Los niños en Venezuela mueren o matan

No son niños angoleños, que atraviesan la guerra civil de los 70, y deben alzar un fusil. Brayan Rico era venezolano. Vivía en la que, años atrás, había sido la primera nación de América Latina

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Brayan tenía 13 años y ya era un líder de una banda criminal, requerido por homicidio y extorsión. Ocurrió en Venezuela.

En junio de este año la organización Save the Children publicó un informe en el que catalogó a Venezuela como uno de los peores países en el mundo para vivir la niñez. Le dio el puesto 129 de 175. Y, en la nómina, a Venezuela le siguen países como Bangladesh y Uganda.

Ya para ese momento corrían por las redes y los medios cifras e historias bastante escandalosas: que, según Caritas, 300 mil niños morirían este año por desnutrición; que un reportaje del New York Times había expuesto el drama de las familias cuyos hijos mueren por la delincuencia y el hambre; que medios como Excelsior de México retrataban las navidades venezolanas como las más tristes del continente.

Pero eso fue hace varios meses. Y, en Venezuela, el tiempo pasa más rápido. Con una hiperinflación rampante y una delincuencia que va conquistando cada vez más terreno —impulsada, a su vez, por la crisis económica y humanitaria— es casi absurdo reseñar el raudo declive de toda la sociedad venezolana. El deterioro y su descomposición.

Si hace semanas, para Save the Children, Venezuela era de los peores países para ser niño; hoy se podría especular un ascenso en la aciaga lista. Porque hay nuevas historias que deben ser tomadas en cuenta. Más muerte y más sufrimiento.

La revista XL Semanal del diario español ABC rescató esta semana el reportaje publicado por el New York Times en diciembre de 2017. Al reseñarlo, nuevamente, expuso algunos datos: «En 2016 murieron en Venezuela 11.446 bebés».

Asimismo, el medio El Pitazo publicó un especial titulado «La generación del hambre», en el que cita a la organización Caritas Venezuela al señalar que entre abril y septiembre de 2018 «se registraron 320 preescolares con desnutrición en el estado oriental de Venezuela (Monagas)».

El caso de Monagas es solo una muestra de un drama que flagela a toda Venezuela. En el estado Miranda «el silencio del hambre golpea a los pobres»; en Caracas, «nadie habla de la muerte»; en Delta Amacuro los indios no tienen «ni patria ni comida»; en Lara los niños lloran «de necesidad»; Zulia es «el estado rico donde los niños pasan hambre».

El especial de El Pitazo es extenso y necesario. Cada una de las historias, al final, revelan lo mismo: en Venezuela los niños mueren. Y hay datos tan aterradores como que al país, otrora gran potencia latinoamericana, «le tomará más de 20 años disminuir la proporción de niños con retardo en el crecimiento».

Pero no solo mueren. Es más estremecedor. Inquietante y perturbador. En Venezuela los niños también matan.

Este 16 de septiembre apareció asesinado en la Carretera Nacional Zuata – La Victoria el niño, de 13 años, Brayan Alexander Rico. Una tragedia. Pero mataron a un criminal. Porque, según reseñó el periodista de sucesos Eleazar Urbaez, ««El Brayan» fue dado de baja por sus compinches en un rancho de la invasión El Indio (…) Brayan era el líder negativo del sector y era requerido por homicidio y extorsión».

«Pran» a los trece años. Líder de una banda criminal en el estado Aragua. Buscado por haber asesinado y extorsionado.

Al respecto, el periodista Daniel Blanco escribió: «Venezuela tiene en sus manos una generación perdida que va a costar bastante trabajo recuperar. Niños que crecieron en plena crisis y solo conocen la delincuencia».

Como si se tratara de una escena de Un día más con vida de Kapuscinski. No son niños angoleños, que atraviesan la guerra civil de los setenta, y deben alzar un fusil. Brayan Rico era venezolano. Vivía en el que, años atrás, había sido la primera nación de América Latina. Pero, como los niños de Kapuscinski en aquel infierno africano, había terminado empuñando un fusil y matando.

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