Obama fue el presidente de EEUU que más deportó y separó familias y nadie dijo nada

Ahora la opinión pública está indignada con las deportaciones y las cárceles para niños de Donald Trump; pero se olvida que estas crueldades llegaron a cifras inéditas con Barack Obama

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Los inhumanos tratos en la frontera no son inherentes al Gobierno de Donald Trump. Con Barack Obama las deportaciones llegaron a cifras inéditas. (Tim Kaine)

2,8 millones de individuos. Una cifra descomunal. Obama dejó la presidencia como el presidente de Estados Unidos que más deportó indocumentados; y, en consecuencia, separó familias. Casi tanto como la suma combinada de todos sus predecesores en el siglo XX.

Por encima de los Bush, de Reagan o Clinton. En su momento se supo, pero no hubo mayor escándalo. Y al parecer siempre es importante recordarlo.

El medio Univision Noticias realizó una revisión detallada de los números de deportaciones registradas en los últimos 30 años en Estados Unidos. De los períodos estudiados, el de Obama fue el que más expulsó individuos.

“Según datos publicados por el Departamento de Seguridad Nacional (NHS, por sus siglas en inglés), entre los años fiscales 2009 y 2015, el número de deportados fue de 2.671.860. Y, durante los diez primeros meses del año fiscal 2016 (al 30 de julio), la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) contabilizó 196.497”, según se lee en Univisión, en una nota publicada cuando faltaban seis meses para que Obama dejara la presidencia.

Por otra parte, también deben recordarse de su Gobierno los infames centros de detención familiar: “[Estos centros] que el Gobierno de Obama ha estado operando en Texas y Pensilvania, han sido una manera conveniente de manejar el creciente número de centroamericanos, muchos de ellos niños pequeños, que han llegado a la frontera sur desde 2014”, se lee en un editorial del New York Times sobre estos family detention centers, que el abogado y activista por los inmigrantes, Andrew Free, llama “cárceles para bebés”.

Sobre estos centros de detención, continuó el New York Times en su editorial de julio de 2016: “Si la administración Obama tomara en serio sus principios, cerraría las prisiones familiares y abandonaría su énfasis en la represión fronteriza a favor de mayores esfuerzos para permitir que los centroamericanos contacten abogados y proporcionar alternativas familiares y comunitarias a la detención. Demasiado dinero y esfuerzo se ha gastado para disuadirlo y detenerlos, para acelerarlos a través de la corte, para perseguir a aquellos a los que luego se descubrió que podían ser deportados”.

Mientras en la práctica se perseguía a los indocumentados y se aplicaban medidas feroces, Barack Obama mantenía una retórica completamente opuesta. DACA —o Deferred Action for Childhood Arrivals— y otras propuestas para abrir el sendero a la ciudadanía en el país jamás terminaron concretándose.

“Me atrevería a decir que fue el presidente que más ofreció y el que menos promesas cumplió”, dijo a PanAm Post una ciudadana americana.

Ahora varios medios han reportado la tragedia en las fronteras, pero responsabilizan al presidente Donald Trump. Las terribles «cárceles para bebés» aún existen, cierto. También se siguen dando las deportaciones y, en consecuencia, la separación de familias.

“Los hijos de migrantes y refugiados que cruzan la frontera sur de los Estados Unidos ilegalmente están siendo separados de sus familias mientras sus padres enfrentan un proceso legal. Mientras esperan que sus padres sean liberados, los niños ingresan en inhóspitos centros de detención, amueblados con jaulas metálicas y pisos de concreto. Las grabaciones de audio publicadas por una organización benéfica revelan la angustia que muchos niños experimentan en los centros, a pesar de la insistencia del Departamento de Seguridad Nacional de que los niños reciben un buen trato”, se lee en The Guardian.

Y es el nuevo tema favorito de los medios. El nuevo escándalo de la administración Trump. Hasta el punto que Melania Trump, esposa del presidente, dijo que “odia ver que niños son separados de sus familiares”. No obstante, también dejó claro: “Tenemos que ser un país que siga las leyes”.

The New York Times, The Washington Post, The Guardian, MSNBC, CNN y todos los grandes medios «liberales» de Estados Unidos y el mundo han dedicado sus espacios a resaltar las supuestas inmoralidades y atrocidades de la administración republicana en contra de los inmigrantes. Critican al hombre que anunció su candidatura proponiendo mano dura contra indocumentados. Que, en ese sentido, no ha cedido al cinismo.

Ciertamente, es descorazonador lo que ocurre en la frontera sur de Estados Unidos. La mayoría de los indocumentados son individuos que aspiran a obtener la libertad que ofrece un país que aún permite prosperar al inmigrante. Huyen de la violencia, de la miseria y de los autoritarismos en sus naciones.

Pero el problema es ese relativismo moral en el que, si Trump deporta, separa familias o cumple sus promesas electorales, es un pérfido que merece que todos los medios dediquen tinta a fortalecer esa matriz; en cambio, si lo hace Obama, el bonachón de las grandes intenciones, y de una forma más despiadada, son simples vicios de su administración que se pueden desatender.

La comparación es oportuna y sirve para advertir la parcialidad de la opinión pública. Lo cierto es que Trump cumple a su electorado, mientras que el Demócrata chévere no lo hizo. Deportó más y comparte mayor responsabilidad en la existencia de los crueles centros de detención para niños.

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