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Por qué Donald Trump representa un peligro para la libertad

By: Orlando Avendaño - @OrlvndoA - Feb 1, 2017, 4:08 pm
Hoy impresiona que, por Trump “irritar a la izquierda, hay una derecha descerebrada que le aplaude”. Representa una amenaza a las libertades fundamentales. (Wikimedia)

Me uno al regocijo de danzar sobre las lágrimas del progresismo y la izquierda mojigata. De verdad, vigoriza ver el predecible fracaso del rojerío mundial —Schadenfreude le llaman. No puedo ocultar que coincido con amantes reaccionarios de la libertad como Sánchez Dragó cuando endilgan dicha en sus columnas por «las pataletas» de los correctos y de los del martillo y la hoz. Pero hay algo que no estoy dispuesto a celebrar.

Se me es imposible festejar, como lo hacen algunos supuestos amantes del gran valor, el auge de un movimiento que se perfila, no como un reivindicador del liberalismo, sino como enemigo de las libertades fundamentales.

Escribe acertadamente el economista de la Escuela Austriaca Steven Horwitz que “demasiados libertarios odian más a la izquierda de lo que aman a la libertad”. Es eso precisamente lo que estamos presenciando al ver cómo un cúmulo de liberales se postran tras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para ofrecerle un cálido espaldarazo —solo porque, al mismo tiempo, padece la progresía.

La verdad es que oponerse a Trump es, también, amar la libertad.

El magnate lleva menos de quince días en el cargo y ya ha demostrado, como continúa Horwitz en un imprescindible artículo, que es “un aspirante a dictador, sin una onza del conocimiento respecto a los límites constitucionales del Gobierno, que amenaza las instituciones fundacionales del orden liberal”.

“Cada vez que Trump abre su boca, la amenaza fundamental a la libertad que él y sus seguidores encarnan, lo abruma”, continúa el economista para luego señalar que “ahora más que nunca los libertarios necesitan personas de buen corazón y de mente abierta para tener a la izquierda como aliado en un intento de preservar las cosas en las que estamos de acuerdo”.

“Nunca debemos dejar que nuestras frustraciones con la izquierda se vuelvan más importante que la preservación del orden liberal”, dice acertadamente Horwitz.

Por otra parte, escribe el economista: “Una respuesta a mi rechazo a Trump que he escuchado es que ‘¡Obama / Clinton era /habría sido peor!’. No, realmente no era peor y no creo que lo hubiese sido. Sí, es cierto, ellos pudieron haber ampliado el estado regulador, pero no habría un reavivamiento de la tortura, ni un muro, ningún registro, ni guerra comercial, ni un intento de amordazar a los medios de comunicación”.

Todo eso, ciertamente, lo hemos presenciado en estos días.

Los liberales que creemos en las fronteras abiertas y en la fundamental libertad de circulación, debemos contemplar, con dolor, cómo el líder estadounidense hoy evoca lo contrario a la defensa de ese gran valor.

En su discurso inaugural confirmó lo temido con una deprimente retórica: proteccionismo, nacionalismo y populismo. “Ni una alusión a la libertad”, como apuntó el economista y presidente de Freemarket Corporative Intelligence, Bernaldo de Quirós.

Debemos, además, observar la actitud autoritaria del «payaso de pelo zanahoria», según escribe Sánchez Dragó. Es el alzamiento de un muro fronterizo y la declaración de una guerra económica, una trágica muestra de que se avecina un vendaval alarmante.

“Los medios deberían cerrar la boca”, dijo Steve Bannon, el asesor de un presidente que la ha declarado la guerra, además, al periodismo desvergonzado.

La prensa jamás y de ninguna forma, debe ser censurada. Puede ser criticada, insultada y aborrecida; pero jamás censurada como hoy sugiere la administración republicana. De ocurrir lo contrario, ahí, cuando se censura la prensa, se deja el espacio libre a la tiranía. Alababa ya Tocqueville, en el siglo XIX, los males que es capaz de evitar, más que los beneficios que podría producir.

Por último, estamos hoy en presencia, también, de una orden ejecutiva diseñada para violar las libertades más fundamentales.

Ha Trump prohibido la entrada —cómo en algún momento también hizo Obama, pero con menor contundencia y cobertura— a Estados Unidos a los nacionales de siete países islámicos, incluso si son titulares del visado que otorga la residencia permanente (green card) —restricción que fue retirada luego de una fuerte presión mediática.

Escribe el director y socio fundador del Instituto Juan De Mariana, Juan Rallo, que el magnate se ha, de esa manera, arrogado la “competencia de arrebatarles el derecho de residir legalmente en el país a 500.000 personas, no porque hayan cometido ningún acto criminal, sino por su nacionalidad”.

Y, aunque “ciertamente ninguna sociedad debería acoger a aquellas personas que violen la ley (…) resulta altísimamente peligroso cercenar los derechos de residencia ya consolidados por la posibilidad —sin ninguna prueba— de que los titulares no se ajusten a los valores fundacionales de EE.UU”.

“Debe resultar inadmisible —incluso para un partidario de las fronteras cerradas— que el Gobierno recorte sin condena firme la libertad de movimiento de aquellas personas que ya son ciudadanos legales en Estados Unidos”, continúa Rallo.

 

Por lo tanto, aunado a su retórica general, “la escalada antiinmigratoria de Trump es un ataque directo al fundamento último del pensamiento liberal: la presunción de libertad, esto es, el respeto escrupuloso a la libertad de las personas salvo que existan fundados y comprobados motivos para limitarla”, espeta el economista del Instituto Juan de Mariana.

Aunque no debemos ceder a la hipocresía de la izquierda que hoy condena medidas tomadas por el magnate, pero que anteriormente habían sido llevadas a cabo por administraciones Demócratas o por regímenes autoritarios cómplices del rojerío; debemos esgrimir, contra el aborregado amor que suscita Trump por provocar el llanto zurdo, que el presidente republicano es un peligro para la libertad. Es una amenaza para la libertad individual.

Podría Trump continuar derogando libertades fundamentales si no es detenido. Por eso debemos condenar esta orden ejecutiva y someter a la inquisición cualquier voluntad de contrariar los principios del orden liberal.

Por eso, ¡qué siga la prensa jodiendo y no se detenga! Que presione y que “pare los pies a las aberrantes y liberticidas extensiones de las competencias gubernamentales” que Trump evoca.

Hoy impresiona como, por Trump “irritar a la izquierda, hay una derecha descerebrada que le aplaude”, como muy bien esgrime Bernaldo de Quirós.

Orlando Avendaño Orlando Avendaño

Orlando Avendaño reside en Caracas, Venezuela, y estudia Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello. Síguelo @OrlvndoA.

Justicia de Bogotá le dice no al proyecto de metro subterráneo de Gustavo Petro

By: Julián Villabona Galarza - @julianvillabona - Feb 1, 2017, 3:42 pm
El proyecto de metro de Gustavo Petro no será impuesto a través de la vía judicial (YouTube)

El concejal progresista de Bogotá Hollman Morris y su partido sufrieron una derrota judicial después de haber intentado por ese medio que el alcalde Enrique Peñalosa construyera el metro subterraneo como lo quería su antecesor, Gustavo Petro, a pesar de los inestables suelos de Bogotá y los riesgos que esto suponía. Leer más: Peñalosa comenzará metro de Bogotá tras recibir USD $5.2 mil millones de gobierno nacional Leer más: Bogotá: Peñalosa presenta al Gobierno nacional plan de metro elevado Según dice el portal KienyKe, el proyecto fue declarado "inviable" en un principio por el Gobierno Nacional, debido a que los costos eran demasiado altos y los riesgos de sobrecostos, que podían generarse por la inestabilidad de los suelos de la capital colombiana y resalta el ejemplo del deprimido de la calle 94, una obra que lleva varios años sin poder terminarse por el problema de las aguas subterraneas de Bogotá. El juzgado 54 administrativo del Circuito de Bogotá falló en contra de Morris, quien a través de una acción de cumplimiento buscaba que se le obligara al alcalde Peñalosa a construir el metro tal y como lo había soñado el exalcalde progresista y que incluso adelantó unos estudios, pero que nunca ejecutó ninguna obra relacionada con este medio de transporte. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   Además, el fallo recuerda el Conpes (documento de política pública) del Gobierno que respalda que el metro debe ser elevado tal y como lo propone el alcalde Peñalosa, cuyo proyecto será licitado durante este 2017 y que sus obras empezarían en 2018. El argumento del juez es que el proyecto del metro elevado tiene menores riesgos y mayor beneficio para los pasajeros, ya que el modelo subterraneo iba a mover únicamente a 500.000 personas hasta la calle 53, mientras que el elevado podrá movilizar hasta 1 millón de personas de sectores populares, que viven en el sur, hasta la calle 127, una calle al norte de la capital. La acción de Morris fue calificada por la justicia como "improcedente". Fuente: KienyKE

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