Colombian Lives Matter o el país que se devora a sí mismo

El asesinato de Javier Ordóñez a manos de dos policías es el tipo de detonantes que aprovecha la izquierda para desestabilizar a Colombia

Una indignación justa como la que sienten muchos de los colombianos en este instante por el asesinato de Javier es el detonante preciso que busca la izquierda. (Efe)

La noche del pasado martes ocho de septiembre Javier Ordóñez fue asesinado a manos de dos agentes de la policía de Colombia. Aunque a algunos no les guste el término, el video deja ver la sevicia con la que los uniformados decidieron agredir al abogado que trabajaba como taxista y a quien, al final, le causaron la muerte… palabras más, palabras menos, lo asesinaron —no nos pongamos con eufemismos, ya suficiente daño le ha hecho al país que de lado y lado no quieran llamar a las cosas por su nombre—. Como era de esperarse, la izquierda salió a calentar los ánimos y aprovecho la situación para impulsar acciones que, como el año pasado, permitan el escalonamiento de la violencia en las calles del país.

Fue así como grupos enardecidos decidieron emplear las mismas técnicas utilizadas por sus pares del norte, y como acertadamente afirma @Nostradamus69, «tan lindos los anti imperialistas siempre imitando a los gringos. Ahora van a salir a ‘quemarlo todo’». Ese quemarlo todo fue arengado por los propios manifestantes mientras destruían coordinadamente varios de los Comandos de Acción Inmediata de Bogotá, mejor conocidos como CAI, y estaciones de policía (23 en total más doce uniformados lesionados) y fue tendencia por medio de arda en Twitter.

#ColombianLivesMatter fue la otra tendencia que también llamó la atención y que fue impulsada por varios voceros de la izquierda, incluida la descarada Farc —sí, esa guerrilla que funge de partido político—, que hoy —unas horas después de que su cabeza, alias Timochenko, negara el reclutamiento de menores, las violaciones y los abortos obligados como política de las Farc, pese a las toneladas de evidencias—  decidió enviar un mensaje impulsando con esta etiqueta y exigiendo «un cambio de doctrina de seguridad que evite que hechos como la muerte de Javier Ordóñez no sigan sucediendo». El chiste se cuenta solo, asesinos exigiendo un cambio de doctrina, quizás ¿una parecida a los campos de concentración que construyeron para las personas que secuestraron o las mismas doctrinas que hoy niegan haber implementado?

Para los que no han estado pendientes de lo que ocurre en Estados Unidos, les cuento brevemente: la muerte de George Floyd a manos de dos agentes causó indignación entre los estadounidenses. Esa indignación fue utilizada por Black Lives Matter y Antifa, grupos radicales de izquierda con grandes chequeras. El racismo, pese a que no hay motivos para catalogar la muerte de Floyd como tal, fue utilizado como bandera, y con esa bandera ondeando fueron agredidas miles de personas que estaban en desacuerdo con las protestas violentas y otras tantas asesinadas brutalmente, varios de ellos negros, a manos de integrantes de grupos… ¿cómo escribirlo sin encontrar en ese mismo término aunado a las acciones una completa incoherencia?… antifacistas y antirracistas.

Bueno, eso mismo es lo que están buscando los grupos de izquierda que solapadamente impulsan la violencia en Colombia. Esos mismos que la impulsaron a finales del año pasado y que hoy buscan aprovechar las repudiables acciones de dos agentes de policía para desestabilizar a un país poscuarentena que está sumergido en una crisis económica fortalecida por las acciones coercitivas del Gobierno nacional y de los gobiernos locales.

Una indignación justa como la que sienten muchos de los colombianos en este instante por el brutal asesinato de Javier es el detonante preciso que buscan personas que saben que la violencia es el camino más directo y efectivo para conseguir el poder… y no soltarlo.

Acá en Colombia no estamos a dos meses de elecciones presidenciales como sí lo está Estados Unidos, pero la campaña empezó a finales del año pasado con la oleada de violencia impulsada por líderes de la izquierda colombiana. No lo olvidemos, estamos en medio de campaña y qué mejor forma de llegar al poder que utilizando la indignación de los ciudadanos para abonar su futuro político con unos cuantos cadáveres que les abonen el camino.

Así que cuidado, no seamos tan pendejos de caer en el juego que ya fue iniciado por extremistas en el norte, quienes utilizaron la indignación por una vida perdida como plataforma para imponer sus sombríos intereses. No llamo con esto a guardar silencio, sino a levantar la voz de forma inteligente, a exigir justicia sin promover injusticia y a pedir respeto por la vida sin causar muerte.

Y por favor, dudemos de las buenas intenciones de los que buscan replicar en Colombia el movimiento Black Lives Matter. No sea que solo busque tirar al país a las fauces de sus propios ciudadanos enardecidos.

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