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Venezuela: La sumisión de Borges frente a la bota militar

By: Orlando Avendaño - @OrlvndoA - Jun 28, 2017, 7:10 pm
(Asamblea Nacional)
Terrible concepto de civilidad se tiene. Se entiende, entonces, el sometimiento por años a la bota militar en Venezuela. (Asamblea Nacional)

Una escena dantesca quedó retratada —y posiblemente difundida por los déspotas. En un video, tomado durante el asedio de este martes al Parlamento —del verdadero «asedio», Reverol—, se ve a un comandante de la Guardia Nacional Bolivariana humillando y agrediendo al presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Julio Borges.

“Yo soy el presidente de la Asamblea”, le dice Borges al comandante, quien le responde bruscamente: “¡Yo soy el comandante de la unidad!”. El coronel Lugo insiste con hostilidad: “Usted puede ser el presidente de la Asamblea, pero yo soy el comandante de la unidad militar (…) Le agradezco se retire. Usted puede ser el presidente de lo que sea, pero le agradezco que se retire”, ordena el comandante, para luego sacar a Julio Borges a empujones. El presidente no dice nada y se deja agredir. Sale.

La escena, ciertamente, es trágica. Cualquier venezolano que la vea puede, inmediatamente, ceder a la desmoralización —y con razón. El déspota agredió y el representante de la civilidad venezolana fue humillado. La catástrofe es inmensa.

El video irrita enormemente. El abuso de poder y la arbitrariedad, son repugnantes. Pero en el audiovisual resalta más la sumisión de Borges frente a la tiranía militar.

Julio Borges es el presidente del Parlamento venezolano. Actualmente es el único poder que goza de legitimidad y, por lo tanto, es el único vestigio de República y civilidad en medio de la barbarie militar y dictatorial. Por esa Asamblea votaron, al menos, 14 millones de ciudadanos venezolanos. Y, al dejarse humillar Borges de esa manera, el régimen, a través del gorila déspota, humilla y empuja a los millones que empuñaron, aquel 6 de diciembre, el civismo —aunque, probablemente, varios no lo hubiesen permitido.

Es una pésima imagen la que se expide. En las calles, cada día, cientos de miles de venezolanos arriesgan sus vidas al enfrentarse, con rebeldía y coraje, a un régimen asesino. Esos ciudadanos no gozan de inmunidad parlamentaria. Tampoco tienen el privilegio de alguna investidura. No tienen la relevancia, pero han asumido la desobediencia frente a la tiranía.

En cambio, desde el Parlamento —aquel sagrado bastión republicano— un militar es capaz de agredir, sin recibir respuesta alguna, al máximo funcionario legítimo del país. Al tercero en la línea de sucesión presidencial —y quien debería asumir frente a la falta de Nicolás Maduro y a la incapacidad de Tareck El Aissami, el vicepresidente.

Julio Borges fue irrespetado. Decidió no actuar y dejarse pisotear por un matón que carece de la autoridad pertinente. Para aquellos que vemos con indignación las imágenes; que aborrecemos más la actitud del presidente de la Asamblea que la habitual arbitrariedad de un déspota, es una ofensa innecesaria que degrada a toda una sociedad por la incapacidad de Borges de empuñar el honor de la investidura.

No exigimos, los ciudadanos que también fuimos humillados, golpes. No exigimos groserías. Ni añoramos bravuconearías. Bastaban palabras. Firmeza y contundencia. Sobraba que actuara como pelele, sumiso y dócil. Eso fue lo que ocurrió. No hay nada digno, admirable ni virtuoso en el comportamiento cabizbajo de Julio Borges frente a la barbarie militar. Sobre todo porque la responsabilidad de su investidura, que representa a millones de venezolanos, se lo exige.

Quienes recurren a la vergonzosa defensa, aseguran que el diputado asumió la civilidad y, ahí presuntamente, reside el inmenso valor. Pues, terrible concepto de civilidad se tiene. Se explica, además, el sometimiento por años a la bota militar en Venezuela.

La civilidad, de hecho, está estrictamente relacionada al comportamiento ciudadano. Y el civismo, en nada, tiene que ver con la docilidad y sumisión —son obstáculos estos elementos que también dilatan la salida y prolongan la agonía—. Es lo contrario.

Sinar Alvarado es columnista de The New York Times, Gatopardo y Soho; y, al respecto, señala oportunamente: “Se puede ser civil y revirar. Los militares venezolanos se hicieron jefes porque más de un civil lo toleró. Borges debió responder con firmeza, como quien tiene votos”.

“No hacía falta un golpe; bastaba con exigir respeto y dejar claro quien está insubordinado y quien tiene la legitimidad del poder público. El mensaje es claro: ‘Puedo maltratar al mismísimo presidente del Parlamento y no pasa nada’. Civilidad y docilidad riman, pero no son sinónimos”, continuó, acertado, en sus redes sociales Alvarado.

Ya se entiende bien por qué la Asamblea Nacional, a pesar de la sólida presión —incluido el regaño de Luisa Ortega Díaz este miércoles—, no forma Gobierno y Julio Borges no asume como presidente —aunque aún es una buena y necesaria forma (y oportunidad) para demostrar al país y al militar tirano, dónde reside el verdadero poder.

 

Orlando Avendaño Orlando Avendaño

Orlando Avendaño reside en Caracas, Venezuela, y estudia Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello. Síguelo @OrlvndoA.

Pese a implementación de acuerdo Santos-FARC persiste la violencia en Colombia

By: Felipe Fernández - Jun 28, 2017, 7:04 pm
La guerra en Colombia con las FARC duro aproximadamente 54 años dejando un saldo de 220 mil personas muertas, 25 mil desaparecidas y más de 4 millones de desplazados.  (Twitter)

La guerra en Colombia con las FARC duró aproximadamente 54 años dejando un saldo de 220 mil personas muertas, 25 mil desaparecidas y más de 4 millones de desplazados. Si bien la dejación de 7.132 armas por parte de las FARC y la transición del grupo violento a la democracia como grupo político representa una disminución de violencia, es solo una pequeña parte ya que hay más actores violentos al margen. Lea más: Por qué la entrega de armas de FARC no termina de convencer a los colombianos Lea más: Posconflicto en Colombia: disidencia de FARC aumenta en cinco regiones del país Según el Ministerio de Defensa, el grupo guerrillero del ELN cuanta con un número de 1.500 subversivos armados (sin contar milicias), a estos datos, se suman los integrantes del Clan del Golfo, cerca de 2.000 hombres, asegura el ministro Luis Carlos Villegas. De acuerdo a las autoridades, cada guerrillero del ELN tendría en su poder un fusil como indumentaria bélica, manejando todo tipo de armamento, pero que en su mayoría no se encuentra en buen estado. “El principal reto es en los Frentes de Guerra Occidental y Nororiental que tienen un armamento más moderno: fusiles de precisión, lanzacohetes, ametralladoras. Esto porque logran intercambios con narcotraficantes. Los demás frentes tienen, en su mayoría, con fusiles AK47 anticuados”, señaló un investigador del Ejército. A través de la ofensiva denominada “Relámpago Rojo”, se pretende desarticular este grupo y reducir la economía ilícita con la que se sostiene el grupo guerrillero, para así dar captura o muerte de principales cabecillas. Luis Carlos Villegas, Ministro de Defensa, asegura que  el Clan del Golfo “tenía más de 4.000 hombres en combate hace cinco años, hoy tiene 2.000. Ahora está defendiendo lo poco que le queda, que es muy reducido frente a lo de hace 5 o 6 años”. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); }); No obstante, el Ejército ha encontrado en incautaciones hechas a este grupo caletas con más de 15 fusiles, ametralladoras M60 y un lanzacohetes RPG, muestra que conservan un gran poder armamentístico. A este grupo paramilitar también se le han incautado fusiles Barret calibre .50, con capacidad de perforar blindados, y la famosa pistola FiveSeven (calibre 7.62), conocida como la “mata policías”. Por otra parte, Los Pelusos, un reducto del EPL, que hace presencia en 11 municipios del Catatumbo. Posee un armamento moderno que incluye fusiles de precisión con los que ha atentado contra integrantes de la Fuerza Pública en Catatumbo. “Esta banda se financia en su mayoría del tráfico de hidrocarburos y cuentan con gran variedad de armamento”, afirma Quintero, comandante de la Policía de Norte de Santander. También hace presencia en el país el grupo guerrillero del Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), que se le adjudica el reciente ataque en el Centro Comercial Andino que dejó un saldo de 3 personas muertas y ocho heridas. Finalmente, pese al acuerdo Santos-FARC, en las últimas semanas ha sido sustancial el crecimiento de disidencia de ese grupo guerrillero, ya son cinco los grupos que operan en distintas partes del país. Fuente: El Colombiano

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