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¿Cómo se puede destruir al ISIS?

Por: Orlando Avendaño - @OrlvndoA - Jun 16, 2016, 9:39 pm
(Univisión)
En el reportaje publicado en The Atlantic, el periodista Graeme Wood explica todo lo que hay que saber acerca del ISIS para poder destruirlos. (Univisión)

En quizá uno de los mejores reportajes que he tenido el placer de leer, titulado What ISIS Really Wants?, publicado en The Atlantic, el espléndido periodista Graeme Wood esboza un panorama en el que describe perfectamente qué es el Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS), qué quiere el ISIS, y cómo se puede acabar con él.

¿Cómo se puede destruir al ISIS? Ese es posiblemente uno de los mayores interrogantes que la mayoría de los líderes del mundo se hace diariamente. El grupo terrorista, el más peligroso y poderoso del momento, ha perpetrado los mayores atentados desde que Al-Qaeda asesinó a más de 3000 personas en Nueva York en aquel trágico septiembre de 2001. ISIS es hoy, sin duda alguna, la amenaza más latente y preocupante que enfrenta Occidente.

El pasado domingo 12 de junio hubo un ataque a una discoteca LGBT en Orlando, Estados Unidos, en el que murieron 50 personas. Omar Mateen, el perpetrador, se identificó como adepto al Estado Islámico, y, luego, el mismo ISIS se atribuyó el atentado. Con este asedio a la civilización, Occidente vuelve a demostrar cierta vulnerabilidad frente al fundamentalismo.

Cada vez se hace más necesaria la neutralización del mayor grupo terrorista del momento. Pero, ¿cómo es posible esto?

Primero: ¿Qué es el ISIS?

Wood, el artista detrás de What ISIS Really Wants?, señala varias cosas que primero hay que considerar con gran cautela: ISIS es un grupo terrorista islámico identificado con el ala yihadista de los suníes, denominada salafismo. El salafismo surge de las doctrinas del mismo profeta del Islam, Mahoma, y, además, consagra un completo modo de vida que emula sus enseñanzas.

Por otra parte, el grupo terrorista actualmente reina —por así decirlo— en un área incluso mayor al Reino Unido. A diferencia de otros grupos como Al-Qaeda, el ISIS tiene territorio y además toda una compleja estructura burocrática. Bajo su reinado no se vive como en los Estados en los que el ISIS está presente: es decir, si un musulmán reside en un área controlada por el ISIS, obtiene una serie de beneficios y responsabilidades que no recibe directamente del Estado per se (Siria o Iraq).

Como lo establece la ley islámica, ISIS debe cumplir una serie de deberes si desea reinar. Es una responsabilidad imperante la aplicación de un completo «estado de bienestar» en los territorios que controla; sin embargo, también hay una aplicación estricta de la Sharia.

La Sharia es la ley islámica. Es el cuerpo del Derecho Islámico y constituye un código bien detallado de conductas, normas, criterios y reglas; no obstante, la Sharia no es un dogma —como sí lo es el Corán. Por supuesto: la Sharia proviene del Corán y el Hadiz (las acciones y dichos de Mahoma), y son las escuelas de interpretación islámica, en las que participan diferentes intelectuales y juristas del mundo islámico, las que deciden qué será ley y qué no en un Estado teocrático musulmán.

En la Sharia se establecen todo tipo de normas como la hiyab (forma de vestir), la yihad (guerra santa), etcétera.

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¿Qué motiva a ISIS?

Wood, a través de una ardua investigación que involucra el contacto con miembros, partidarios y simpatizantes del grupo fundamentalista, trata de entender qué es exactamente lo que ISIS quiere, y lo descubre.

“Para todos los seguidores del ISIS, el grupo terrorista sigue las interpretaciones más coherentes y aprendidas del Islam”, escribe Wood.

“Toda decisión y ley promulgada por el Estado Islámico se adhiere a lo que se llama “La metodología del Profeta”, que significa, explica Wood, “seguir las enseñanzas y el ejemplo de Mahoma hasta el más mínimo detalle”.

“Los musulmanes pueden rechazar al Estado Islámico —y ciertamente la mayoría lo hace—; pero pretender que no es un grupo religioso y de enseñanzas milenarias, con toda una teología que se debe entender para poder combatirla, ha puesto a Estados Unidos en una posición de debilidad frente al ISIS”, señala Wood.

Por lo tanto, partiendo de esto —que no es una simple deducción, sino la conclusión de un férreo trabajo de investigación— ISIS lo que quiere es aplicar las verdaderas y más profundas enseñanzas del Profeta: convertir o eliminar a los infieles (aquí entran los chiitas, quienes para los suníes son infieles porque han, presuntamente, innovado el Corán, y por lo tanto han negado su ‘perfección’); crear un gran Estado Islámico e implantar un régimen teocrático; aplicar, por supuesto, la ley Sharia; y, por último —y este es el punto más importante y en donde está la clave de cómo destruir al ISIS— volver a instaurar un califato a través de la figura del Califa.

¿Cómo destruir a ISIS?

El Califa es, para los musulmanes, el cargo del sucesor y delegado directo del profeta Mahoma. Es decir, es «el gran sucesor», es la figura que representa a la autoridad de Mahoma en el mundo.

El último gran Califa —hasta hace dos años— había sido Abdul Mejid II, de la dinastía otomana; sin embargo, en 1926, luego de la disolución del Imperio Otomano, Turquía abolió el califato a través de una reforma constitucional bastante polémica y rechazada por gran parte de la comunidad musulmana.

A partir de entonces el Islam se había quedado sin un líder directo, sin un representante de Mahoma. Las grandes diferencias entre las ramas de la religión imposibilitaron el consenso sobre otro «sucesor». Hasta que en junio de 2014 todo cambió.

Abu Bakr al-Baghdadi se autoproclamó, en un discurso que fue visto por millones de musulmanes en todo el mundo, como el gran Califa del Islam. Wood, en el reportaje, cuenta cómo al entrevistar a un importante predicador del Islam, Musa Cerantonio, este le habló sobre la alegría que sintió cuando vio a al-Baghdadi: “Yo estaba en un hotel y vi la declaración por televisión (…) Yo estaba sorprendido, me preguntaba: ¿Por qué estoy en este cuarto y no estoy allá?”.

Así como para Cerantonio, la proclamación de al-Baghdadi como Califa del Islam implicó una gran felicidad para gran parte del pueblo musulmán. Desde 2014, cuando se instauró el califato, la influencia del Estado Islámico creció enormemente y el número de yihadistas aumentó de forma considerable.

El Califa es una esperanza para el Islam porque, explica Wood citando un texto del Profeta, “morir sin jurarle lealtad al Califa es morir en la completa ignorancia y en la incredulidad, por lo que, aquel musulmán que muera así, no será salvado”.

Es decir, explica el predicador musulmán Cerantonio: “El califato no es solo una entidad política, sino un vehículo para la salvación”. Aquí surge algo más alarmante y que explica el auge de la influencia del ISIS: “Esto significa que la gran mayoría de musulmanes en la historia, y todos los que murieron entre 1924 (año en que se acabó el califato) y 2014, murieron en la deshonra y no encontraron la salvación”. Para Cerantonio, “El Islam, incluso, es restablecido gracias al Estado Islámico”.

Pero hay un punto que resuelve todo el rompecabezas y que hasta ahora pocos líderes mundiales han entendido: para que exista el califato debe existir el Estado Islámico como tal, es decir, como un Estado. “El califato no puede existir como un movimiento underground, se necesita la autoridad territorial”, explica Wood. Este es el punto más importante. Esto es lo que debe entender Estados Unidos.

“Al-Qaeda es indestructible porque pueden sobrevivir, como cucarachas, al esconderse; en cambio, el ISIS no puede”, dice el reportero.

Actualmente el ISIS posee una suprema autoridad sobre grandes zonas de Iraq y Siria; como ya se mencionó, controlan un territorio mayor al del Reino Unido. Para ellos y para muchos musulmanes —incluso algunos países—, esto es un Estado legítimo. Por lo tanto, si el Estado Islámico pierde ese territorio, inmediatamente deja de ser un califato. El Califa se sostiene gracias a la autoridad territorial, porque sobre esta comanda y es en esta en donde se encuentra la salvación.

Si se les llega a quitar el territorio que comandan actualmente, los ataques del terrorismo a Occidente continuarían, seguramente, al menos en forma de lobos solitarios; sin embargo, todo el valor de su propaganda desaparecería y con ello el deber de los musulmanes de emigrar y unirse al ISIS. El yihadismo se reduciría sustancialmente, al igual que su influencia.

No obstante, surge otro gran dilema: un ataque al territorio, o una invasión que despoje al terrorismo de su dominación sobre las zonas controladas, también es una táctica a la que juega el Estado Islámico. Una invasión y una posible ocupación del espacio controlado por ISIS confirmaría la retórica radical de que Estados Unidos quiere embarcarse en una moderna cruzada en contra del Islam y que quieren asesinar a los musulmanes. De ocurrir esto, los adeptos a la religión se podrían radicalizar y la amenaza crecería.

La situación, ciertamente, es sumamente compleja. El terrorismo está creciendo y se convierte cada vez más en una amenaza mortal y con más poder. Vemos como el mundo observa esto y, por el miedo o por la prevención, no se actúa en contra del creciente Estado Islámico. La inercia de los gobernantes está permitiendo que el terrorismo se expanda. Cada vez Occidente se ve más vulnerable y el terror, el odio y la radicalización se propagan.

No es fácil: la barbarie le ha declarado la guerra a la civilización y la complejidad es extrema; sin embargo, el mundo está apuntando en la dirección equivocada. El primer paso para destruir al enemigo es identificar qué es, en qué cree, qué quiere, y qué es vital para su supervivencia. En What ISIS Really Wants?, Graeme Wood determina todo esto de una manera excelsa, que hace al reportaje un trabajo de lectura imprescindible.

Orlando Avendaño Orlando Avendaño

Orlando Avendaño reside en Caracas, Venezuela, y estudia Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello. Síguelo @OrlvndoA.