La renuncia de Guaidó es el primer paso para salir de la tiranía de Maduro

Han pasado diecinueve meses desde que Guaidó prometió liberar a Venezuela... la sangre sigue corriendo por las calles

Al parecer cada vez que Guaidó plantea una nueva ruta, es para ganar tiempo y mantenerse en el poder. (Flickr)

Recuerdo el día que Juan Guaidó se juramentó como presidente interino de Venezuela, enfrentando valientemente, era algo que muchos creíamos en ese momento, no solo a la dictadura chavista, sino a esa oposición controlada que come de la mano del régimen.

Ese día escuché y leí a varios de mis compañeros del PanAm esperanzados en que sería Guaidó el que liberaría a Venezuela. Hasta yo mismo lo creí, por unas semanas, pues con el pasar de estas el presidente interino demostró tener una gran magristralidad para cumplir a cabalidad la primera acepción que presenta la Real Academia Española sobre el término buchipluma: «Dicho de una persona: que promete y no cumple, o que se las echa de algo sin poder hacerlo».

Los meses mostraron que la prioridad de Guaidó no era liberar a Venezuela de una ideología que desde hace más de dos décadas tiene sumida en la miseria al país más rico de América Latina, sino consolidarse con los suyos en el poder, sin importar que los muertos se siguieran acumulando en las calles.

Recuerdo que el 31 de mayo de 2019 le dije a una de mis compañeras, cuando hablábamos sobre las negociaciones entre la dictadura y el interinato, que a Guaidó le favorecía negociar con Maduro, no por el bien de los venezolanos, sino «porque dialogar alarga las cosas y lo mantiene a él como cabeza de la oposición […] Entre más tiempo dure el proceso de transición, más tiempo estará Guaidó a la cabeza. En cambio, en un proceso rápido, en unas elecciones libres, sabe que podría perder ante alguien como María Corina o Ledezma».

Bueno, ya se van a cumplir diecinueve meses desde que Guaidó juró que liberaría a Venezuela y el país sigue esperando a que el interino de una vez por todas haga lo que debe hacer: sacar a los usurpadores y llamar a elecciones libres. Esa fue la promesa que hizo, pero, como bien dice un refrán en Colombia, «siempre habla quien menos puede», aunque al parecer no es que Guaidó no pueda, pues tiene el respaldo de más de sesenta naciones democráticas, millones de dólares a su disposición y una nación que busca la libertad, al parecer simplemente no quiere. Quizás teme demostrar su incompetencia a la hora de dirigir una Venezuela libre.

Estos meses nos han demostrado que el presidente interino no es diferente de quienes durante años públicamente se han llamado oposición, pero que por debajo de la mesa reciben favores y millones de la dictadura. ¿Cómo no cuestionar las intenciones y la integridad de Guaidó cuando, desde hace años, ha respaldado a personajes corruptos que tienen nexos con la dictadura? ¿Cómo pretender recomponer un país en ruinas cuando se quiere que de esa reconstrucción hagan parte quienes con cincel y mazo ayudaron a destrozar las bases democráticas de Venezuela?

Como si su incompetencia durante estos meses no fuera poca, ahora sale a decir que tiene una nueva ruta, una diferente a la que les prometió a los venezolanos y que fue cambiando poco a poco. Ahora el muy descarado, después de haber prometido la libertad de Venezuela, propone «discutir y acordar un camino común en los próximos diez días». ¿Es que acaso eso no estaba claro cuando juró como presidente encargado o durante todos estos meses les estuvo tomando el pelo a los venezolanos y a los Gobiernos que lo reconocen? ¿Es que acaso los verdaderos opositores, aquellos que sí rechazan a la dictadura, no le han hecho llegar múltiples propuestas para sacar al chavismo del poder?

También afirma que espera de cada uno de los líderes de la nación «una respuesta pública y activa que demuestre la disposición común de devolverle la libertad a nuestro país». Le recuerdo señor Guaidó que es usted y su equipo el que no ha mostrado una verdadera intención para salir del chavismo, los otros lo han repetido y demostrado hasta el cansancio.

Para lograr la libertad de Venezuela ha tenido el apoyo de todos. No intente responsabilizar de sus fracasos a quienes durante años han denunciado a la tiranía, a quienes decidieron respaldarlo aquel 23 de enero, a quienes durante meses le han exigido tomar medidas concretas y dejar de estar modificando la hoja de ruta como si este fuera un crucigrama. Ellos siguen en pie de lucha. Es usted el que decidió darles la espalda para mantener contentos a sus amigos y al chavismo. Espero que no sean lo mismo.

Como no pudo cuando tenía el respaldo de todos, ¿ahora busca poner sobre otros la responsabilidad que es principalmente suya? ¿Y qué pasó con ese punto que era el principal, el fin de la usurpación? ¿Ya no es una prioridad? ¿Ahora el objetivo es evitar el fraude? ¿Tumbar a la tiranía no es la mejor forma de evitar el fraude?

Pese a lo que quieran venderles a los venezolanos, no ha sido Guaidó el artífice de los principales golpes asestados contra la dictadura de Maduro, ha sido Estados Unidos, ese aliado incómodo para el presidente interino debido a sus diferencias ideológicas. Los del norte más pegados a la libertad y el interino más cerca del socialismo.

Pobre Venezuela, que se encuentra entre una dictadura que la desangra y una Asamblea Nacional que prefiere convivir con los usurpadores con tal de conservar el poder. Los diputados deben sospechar que cuando el país logre finalmente la libertad —no gracias a Guaidó, sino pese a él — y realizar unas elecciones democráticas, muchos de ellos no serán tenidos en cuenta por los venezolanos. ¿Por qué hacerlo si llevan años sosteniendo a la tiranía que denuncian?

Pedir un cambio de enfoque del interinato que conduzca a la libertad del país es estéril. Durante diecinueve meses los venezolanos han esperado que su presidente interino haga realidad la promesa que les hizo el día de su juramentación. Casi dos años de miseria y muerte de los que Guaidó ha sido testigo como presidente, pero que no han sido suficientes para convencerlo de liberar a Venezuela.

Exigir un cambio de rumbo es improductivo porque las múltiples promesas del interinato hacen que se cumpla a cabalidad la acepción tres de buchipluma: «Dicho o hecho sin valor o sin sustancia». Lo que necesita Venezuela para liberarse de la tiranía es primero salir de los incompetentes y amigos de los asesinos. Exigir la renuncia de Guaidó y poner en su lugar a alguien que verdaderamente desee la libertad de su pueblo es un inicio.

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