seguro que llega Cárdenas?

Yo estoy aquí porque estoy seguro de que puedo dar la pelea. Además, tengo las mejores relaciones con Cárdenas. La vez pasada que competí con él todo el mundo decía: como es el hermano del ministro lo van a poner. No. Él es un señor, un académico. Fue vicerrector en tiempos de Antanas. Es un tipo muy interesante y humanamente inigualable. Y yo no tengo ningún problema y estoy compitiendo con él. Y justamente me lancé esta vez porque siento que la rectoría no está arreglada. La vez pasada la reelección de Mantilla estaba cantada.

Un tema espinoso para los rectores de las universidades públicas es el programa Ser Pilo Paga. Muchos de ellos, afirman que esa es una forma de subsidiar a las universidades privadas. Sin embargo, este programa ha ayudado a cerrar las brechas en cuestión de educación entre los jóvenes colombianos. ¿Cuál es su postura frente a Ser Pilo?

Ahí están las dos razones. Yo no soy tan radical como Julián de Zubiría, profesor de los Andes, donde también trabaja Roberto Zarama, quien se inventó el programa cuando era asesor de la exministra de Educación Gina Parody. Julián le ha dicho muchas verdades a Roberto y Roberto le ha cuestionado su vehemencia a Julián. Este, en el último programa de Semana en Vivo, propuso que todos los pilos vayan a la pública. Yo no soy tan radical como él. También le corresponde a la pública seducir pilos para que vengan a ella. Porque tenemos una muy mala fama.

Pero del mismo modo, por razones de equidad, sí le corresponde al Gobierno darse cuenta de los programas que tiene la UNAL, por ejemplo, el PEAMA y el PAES, programas de admisión especial para jóvenes de municipios pobres o para jóvenes pilísimos que entran por nuestras sedes de frontera y luego vienen a las sedes andinas. Es decir, desde mucho antes de que existiera Ser Pilo Paga, la UNAL tiene estos programas. Nosotros podríamos ampliar sustantivamente los cupos para Ser Pilo Paga, a cambio de que el Gobierno por cada nuevo estudiante de Pilo Paga que recibamos nos de la media de lo que les gira a las privadas, para bienestar de estos muchachos.

¿Por qué cree que la mayoría de los usuarios de Ser Pilo Paga prefiere entrar a las privadas que a las públicas?

Pues porque obviamente, es el imaginario “exitoso” que se está presentando desde hace tiempo. El problema no es la privatización de la universidad pública. Eso es una falacia. Desde hace mucho tiempo entraron recursos por extensión universitaria para las universidades públicas, y son más recursos para lo público. El problema es que se privatice la calidad. Y eso sí se me parece muy grave. Porque tenemos excelentes universidades públicas como la UNAL, la de Antioquia, la Univalle, la UIS, etc., que son de altísima calidad. El Estado tiene la responsabilidad de financiar y generar sostenibilidad de nuestras instituciones de altísima calidad.

A futuro tiene que haber una ley de educación superior en Colombia, la cual exige varias cosas. Primero: revisar la propuesta de reforma que se cayó porque el remedio era peor que la enfermedad; segundo, hay que actualizar el documento del SUE que claramente muestra qué se requiere para la financiación y sostenibilidad de las universidades públicas; en tercer lugar, no podemos seguir con un profesor un burócrata, porque eso es un desangre absurdo; y, en cuarto lugar, inspirarnos de modo realista en la Ley de Chile, que me parece un modelo muy interesante. En Colombia, pensaría, que en unos 12 años podemos llegar a invertir, si realmente existe la voluntad política, 1,2 % del PIB en educación superior pública.

Y debo decir que una ley requiere de un rector que tenga no solamente un reconocimiento académico y científico, sino un bagaje político, que no sea solamente un contador o un economista atortolado. Lo que yo le estoy ofreciendo a la universidad es una visión que conoce la historia de la UNAL. Además, he sido el monitor de varios presidentes de universidad, tanto en Colombia como en el exterior. Tuve la fortuna que mis directores de tesis fueran rectores de universidad. Entonces, sé del oficio. Eso es algo que no se improvisa. Y no soy el representante de unos intereses de un rector o exrector que quiere “cuidar sus huevitos”, o del hermanito de un señor de abolengo.

¿Quiénes son esos candidatos?

El que tenga oídos que oiga. Ahí si me toca responder como doña Berta Hernández de Ospina Pérez. Pregúntele al rector Mantilla cuáles son sus exfuncionarios y funcionario actual que son candidatos, y a los otros, a ver qué le dicen. Ahí hay unos intereses. Lo que está en juego es cómo convocamos a todos los profesores investigadores que tienen resultados de investigación para que sean emprendedores-innovadores. Debo decirlo, ¿algunos incondicionales de esta administración van a ser los únicos emprendedores? Existe la ley de Spin-Off que consiste en crear empresas a partir de otras empresas. Está aprobado para que profesores de universidades públicas no lo hagan clandestinamente. Eso beneficiaría enormemente a la universidad pública, y puede tener un valor productivo en la sociedad, que redundaría en infraestructura, en más investigación y en más innovación.

Mi invitación es a todos los profesores y estudiantes apáticos a que reconozcan un candidato que convoque a todos los estamentos. Y creo que ese sería mi aporte. Pero no lo puedo hacer sin el apoyo decisivo de la comunidad universitaria.

Finalmente, usted propone impulsar una ley que fortalezca a las universidades públicas. ¿En qué consiste ese proyecto?

Es trabajar con los rectores del Sistema Universitario Estatal. Seré un rector líder. Creo que tengo las capacidades suficientes de liderazgo y de reconocimiento. Y debo decir algo para concluir. Algunos me critican porque salgo en medios y en redes sociales, pero eso es existir hoy en día. También me critican porque “me exhibo”. Pues yo no exhibo mi vida privada, pero cuando alguien me pregunta por ella, yo respondo sin ningún miedo porque soy un hombre libre. No soy un hombre de closet. No soy alguien que tiene una agenda paralela. Y esa es mi libertad, que está por encima de cualquier Gobierno o de cualquier militancia que continúe o guarde los huevitos de una administración o que sea netamente contestataria.

Lo que estoy diciendo es que si los reflectores se fijan en el rector al que le gusta la imagen viril e irónica del Che, a pesar de que hubiera sido homofóbico o terrorista, y esto ayuda a que vengan recursos a la universidad y a que se lidere un proyecto de educación superior, ¡bendito sea!

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