María Corina Machado: “La primera prioridad es sacar a Maduro”

En una larga conversación con Panam Post, la coordinadora de Vente Venezuela dijo que "lo que está buscando Venezuela es consistencia ética y carácter"

20.791
María Corina Machado habló con PanAm Post sobre su intención de ser presidenta, el respaldo teórico e ideológico de Vente Venezuela, su riqueza y valores. (Alejo Reyna)

Mientras la mayoría de los dirigentes de la oposición, otrora grandes caras de la contienda contra Maduro, se han ido desmoronando, María Corina Machado se ha mantenido como una figura sólida e inamovible. Ello la ha perfilado como la principal representante política para una parte de la sociedad que se opone a la dictadura de Nicolás Maduro. Y es una consideración que también comparten importantes actores de la comunidad internacional, que en las últimas semanas han demostrado un robusto respaldo a la coordinadora del partido Vente Venezuela y cofundadora de la alianza Soy Venezuela.

Hasta hace no mucho fue una figura que polarizó incluso a la oposición. Disruptiva y audaz. También incómoda. Pero pese al rechazo que le pudiera guardar cualquier disidente, solo un insensato intentaría negar sus valores más explícitos: el coraje y la coherencia; sobre todo de quien se define como “centro-liberal” y afirma que “los empresarios no son los enemigos”.

Por la intrepidez de llamar, desde hace bastante, «narcodictadura» al régimen chavista, ha recibido angustiosas amenazas y persecuciones. Ahora la están intentando vincular con un presunto plan de magnicidio, lo que convierte a la tesitura actual en la más sensible de toda su carrera política. De todo ello habló María Corina Machado con el PanAm Post.

Fue una amplia entrevista en la sede de su partido, Vente, ubicada en el corazón del este de Caracas, donde una clase media y alta, magullada por supuesto, aún vive. María Corina Machado habló de los riesgos que asume, de sus aspiraciones presidenciales y del soporte teórico de su fuerza política. También se definió ideológicamente, respondió al odioso “¿y tú qué propones?”; y se explayó sobre su “riqueza” y su familia.

Este podría ser el momento más delicado de toda su carrera política. Hemos visto las amenazas, el acoso, como el que se viralizó ayer, que sin duda deberían generar nerviosismo. Son amenazas serias. Se habla de que su vida pudiera estar en peligro. ¿No siente miedo?

No tengo duda de que este es el momento de mayor riesgo y de mayor responsabilidad. Y, consciente como estoy de que este régimen es capaz de neutralizar o aniquilar a cualquier persona, ya que no hay estado de derecho ni justicia en Venezuela; la amenaza para el país es tan grande que el único miedo que debemos tener es la permanencia del régimen en el poder. Punto. Ese es el miedo superior. Lo que pueda ocurrir si Maduro o las mafias continúan.

Y al lado de ese riesgo, de ese terror, todo lo demás es secundario. Y creo que es el mismo espíritu de la sociedad venezolana, que se constató el 20 de mayo. Una ciudadanía, amas de casa, mujeres, que las amenazaron con quedarse sin comida, si no participaban en esa farsa, y se rebelaron. Es decir: el chantaje del miedo en Venezuela se quebró.

Y, con respecto a esto, porque voy a hacer una pregunta que pudiera ser un poco ingenua: suponiendo que dentro de la oposición oficial no todo fuera complicidad; que hubiera gente realmente buena, con buenas intenciones —que probablemente sí las hay— pero, yo creo que pudiéramos argumentar que el miedo: el terror racional a estos tipos que no tienen escrúpulos; les pudiera impedir hacer cosas que usted sí ha tenido la valentía de hacer… ¿Por qué cree que pudiera ocurrir esto? ¿Qué sabe usted que los otros no? ¿Qué la respalda? 

Yo no puedo hablar por otros, Orlando. Y nunca he especulado, ni lo voy a hacer hoy, acerca de las razones de unas u otras actitudes. Si te puedo decir que la persecución de este régimen es brutal y lo más horrible que ellos hacen, lo más cruel, no es obvio ni es público. La forma como ellos chantajean, amenazan y persiguen por detrás, es típicamente cubana. Y los cubanos a su vez lo aprendieron de la Stasi.

Es demoledor. Y, si es miedo, si es chantaje o extorsión o intereses, al final lo que importa son los resultados. Y los resultados son que cada día que Maduro está en el poder se miden en muertos. Por lo tanto, los errores que se han cometido en la dirección política, se traducen en muertos y miseria para el país.

Con esto digo que hay muchísimos venezolanos que se han ido del país porque han sido perseguidos de una manera brutal. Y yo los respeto y los valoro. No los descalifico. Mi determinación de estar aquí se debe a que yo sí confío en las fuerzas que hay dentro del país. En todos los sectores: sociedad civil, partidos políticos… ¡Civiles y militares! Para enfrentar y quebrar esta tiranía. Y porque sé que hoy tenemos el respaldo y la acción decidida de la comunidad internacional para lograr la transición sin demora.

De alguna manera estos valores… La exposición de ayer, en la que usted le reviró a unos sicarios del régimen, a los que cualquiera pudiera temerle, la perfilan de alguna manera como una líder sólida dentro de la oposición venezolana. Eso le ha dado un piso político importante al que pudieras sacarle provecho. ¿Tiene aspiraciones presidenciales? ¿Quisiera ser presidenta?

Yo eso lo he dejado muy claro y la respuesta es absolutamente sí. Pero eso lo tengo tan claro como el hecho de que en este momento no hay elección de nada mientras Maduro esté en el poder. Y el que esté pensando en eso no entiende nada. La única prioridad que debemos tener todos los venezolanos es lograr que Maduro y sus mafias salgan del poder lo antes posible para iniciar un proceso de transición que va a ser muy delicado y muy complejo; pero también apasionante.

Yo quiero dejar algo muy claro: en Venezuela hay talento, conocimiento, experiencia y ganas para hacer esa transición. Y para hacerla bien. Nosotros sabemos lo que hay que hacer en la transición para: uno, atender la crisis humanitaria. Dos, estabilizar la economía. Tres, resolver la crisis de seguridad interna. Cuatro, ejercer la soberanía en el territorio nacional. Cinco, abordar la infraestructura y los servicios de manera inmediata. Seis, reinstitucionalizar los poderes públicos. Esa es la agenda de la transición y está clarísimo lo que tenemos que hacer.

Pero lo prioritario es: primero se saca a Maduro. Dos, se estabiliza el país. Y tres, vendrá una elección para la cual, ya se verá quienes competirán.

Y en el caso de que se den unas elecciones libres, ¿se candidatearía de inmediato?

Todo depende del rol que yo juegue de aquí a allá para lograr la recuperación del país. Pero te repito: yo sí quiero poder servir a mi país desde la presidencia de la República.

Tiene vocación de poder. 

Y eso tiende a verse de una manera negativa. Y es todo lo contrario.

Es elemental.

Un político que no tenga aspiración de llegar al poder para servir, entonces no ha entendido la dinámica de esta profesión. Ahora, eso no es suficiente. El país hoy sí quiere ver la aspiración del poder porque asociado a ello está el asumir riesgos, desafíos… Un trabajo incansable. Un sacrificio en muchos otros planos de la vida… Hasta en la salud. Pero eso no es suficiente.

Yo creo que lo más importante, hoy, que está buscando Venezuela, es la consistencia ética. El carácter. Porque sobre ello se basa la capacidad de construir confianza. Y eso es hoy lo más necesario para canalizar toda la indignación hacia una dirección constructiva y propositiva. Porque no es solo el repudio a este sistema lo que nos debe mover; tiene que ser la convicción de que podemos hacer las cosas muy distintas.

¿Coincide en que eso la pudiera diferenciar de otra parte del liderazgo, que quizá no tiene esa vocación de poder? ¿O pudiéramos coincidir en que todos los grandes hombres de Venezuela, que formaron los que en su momento fueron los grandes partidos…?

¡Y mujeres!

Cierto, es importante señalarlo. ¿Pero coincide en que ellos han tenido esa vocación de poder, esencial en todo político? 

Te repito: yo no quiero interpretar a ningún otro dirigente político o de otro sector en el país. Yo creo que al final uno rinde cuentas a la historia. Y creo que además la historia será implacable con este período de lucha… Bueno, como lo está siendo la opinión pública hoy, por cierto.

Pero yo sí te diría que ha habido diferencias en nuestras posturas. Y que a su vez son sanas. Yo creo que pretender la unanimidad en las posiciones, dentro de las fuerzas que se han llamado oposición, es profundamente dañino. Tiene que haber debate. Tiene que haber diferencias y contraste. Ahora, ¿dónde tiene que haber coordinación? En el propósito y en la urgencia para salir de la tiranía.

Hace poco estaba hablando con un profesor querido y valioso, que tuvo una crianza de izquierda. Él me comentó algo que creo que es muy importante señalar y él lo ve como algo muy positivo: que es que usted —y este pudiera ser uno de los valores más grandes inherentes a este movimiento que usted ha generado—, le ha dado, de alguna manera, una voz sólida a la derecha venezolana… ¿Qué opina de esto? 

Bueno, en primer lugar: que las categorías de izquierda o derecha las inventó el marxismo y están completamente superadas. En segundo lugar, que para la izquierda solo existe: la izquierda con sus matices y la ultraderecha. Y resulta que hay una postura, que es el centro… El centro-liberal. Vente es un partido centro-liberal; y que tiene diferencias profundas, con posiciones conservadoras o de derecha… Y las respeto. Las respeto. Las que se asocian a ese marco de izquierda o derecha.

Al final, ¿qué pienso yo? Aquí hay ideas que funcionan e ideas que no funcionan. Y el Estado que interviene en la economía, en la planificación industrial, en la planificación familiar, simplemente no funciona. Yo creo que el ser humano puede tomar mejores decisiones, sobre su vida y sobre su futuro, que el Estado.

Eso sí: desde luego requiere una sociedad que haya tenido un acceso a la educación, al conocimiento, a la innovación y que sea responsable. Si algo hemos tenido en exceso en estas décadas ha sido un control del Estado sobre la sociedad. Al punto de subordinar la sociedad al Estado. Y , desde luego, haber tenido una enorme renta petrolera favorecía ese Estado que lo decidía todo.

Paradójicamente, la destrucción total de PDVSA —y los desafíos que tenemos por delante de construir una sociedad diversificada y productiva— creo que permite las condiciones óptimas para que surja una sociedad de propietarios, de emprendedores, de ciudadanos responsables. Y que el Estado esté al servicio de estos ciudadanos y que además les rinda cuentas.

Para mí esa sí es la voz del ciudadano libre e igual. E insisto: libres e iguales. Nunca ha habido, hay que decirlo, un partido liberal en Venezuela. En la Venezuela moderna.

Ok. Entiendo lo de centroliberalismo, pero… Esto suena abstracto. Es como, ¿qué es eso? ¿Liberal de centro? 

¿Pero cómo va a sonar abstracto? Todo lo contrario. Es lo más aterrizado que hay.

Mira: yo creo en el libre mercado, creo en las instituciones sólidas, creo en la responsabilidad individual. En los derechos de las minorías. En un Estado sólido, pero reducido a la prestación de bienes públicos, no interviniendo directamente en la producción de bienes privados; pero con una capacidad de garantizar el cumplimiento de las leyes; de manera que todos los venezolanos seamos ciudadanos iguales ante la ley, sin privilegios. Eso no excluye una dimensión que a veces algunos voceros de izquierda tratan de capitalizar, que es la solidaridad indispensable para que una sociedad pueda surgir.

Yo creo, y lo veo como uno de los valores fundamentales en una nación del futuro, en la capacidad de cooperación. Y en la riqueza entendida como algo mucho más allá del ingreso material.

Y esta es una de las cosas que tenemos que demoler: que Venezuela es un país rico porque tiene petróleo bajo tierra. El petróleo bajo tierra vale cero. ¡Cero!  Y nosotros estamos a punto de padecerlo, si no hacemos algo pronto.

¿Dónde está la riqueza de una nación? En la educación, en sus instituciones y en la vigencia y las garantías de las libertades individuales. Esos son los indicadores de riqueza en una nación. Y en ese sentido, es verdad, es una ruptura con lo que nosotros hemos venido viviendo. O, digamos, con lo que crecimos. Sí es una ruptura: es dejar atrás ideas socialistas que no funcionan. Ni aquí ni en ninguna parte del mundo. Nosotros estamos planteando ideas que sí funcionan.

Eso no quiere decir que yo no tenga plena consciencia de que estamos arrancando, con un país que tiene el 87% de la sociedad en pobreza. Donde tú tienes una fragilidad a nivel del núcleo familiar, que es brutal. Donde tienes instituciones que están en las ruinas. Entonces, en función de eso, obviamente hay que hacer una primera inversión. Un esfuerzo monumental para atender la emergencia y traer a ese sector amplísimo de la sociedad, que ha estado excluido (de la educación, de la salud, del mercado laboral) para que puedan ser autónomos por sí mismos.

Y si debemos quebrar con algo, es con el populismo, con el clientelismo… Y con el sistema de privilegios. Y desde luego con el estatismo.

(Alejo Reyna)

Cierto. Estamos hablando de una ruptura. Aquí nunca se ha ensayado el libre mercado propiamente; porque, bueno, el tema de la renta, etcétera; pero, también es una tradición izquierdista. ¿Esa ruptura no necesariamente implica abrazar la derecha?

En lo absoluto. Y te lo vuelvo a repetir: yo creo que ese espectro de izquierda o derecha ya es arcaico…

…¿Por qué no es usted de derecha? ¿Por qué me puede decir: “No soy de derecha”? 

En primer lugar: yo no creo que sean los preceptos tradicionales o religiosos los que deban imperar sobre la libertad y la conciencia individual, fundamentalmente. Y porque yo considero que todos los ciudadanos son libres e iguales, al margen de sus preferencias, digamos, religiosas, ideológicas, sexuales o raciales.

Yo creo que cada individuo es único en sí mismo y es libre e igual al otro.

O sea, ¿no simpatiza con el conservadurismo? 

No. De hecho yo creo que no hay nada más conservador que el comunismo.

Coincido. Y es muy paradójico. ¿Cuál es el soporte teórico de Vente? ¿Cuáles serían los valores fundamentales? 

Nosotros hemos llamado a nuestra doctrina: el libre desarrollo. Y parte de un conjunto de nuestros valores, son: la libertad individual, la dignidad humana, el derecho, la responsabilidad, el conocimiento, la primacía, la economía de mercado, la propiedad privada, el respeto al medio ambiente, la familia, la solidaridad, la sociedad abierta, el respeto y el mérito. Son algunos.

Creo que uno de los mayores valores que quizá pudiera tener Vente, y uno tuviera que reconocerlo así no simpatice con el partido, es que es una fuerza política que forma a su militancia. Veo que existe un aporte teórico importante a la militancia. ¿Cuál cree usted que serían las influencias principales de Vente en cuanto a un soporte ideológico o teórico? ¿En qué andamiaje teórico se soporta el partido?

A mí me resulta muy satisfactorio hoy, cuando hemos tenido varios años, como tú dices: invirtiendo en formación, con los recursos super escasos; y entonces tú ves a los muchachos diciéndonos: “Necesitamos camisas, necesitamos gorras o banderas”. Y nosotros les mandamos un curso de debate sobre sistemas de Gobierno o economía política o filosofía política. Entonces te podrás imaginar: al principio era un poco frustrante y sorpresivo. Porque al principio ellos: “Que necesitamos la camisa o la gorra”. Y, oye, no hay para los dos. O formación o gorras.

Y para mí también era frustrante. Porque íbamos a una marcha o una concentración y estaban todos los chamos y ninguno tenía su camisa… Y yo entiendo la importancia, porque al fin y al cabo eso te da identidad. Y eso es bellísimo. Pero hoy, cuando voy por distintas partes del país, uno detecta y diferencia cuando un chamo es de Vente. Tú ves la elocuencia, la pasión y también la solidez de los argumentos con que defienden sus ideas. Para mí eso es muy grato y satisfactoria porque, bueno, ha sido en poco tiempo. Vente es un partido muy joven. Y de muchos jóvenes, además.

Pero le hemos metido muy duro en este tema. Además de nuestro coordinador de formación, que es Pedro Urruchurtu, que también es un chamo joven pero muy destacado, tenemos una coordinación de promoción de valores, donde está el profesor Carlos Leañez. Y es en nuestra dirección nacional. Hasta donde sabemos esto es inédito en un partido en Venezuela.

Y eso te demuestra cuánta importancia le damos a asegurarnos que somos coherentes en nuestros valores. En lo que hacemos y decimos. Pero también sobre cómo actuamos en lo interno.

Nosotros tenemos unos estatutos, que de verdad fue un trabajo arduo y detallado. Estudiamos los estatutos de todos los partidos políticos que ha habido en Venezuela. Y estudiamos partidos políticos que han surgido en el mundo y son vanguardia hoy. Construimos unos estatutos en el cual tenemos claridad y justicia. Todos entendemos cómo interactuamos acá. Cómo se toman las decisiones. Que exista mérito y estímulo a la iniciativa y a la creatividad. Y también a la disciplina.

Eso es muy bueno, pero quiero volver a la pregunta: ¿qué referencias tiene Vente para elaborar toda esta propuesta? ¿Qué soporte teórico e ideológico? ¿En quiénes se pudieran basar? 

Mira, nosotros hemos estado acá estudiando desde el liberalismo clásico hasta sus versiones más recientes. Y, si algo yo siento que hemos intentado, es aplicar —y por eso lo llamamos libre desarrollo— nuestra visión, de este conjunto de ideas. Cómo se convierten en una ruta de conducción, con estos valores, para la Venezuela y el momento actual.

Nosotros tenemos miembros de la organización que vienen de Bandera Roja. Y hay personas que vienen del socialcristianismo. Y personas que vienen de Acción Democrática. Pero que acá hemos ido construyendo un conjunto de valores y propuestas, suficientemente amplios para que pueda existir el debate interno.

Hay quienes dicen: “Bueno, ¿es liberalismo clásico?”. No solo. Es decir: hay pensadores, economistas y filósofos políticos, mucho más modernos, que se toman en cuenta. Aquí los chamos estudian desde Stuart Mill, Hayek o Friedman hasta Amartya Sen. Es amplio. Nuestra concepción del desarrollo y el individuo en una sociedad que les ofrece las oportunidades y las garantías para poder insertarse, de tal manera que pueda desarrollar su talento y su potencial, sin importar en qué familia haya nacido.

Hay algo que quiero agregar: que es que la gente suele confundir el liberalismo, o la visión liberal, con una propuesta exclusivamente económica. Nosotros lo concebimos como una forma de vida. Es como una forma de concebir la vida. De concebir al individuo. Esto trasciende, incluso, una propuesta restringida a una doctrina política.

¿Se podría decir que Vente no solo tiene vocación de poder y la voluntad de que haya un cambio de régimen, a una sociedad libre, sino que existe un verdadero interés de transformar a una sociedad? ¿La idea es integrar a una ciudadanía a una nueva dinámica que pueda generar prosperidad? 

Desde luego existe un interés inmediato. Una visión. Si nosotros no sacamos a Maduro o al régimen del poder, pronto no va a haber nación. Estos tipos están promoviendo la disolución de la nación. Porque no es un mal Gobierno y ni siquiera es una mala dictadura. Esto es otra cosa y hay que asumirlo. Esto es el crimen organizado en el poder.

Yo recuerdo que te lo decía hace un tiempo y la gente se escandalizaba. Y resulta que nos quedamos cortos, Orlando. Con lo que dijimos y lo que está ocurriendo. Lo que ocurre es la disolución de la nación. En sus tres dimensiones esenciales: población, territorio e instituciones. La disolución de Venezuela. Entonces obviamente esa debe ser la prioridad para todos. Y ahí podemos converger personas que tenemos distintas ideologías, a todo lo largo del espectro. Porque existe un objetivo superior que es la reinstitución de la República.

Ahora, una vez que estás en el poder, nosotros desde Vente sí aspiramos a hacer reformas tan profunda que pudieran tener consecuencias a larguísimo plazo. Y en ese sentido, ¿qué queremos? Pues garantizar que se comprenda que el centro de la sociedad es el ser humano. Con sus deberes y responsabilidades…

…El individuo.

¡Es el individuo! Y eso, según yo lo veo, cambia los incentivos y las lógicas que han promovido el populismo, la dependencia y los sectores de poder que se han beneficiado astronómicamente a costa de la pobreza de este país.

¿Qué ocurre con estos sistemas socialistas? Tú terminas teniendo unos sectores muy reducidos en el poder. Tremendamente opulentos y un pueblo cada día más pobre. Entonces cuando a ti te dicen: “Bueno, es que ahora es que hay cosas culturales”. ¿Qué cosas culturales? ¡No me vengan con esos cuentos! Mira el progreso que ha tenido Chile en los últimos años. O el mismo Perú. O tú puedes ver la comparación entre lo que fueron las dos Alemanias, cuando una estaba insertada en una economía abierta y la otra estaba bajo el yugo comunista… ¡Ahí tienes a Corea del Norte o Corea del Sur! Y no me vengas a decir que ahí tienes diferencias culturales. Es un sistema de incentivos, amparados en unas instituciones muy sólidas.

Entonces para mí lo más importante que nosotros quisiéramos dejar, como aporte al país, es la fortaleza institucional y una cultura ciudadana que promueva la cohesión, la cooperación; pero al mismo tiempo la conciencia democrática.

Cambiando un poco de tema: hay una oposición que es falsa. Cierto. Y, según usted misma ha dicho, una verdadera oposición. ¿Quién es esa verdadera oposición?

La que no convive, la que no es cómplice ni corrupta.

Está Soy Venezuela. Es una alianza que nació, pero yo siento que no ha trascendido y mucha gente siente que no ha trascendido…

¡Yo siento todo lo contrario! Y veo todo lo contrario. Soy Venezuela nace después del 16 de julio, cuando sentimos que la dirección política había desconocido ese mandato. Y que era necesario llamar a todos aquellos, y que pudiéramos coordinar con todos aquellos venezolanos, dentro y fuera del país, en la sociedad civil o en la política, dispuestos a hacer lo que tengamos que hacer para restituir la República. Y entendiendo que este régimen no está dispuesto a dejar el poder ni por la vía electoral ni por la vía del diálogo; sino que tiene que ser por la vía de la aplicación de toda la fuerza.

Y quiero dejar algo claro antes de que me lo pregunten: fuerza no es violencia. Y eso es un chantaje, típicamente cubano. Fuerza es fuerza. Es presión. Crear todas las condiciones para que el costo para Maduro, de quedarse, sea mayor al costo de irse. Y eso es lo que ha hecho Soy Venezuela. Y en cuestión de unos meses, menos de un año, Soy Venezuela está en todos los estados del país y en más de cincuenta países alrededor del mundo. Soy Venezuela es un referente, para los venezolanos y para la comunidad internacional. Dime tú si eso es poca cosa. Y con recursos muy limitados, porque esto es un país que ha sido sometido a la ruina y porque nosotros no aceptamos ni un centavo de dinero que está comprometido con negocios oscuros de la dictadura.

Pero, ¿qué es Soy Venezuela que no sea Vente? 

Eso es una pregunta muy importante. Vente es un partido con una ideología clara: el libre desarrollo. Además, como tú bien has dicho: con un proyecto de llegar al poder para servir.

Soy Venezuela es una plataforma en la que pueden converger ideologías muy distintas. Alianza Bravo Pueblo es un partido socialdemócrata. Hay gente que viene de Convergencia, que es socialcristiano o Copei. Militantes de algunos de estos partidos… Y, desde el punto de vista de la sociedad, en Soy Venezuela hay curas, hay sindicalistas, hay activistas de derechos humanos, cantantes, deportistas. Hay estudiantes, amas de casa, que no quieren necesariamente formar parte de un partido. Entonces es una coalición ciudadana, global; y cuyo propósito es restituir la democracia.

Es coyuntural, ¿entonces? ¿Ese es su único propósito? 

Su propósito es lograr la salida del régimen y prepararnos para la transición.

Ahora que me dice eso… Y, entendiendo que usted es una de las caras más visibles de Soy Venezuela… Yo no quería hacerle esta detestable pregunta…

…Esas son las mejores preguntas.

Hay una inquietud, María Corina. Existe. Y esto, a pesar de que sé que usted lo ha dicho, lo ha respondido, lo ha explicado… Y es el aborrecible: “¿Y tú qué propones?” ¿Cuál es la ruta, concreta, que usted pudiera plantear? Que la gente deje de tener esa duda, esa inquietud de que su discurso es, de repente, abstracto.

El planteamiento nuestro es aterrizadísimo. Lo que pasa es que hay gente que le da miedo asumirlo. Y el planteamiento ha sido: este es un régimen que no va a salir por elecciones. Esta gente no va a respetar ningún diálogo. Esta gente solo entiende de fuerza. De fuerza ciudadana y de fuerza internacional. El país lo tiene clarísimo. Y a mí jamás me han preguntado eso en ninguna asamblea de ciudadanos que he hecho rodeada de gente.

Ayer estaba en Miguel Peña. La gente lo tiene clarísimo. Porque en este país, hace muy poco salimos de una dictadura, que fue la de Marcos Pérez Jiménez. Y fue eso: un gran movimiento ciudadano que incluye, desde luego, ciudadanos civiles y ciudadanos militares.

Es la desobediencia total, Orlando. ¿Las dictaduras en qué se sostienen? En la obediencia. Cuando la sociedad desobedece. Que desobedece el empleado público, el empleado de Corpoelec, el del Ministerio, el médico o la enfermera. La maestra, el fiscal, el empresario, el estudiante, el militar. Que desobedecemos todos… Las dictaduras caen y se van. Y hay distintas maneras en que esa desobediencia va cogiendo fuerza y forma.

¿O cómo llamas tú lo que están haciendo las enfermeras desde el 25 de junio? Que se les suman ahora los médicos, los profesores universitarios y los transportistas. ¡En Venezuela hay más de 80 protestas diarias! Y eso es desobediencia.

Y eso es una energía que va creciendo y que se va alineando. Y eso es parte de nuestro trabajo: alinear todos esos esfuerzos y expresiones en una sola dirección. Gente que hasta hace un tiempo te decía: “¡Quiero agua, quiero agua!”. Y le llega un camión de agua, y antes se callaba la boca, pero ahora dicen: “Quiero agua, quiero salud ¡y quiero que se vaya Maduro!”. Ya los venezolanos estamos clarísimos. El vínculo ineludible que hay entre el problema (no tengo agua, no tengo gas, no tengo comida ni medicina) y la solución: que todo pasa por la salida de Maduro.

¡Esa convergencia se ha dado! Eso yo lo veo en todas partes. “No, que y que hay que politizar la protesta…”. ¡Pero estos no han ido ni a una sola protesta! Porque yo que estoy recorriendo el país por carretera, como sabes, donde tú vas lo primero que te dicen es: “¡Fuera Maduro!” —aunque claro, le agregan una coletilla no apta para este horario—.

Es así. La gente está clarísima. “Y que se vaya ya”. Entonces, ¿cómo que qué propongo? Yo propongo esto: seguir elevando y articulando la presión, la demanda, la desobediencia, articulada, con la presión internacional. La comunidad internacional se ha articulado con nosotros para aplicarle toda la presión a Maduro para que entienda.

Y , por otra parte, otra fuerza que está aplicándose, y de manera implacable, es la de los mercados. Que es algo que yo no me explico por qué no se debate más. ¿Estamos conscientes de que hay 102 barcos, tanqueros, fondeados en la costa venezolana, que no pueden poner las narices en aguas internacionales. ¿Estamos conscientes de que este es un régimen que pretende robar USD $2000 millones a Conoco Phillips y que estas empresas decidieron actuar, como lo hacen los tenedores de bonos?

Porque todos ellos tienen el deber de cobrar. Ese es el deber que tienen las empresas privadas. Es su deber de cobrar. Tienen accionistas y tienen acreedores. Y este régimen tiene el deber de pagarles.

No solo es un régimen maula; sino sinvergüenza y ladrón, que cree que ellos van a poder hacerle lo mismo a estas empresas, parte de la comunidad internacional, que lo que nos hacen a nosotros. Eso se acabó. La tolerancia y las expectativas del mercado se quebraron. Y eso, déjame decirlo claramente: no tiene vuelta atrás. Punto. Maduro no puede hacer nada a estas alturas para recuperar esa confianza. Nada.

De modo que todos los que tienen inversiones en Venezuela… ¡Todos! Desde el que tiene un dólar en un bono de PDVSA o en la República, hasta el que tiene invertido un dólar en una empresa en los sectores, comunicaciones o minería. Ellos entienden que mientras Maduro esté aquí, sus inversiones valen cero. Y sus deudas valen cero.

Por lo tanto, hoy todo aquel que quiera invertir en Venezuela, o recuperar sus inversiones, al igual que tú o que yo, o la gente que estaba ayer en Miguel Peña muriéndose de hambre, estamos apostando a unas sola cosa: que Maduro y el régimen salga lo antes posible.

Entonces, ¿la ruta no pasaría por convocar manifestaciones nuevamente? En cambio, ¿permitir que la coyuntura vaya degradándose?

No, no. Eso suena a que tú estás cruzado de brazos, esperando que caiga el mango. ¡Para nada! Todo lo contrario. Cuando te digo desobedecer, es incrementar la presión. ¡La denuncia, la exigencia y la protesta! Es activo, no pasivo ni contemplativo. ¡Es protagonista! Porque esto hay que acelerarlo. Y yo no descarto que podamos tener nuevas concentraciones de gran magnitud, si es necesario llegar a ello.

Creo que en este momento se están articulando y creciendo, fuerzas y presiones, que nos van a llevar a un punto, insisto, en que Maduro, por su propio bien, optará por aceptar los términos que nosotros impongamos para su salida del poder.

Es decir: ¿esto es insostenible?

Esto es insostenible y esto hubiese terminado ya, hace mucho tiempo, si no estuviésemos enfrentado criminales, a quienes no les importa que la gente muera. Esto no es una dictadura más. Esto es el crimen organizado en el poder. Un Estado forajido. Que, como ha dicho el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, no tiene fronteras. Y ya tú ves lo que está pasando en Colombia y Brasil.

¿Cuánto tiempo no advertimos lo que iba a ocurrir? ¿Cuánto tiempo no lo advertimos? Y nos decían: “No vale, eso no va a pasar. Lo que ocurre es que ustedes son impulsivos o impacientes”. Mira, la respuesta es sí. Sí somos impacientes. Yo sí lo soy, ante el dolor y ante el hambre. Y esto que estamos viviendo se hubiera podido haber evitado.

¿Ve la inminencia de una transición? Hace falta un acontecimiento para que se produzca el cambio. ¿De dónde cree que vendrá ese acontecimiento? Hay varios actores: la comunidad internacional, los marines, los militares… ¿De dónde cree que podrá venir ese acontecimiento?

Mira, primero: estoy convencida de que en Venezuela hay fuerzas, ciudadanas e institucionales, civiles y militares, para provocar suficiente presión para que el régimen entienda que esto no tiene vuelta atrás. Ahora, lo hemos dicho insistentemente durante muchos años: esto se convirtió en un conflicto transnacional. Y el régimen lo hizo así. Ellos metieron aquí a los cárteles de la droga. Metieron aquí a a la guerrilla colombiana, que ocupa más del 60% de nuestro territorio. Metieron a grupos terroristas islámicos. Metieron a las bandas del contrabando y a los grupos financieros más oscuros del planeta. Y son esas fuerzas a las que les conviene mantener el statu quo. Y son fuerzas poderosas.

Pero nosotros los venezolanos hemos resistido prácticamente solos hasta que —y yo tengo aquí que reivindicar a la rebelión del 2017, que quebró esa inacción internacional; por eso yo no puedo quedarme quieta cuando alguien dice: “Ah, es que fracasó”. ¿Cómo es que fracasó? Obviamente el objetivo era sacar a Maduro y estuvimos a un paso de lograrlo. Y no se concretó porque hubo una dirección política que sí se quebró. Y que sí se desvió. Pero nosotros logramos, con esos cuatro meses de lucha, con el sacrificio infinito que significa el asesinato de 146 venezolanos, que la comunidad internacional tomara la decisión de actuar y comenzar a hacerlo—.

Entonces, a mí no me vengan a decir que entonces las opciones que nosotros estamos planteando son: o no hacer nada, o la invasión militar internacional. Eso es banalizar la realidad de lo que nosotros estamos planteando en Venezuela. Hay muchas acciones que se están generando en el plano internacional que están funcionando, y otras adicionales que se deben tomar. Como por ejemplo: avanzar y apoyar toda la investigación por los delitos de lesa humanidad, en la Corte Penal Internacional; la aplicación de la Carta Democrática Interamericana; el reconocimiento del legítimo Tribunal Supremo de Justicia en el exilio; y, desde luego, la aplicación de más sanciones a los culpables de violaciones de derechos humanos, o a los testaferros de corruptos. Y esto último es importante, porque toda esta información debe ser revelada.

Y la comunidad internacional debe escalar en estas ofensivas.

(Alejo Reyna)

¿Qué opina de la propuesta del profesor Ricardo Hausmann, que en estos días ha cogido fuerza por una publicación de la AP, sobre la urgencia de una incursión militar en Venezuela para deponer al régimen de Maduro? 

Bueno, te acabo de contestar: yo creo que hay muchas otras cosas que deben hacerse. Y hacerse ya, al menos desde la comunidad internacional. Te repito: yo confío en que existen en Venezuela fuerzas institucionales, tanto en nuestras Fuerzas Armadas como en nuestros grupos de seguridad, civiles, que puedan poner un freno a la pretensión del régimen de aniquilar a esta sociedad.

Pero también creo que es muy importante enviar señales muy claras que faciliten que esos ciudadanos venezolanos, en estas distintas instituciones, actúen apegados a la Constitución, y que se manifiesten y desacaten órdenes criminales e inconstitucionales e ilegítimas de la dictadura.

Entonces sí creo que hay que insistir en enviar señales. Y de manera muy clara, efectiva e inequívoca; y creo que esta es la razón por la cual me persiguen.

Pero, ¿esa posibilidad de una incursión militar no le parece delirante? ¿Cree que es sensata esa alternativa? 

Te he dejado claro que yo considero que no hay que llegar a esa posibilidad. Por lo que te estoy diciendo: porque creo que hay fuerzas internas y porque hay muchas otras cosas que la comunidad internacional puede y debe hacer.

Ya para ir terminando: hemos visto en las últimas semanas que goza de un respaldo internacional muy importante. Eso ha quedado claro. Hemos visto cómo está teniendo un papel fundamental en encuestas que antes ni siquiera la tomaban en cuenta. ¿Por qué cree que se ha dado todo esto? 

Mira, yo creo que la sociedad venezolana está demandando un cambio profundo. Y no solamente en el régimen, sino también en la forma de la política alternativa. Yo creo que el país reclama y exige, con todo derecho, firmeza, transparencia y coherencia.

Yo he estado consciente de que muchas veces he adoptado posiciones que no son las más fáciles, que no es lo que la gente necesariamente quiere oír. Y eso tiene distintas consecuencias para un político. Una de ellas es que te cierran todos los medios de comunicación. Otra es que te expulsan a patadas de la Asamblea. Y otra, como tú bien dices, es que las encuestas te ignoran. Pero yo creo que este es un momento en el cual la sociedad le pasó por encima a todo eso. Le pasó por encima a las televisoras que, no solamente no me invitan, sino que tienen prohibido que yo pise sus instalaciones. ¡Honor que me hacen! Esta sociedad le ha pasado por encima. Y lo hace porque tú tienes los medios alternativos o las redes sociales, en los cuales ahora la gente confía. Y le ha pasado por encima a la manipulación de analistas que quieren imponer una narrativa o “dialéctica” del régimen. Y buscan encasillarte en posiciones para caer en esos falsos dilemas típicamente cubanos. Y yo creo que la gente tiene clarísimo quién es quién.

Aquí ha habido dos quiebres: el del 16 de julio y el del 20 de mayo. Fue un quiebre, con el régimen y con una forma de hacer política de la llamada oposición. Y hoy la sociedad está totalmente clara. Yo estoy dedicada a plantearle a todos los venezolanos, independientemente de sus posiciones ideológicas, un reencuentro para la lucha democrática. A través de una política que fue el mandato del 16 de julio, ratificada el 20 de mayo. Que fue una política de la fuerza moral, ciudadana y organizacional que tiene que existir en el país con una conducción política firme y confiable. Con eso estoy comprometida.

Estoy contactando y me están contactando compañeros de todos los sectores y partidos, con quienes incluso llegamos a tener diferencias muy importantes, pero con los que hoy guardamos coincidencias éticas y estratégicas. Y ese reencuentro, esa convergencia, tiene que producirse muy pronto para aprovechar una oportunidad que se acerca, que la estamos construyendo.

Pero esto se debe dar entre todos aquellos que estemos convencidos con este propósito. Aquellos que estén dispuestos a cooperar, a colaborar, a esperar… Para mí, eso no es oposición.

Por lo tanto, no es un tema ideológico. Hay compañeros con quienes tenemos diferencias ideológicas muy profundas, pero tenemos coincidencias éticas; y además, el propósito es sacar a esta dictadura lo antes posible. Y tenemos confianza en el pueblo venezolano y en su fuerza.

¿Cuál cree que es la percepción sobre usted? Entendido que quienes tratan de apartarla, dicen que usted es la dirigente sifrina, rica, mujer… Todos estos adjetivos, peyorativos para algunos idiotas.

Bueno, pero eso tienes que preguntárselo a la gente. Lo que yo sí te puedo decir es que a mí jamás, en un barrio de Venezuela, alguien me ha dicho sifrina.

¿Cree en la riqueza como valor real? 

Lo acabo de escribir. ¿Lo leíste? Ser rico es bueno. Creo en la riqueza…

…Disculpe que la interrumpa; pero, creo que es hasta subversivo que un político venezolano se atreva a decir algo así…

…Ya va, ¿pero viste la respuesta? ¿La viste? ¡Es maravillosa! ¡Ay, se escandalizan en el Country Club! Pero sube para Petare, o ve para la frontera o ve para Miguel Peña, y la gente dice: “¡Pero claro!”. Eso es lo que la gente quiere.

Aquí no ha nacido la primera mujer, la primera madre venezolana, que diga: “Yo quiero que mi hijo, cuando crezca, viva del Estado”. ¡Mentira! Te dicen: “Yo quiero que ese carricito se faje, y sea médico o empresario. Emprendedor. Técnico, músico o pelotero. ¡Pero que sea el mejor!”. Y para lograr eso, una madre se queda sin ir para el médico, sin comer o sin ir para la peluquería —y eso para la venezolana es bastante—.

Entonces no me vengan con ese cuentos. Yo estoy muy orgullosa, ¡honrada!, de mi familia y de mis antepasados. Me enseñaron a amar a este país; pero sobre todo me enseñaron el valor de la dignidad del trabajo. Y que las cosas en la vida hay que ganárselas. Y que tú respetas al otro; pero también me enseñaron que quien más ha recibido, más tiene que dar. Y esa es la esencia de la solidaridad.

Entonces, ¡claro que ser rico es bueno! ¡Es buenísimo! Pero la riqueza concebida no solamente con tener plata en el bolsillo —porque te la pueden quitar, te la roban; dímelo a mí—. Es la capacidad de generar riqueza, de generar bienestar. Y yo voy a decir algo más allá: ¿sabes qué? De disfrutar la vida. De disfrutar un atardecer o comerte un quesito guayamano de Clarines.

Es la riqueza cultural. Son las tradiciones…

…Inherente a una sociedad próspera.

Es la energía de una sociedad que valora y estimula al que invierte. Entonces, el empresario y el emprendedor, no es el enemigo, como lo decía Chávez; sino es un ejemplo para el más joven que está entrando en el colegio. Que diga: “Yo quiero ser así. Yo quiero generar bienestar, yo quiero generar empleo. Yo quiero tener responsabilidad social y ambiental”.

Yo no creo y no quiero que el ejemplo para los niños venezolanos sea el enchufado o el pran; sino el trabajador digno. El que hace, en su área (las artes, ciencia, la cultura, la tecnología o el campo); y lo hace bien. Y además lo hace con consciencia social.

(Alejo Reyna)

¿Tú eres rica, maría Corina? 

Sí, sí soy. Y no estoy hablando de la plata, obviamente.

Soy rica en el sentido de que yo valoro lo que tengo. Valoro una familia extraordinaria que me ha dado, sobre todo, ejemplo, confianza y respeto. Soy rica en el sentido de que tengo amigos entrañables.

Soy rica en el sentido de que tengo un equipo de trabajo del cual me honra formar parte. En el sentido de que estoy haciendo lo que me apasiona, que es luchar por Venezuela.

Ahora, tengo plena conciencia de cómo vivimos en un entorno de dolor, que a mí me ha permeado hasta la última molécula. Y algo que a mí me genera tristeza, es que yo sé que jamás podré borrar de mi alma las vivencias que he tenido en estos tiempos. Es decir: cargar un bebé, y que yo le pregunte a la mamá: ¿cuántos meses tiene? Y te conteste: “Tiene tres años”. Eso es algo que jamás voy a poder olvidar.

Por eso quiero complementar mi respuesta: porque ahí es cuando uno vive y valora lo que tiene. También, la profunda conciencia de lo que estamos viviendo, y de allí mi urgencia.

Yo no solo dedico mis días, créeme; yo dedico mis noches a parar esta tragedia que vivimos y reconstruir un país, donde no vamos a olvidar. ¡No podemos olvidar! Pero sí debemos corregir. Tendrá que haber justicia. ¡Mucho arrepentimiento y reconocimiento de los errores y los crímenes! Entonces habrá perdón.

Porque hay quienes se lo preguntan: ¿en qué trabaja? ¿cómo hace para sostener el partido? ¿de dónde viene el dinero? 

Es absolutamente legítima la inquietud. Cualquier político o cualquier partido político debe rendir cuentas. No solo sobre sus decisiones y posiciones, sino sobre sus financiamientos.

En mi caso, tengo una familia que ha trabajado durante muchas generaciones y que ha generado empresas, empleo y prosperidad —y hoy obviamente nos han atacado con todo—; pero sigue aquí. Y eso me permite a mí dedicar mi vida a un trabajo que es eminentemente voluntario.

Y el financiamiento de Vente proviene de individuos, venezolanos, que confían en nuestras ideas y en quienes integramos la organización. Y es gente intachable.

¿Qué piensa de quien rebaja su discurso y romantiza la pobreza?

Yo nunca he escuchado una expresión que vuelva romántica a la pobreza.

Banalizar el dolor… Banalizar el mal, es el signo de todos los regímenes totalitarios.

Para usted, ¿cuál es el mayor valor que existe? 

La libertad.

Comentarios