Milan Kundera, el escritor al que le censuraron la vida

En 1979 el régimen soviético le quitó la nacionalidad checa por “actividades anticomunistas”

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A lo largo de su obra el escritor checo-francés ha alertado sobre los peligros del totalitarismo presentado como un paraíso. (Archivo)

Aunque una de las obras más conocidas de Milan Kundera es La insoportable levedad del ser, no es en esta donde mejor se expone el totalitarismo de la Unión Soviética sobre los pueblos que ayudó a liberar del yugo de la Alemania nazi, para luego sumergirlos, durante décadas, en uno de los más crueles destinos: la igualdad ideológica. Es en su novela La broma donde el checo-francés expone fielmente lo que es vivir bajo un Estado totalitario.

En las obras de Kundera el totalitarismo es telón de fondo que sirve como excusa para sacar a la luz la condición humana de sus personajes, pues es en situaciones extremas cuando los seres humanos revelan lo mejor o lo peor de sí mismos. La mediocridad, la cobardía, el odio y la deslealtad suelen ser los componentes más comunes entre aquellos que deciden solapadamente respaldar regímenes autoritarios.

Así lo demuestra el autor con el personaje principal de La broma, Ludvik, quien pese a militar activamente en el Partido Comunista y beber de las mieles del régimen, es condenado al ostracismo por una simple nota-broma producto de un corazón lastimado: «¡El optimismo es el opio del pueblo! El espíritu sano hiede a idiotez. ¡Viva Trotsky!»¹. Una broma que no le cae en gracia a un régimen que también había decidido calificar de traidor y asesinar a quien lideró la masacre de cientos de miles de personas para su partido y por convicción propia. Ludvik no sufrió el mismo destino de Trotsky, pues fue condenado a prestar servicio militar durante años en las canteras de Ostrava. Tras cumplir su condena y demostrar a punta de pica su fidelidad al partido, se le permite terminar sus estudios y se convierte en un científico relativamente respetable. Vuelve a beber de las mieles del régimen pese al largo y tortuoso castigo al que fue condenado por una broma. ¿Cobardía o adaptación? Es lo que se preguntan algunos de los que han leído la novela.

Kundera no tuvo y no quiso la misma fortuna que su personaje. La realidad en algún momento nos golpea y nos saca de ese letargo en el que nos solemos sumergir. En el caso de nuestro escritor, ese letargo era el mismo paraíso dibujado por los soviéticos. Despertar de lo que se cree es un sueño y ver la pesadilla de la que se hizo parte no es fácil. Algunos deciden no hacerlo y volver a dormir. No fue el caso de Kundera, quien años después, en París, le explicó al escritor estadounidense Philip Roth lo que en verdad significa el paraíso:

El totalitarismo no es solo el infierno, sino también el sueño del paraíso: el antiquísimo sueño de un mundo en que todos vivimos en armonía, unidos en una sola voluntad y una sola fe comunes, sin guardarnos ningún secreto unos a otros. También Breton soñaba con este paraíso cuando se refería a la casa de cristal en que ansiaba vivir. Si el totalitarismo no hubiera explotado estos arquetipos, que todos llevamos en lo más profundo y que están profundamente arraigados en todas las religiones, nunca habría atraído a tanta gente, sobre todo durante las fases iniciales de su existencia. No obstante, el sueño del paraíso, tan pronto como se pone en marcha hacia su realización, empieza a tropezar con personas que le estorban, y los regidores del paraíso no tienen más remedio que edificar un pequeño gulag al costado del Edén. Con el transcurso del tiempo, el gulag va creciendo en tamaño y perfección, mientras el paraíso se hace cada vez más pobre y pequeño.

Afortunadamente, la cobardía y la mediocridad tienen su contrapeso. Personas con el suficiente coraje para mantener los ojos abiertos y no embotarse de aquellos argumentos esgrimidos por quienes dibujan un paraíso en la tierra. Kundera es uno de ellos, pues decidió revelar lo que aquel Edén escondía. Fue precisamente en La broma, su primera novela (1967), donde empezó dicha labor. Por ello, y por su respaldo a la Primavera de Praga, su novela fue censurada por el régimen. Ese fue solo el primer paso de una serie de injusticias que se cometieron con Kundera. El ostracismo también fue su destino. Se vio obligado a trabajar como pianista en un bar, a escribir artículos a nombre de otros, incluso a redactar horóscopos bajo seudónimos, pues el régimen le prohibió dictar clases, publicar o hacer algún tipo de contribución académica. «Las ganancias eran ridículas y la cosa en sí misma no tenía nada de divertido ni de notable. Lo único divertido del asunto era mi existencia, la existencia de un hombre borrado de la historia, de los manuales de literatura y de la guía de teléfonos, de un hombre muerto que volvía a la vida en una sorprendente reencarnación para predicar a centenares de miles de jóvenes socialistas la gran verdad de la astrología»². Luego de años de evitar desprenderse de su amada Chequia, decidió escapar a Francia para en libertad seguir haciendo lo que mueve su mundo: escribir.

El régimen comunista prohibió en todos los rincones de la Unión Soviética la impresión de sus obras y ordenó destruir todos los ejemplares existentes. Esto debido a que «el novelista enseña al lector a aprehender el mundo como pregunta», pero los regímenes totalitarios están llenos de verdades y respuestas, como él mismo les llama, sacrosantas. Por esta razón, «la voz de la novela apenas puede oírse en el estrépito necio de las certezas humanas». Además, le arrebató la ciudadanía checa —que solo le fue devuelta hasta inicios de diciembre de 2019—.

Pese al descomunal poder del régimen, sus textos fueron distribuidos en ediciones samizdat, como se les llamaba a las publicaciones clandestinas, y alrededor del mundo empezó a ser reconocido como el escritor checo vivo más importante.

Primera edición samizdat húngara de La broma de 1987, veinte años después de su publicación. (Földvári Books)

Kundera hace parte de las tantas plumas que decidieron no callar y por medio de su literatura exponer lo que el paraíso totalitarista le hace al ser humano. Es precisamente ese paraíso el que a la fuerza quiere ser impuesto en nuestro hemisferio, ya lo han logrado en Cuba, Venezuela y Nicaragua. México y Argentina les siguen los pasos. Por esto mismo es necesario tener presente la siguiente advertencia del autor checo-francés: «El mal está presente ya en lo hermoso, el infierno ya está contenido en el sueño del paraíso; y si queremos comprender la esencia del infierno, hemos de analizar también la esencia del paraíso en que tiene origen».


Nota: uno de los textos que recomiendo para iniciarse en Kundera es “Nadie se va a reír”, primer cuento de su texto «El libro de los amores ridículos».


¹Kundera, M. (2012). La broma. Buenos Aires: Tusquest Editores.

²Kundera, M. (1987). El libro de la risa y el olvido. Seix Barral.

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