Lorent Saleh: «Santos me entregó para obtener la firma de Maduro en los acuerdos de paz»

"De ser necesario los países deben usar la fuerza y detener el exterminio en Venezuela", dijo el reconocido activista venezolano en entrevista al PanAm Post

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El activista venezolano, Saleh, responsabilizó al presidente Juan Manuel Santos del crimen que se cometió en su contra. (Lorent Saleh)

Se bajó de una camioneta Toyota nueva. Tenía escoltas. Tiene que tenerlos. Pero sobresale su llaneza e informalidad. Viste saco, para arriba y para abajo, quizá en un intento de que no lo confundan con un joven, demasiado prematuro para lo que le ha tocado asumir. Lorent Saleh es un sobreviviente.

Hoy activista de los Derechos Humanos, fundador de la organización Operación Libertad y Premio Sájarov del Parlamento Europeo en el año 2017. Estuvo dos años y tres meses en el calabozo más frío, tétrico e inhumano del régimen de Nicolás Maduro: La Tumba. Allí intento suicidarse y cedió al delirio. Lo que atravesó, esas historias inhumanas, las cuenta, con una desgarradora belleza literaria, en una entrevista que dio al diario El Mundo. Como es imposible decir más, Saleh se sentó con el PanAm Post para hablar sobre la coyuntura actual en Venezuela y los responsables del crimen en su contra.

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«Si los países van a usar la fuerza contra Maduro, que lo hagan», dijo Saleh en esta entrevista. Habla con precisión, pero también cuidando las palabras por la responsabilidad que ahora tiene. Desde que salió de prisión —desde que fue expulsado de Venezuela—, no ha dejado de reunirse con jefes de Estado y delegaciones de diferentes países. Es un estandarte, un símbolo y el testimonio caminante de la verdadera naturaleza del régimen de Nicolás Maduro.

Juan Guaidó pudo entrar en Venezuela. Lo hizo por el aeropuerto de Maiquetía. Pasó por inmigración del régimen, pasó por alcabalas… Es decir: pasó por toda la seguridad del régimen y, pese a las amenazas, pudo entrar. Pudo llegar a Las Mercedes. ¿Qué significa eso?

Significa que la transición está en marcha. Que efectivamente hay un nuevo presidente en Venezuela que se llama Juan Guaidó y que ya estamos en la era post-chavismo.

Tú estuviste en las entrañas del horror del régimen; conociste a los funcionarios, viste cómo se comportaban. ¿Cómo evalúas las deserciones, el hecho de que Juan Guaidó haya entrado al país y ande con libertad?

Es el resultado, por un lado, del desgaste natural de un régimen que fracasó; por el otro lado, el resultado de unas Fuerzas Armadas y policiales que están escuchando nuestro mensaje, que es el de reconciliación, que es el de amnistía. Pero sobre todo, de reconstrucción del país. Ese mensaje está calando dentro de las Fuerzas Armadas.

Y no solo dentro de las Fuerzas Armadas sino de esa fuerza laboral, pública, en Venezuela. Los funcionarios públicos ya están reconociendo, y no solo en lo jurídico y en lo político sino en la conciencia, a un nuevo presidente y un nuevo Gobierno de transición.

Los funcionarios públicos son humanos, son venezolanos, con problemas y con carencias como todos los venezolanos. Y también quieren un cambio. Quizá no se han sentido representados en un liderazgo político como hoy se ven representados en este Gobierno de transición.

Yo pienso que lo de hoy, en Maiquetía, sugiere esto: ¿crees que Maduro perdió el control del país?, ¿que ya no tiene ni siquiera la capacidad de dar las órdenes?

Efectivamente, mientras Guaidó se va consolidando, nacional e internacionalmente como presidente, Nicolás Maduro se consolida como usurpador. Y los usurpadores pierden el poder por cada minuto que corre…

¿Y sí está ocurriendo? ¿Sí lo ves?

¡Absolutamente! Absolutamente. Las deserciones de las Fuerzas Armadas… Mira, hoy fue un pulseo. Hoy se pulseó la política en Venezuela. Y ni siquiera pudieron tener la autoridad para impedir el ingreso de Juan Guaidó por el aeropuerto de Maiquetía. Entonces, hay un desplazamiento del poder. Se están desplazando las fuerzas del poder.

Coincido; pero, ¿qué hace falta? ¿Qué hace falta para que los militares —porque, sí, las deserciones son importantes, pero al final tiene que haber un pronunciamiento de alguien de mucho mayor peso—, el alto mando militar, o generales, se aparten? 

Hace falta mayor presión internacional.

¿Mayor presión?

Hace falta que la comunidad internacional, los Gobiernos de América Latina y la Unión Europea, presionen a favor del cambio.

¿Y qué es presión? ¿Más sanciones?

Sanciones personales a miembros del régimen responsables de crímenes de lesa humanidad y de actos de corrupción; que se impulse la investigación de la Corte Penal Internacional. Que se sepa que esto es en serio.

Y, al mismo tiempo, por un lado la presión que se da a través de las sanciones, la Corte Penal y todas estas acciones diplomáticas; por el otro, seguir impulsando la reconciliación y la amnistía. De modo que tú puedas ir canalizando la fuerza hacia una ruta, que es la de la transición.

O se ponen del lado de la democracia y la libertad y el respeto de los derechos humano o deben enfrentar la justicia internacional. Y en ese caso el apoyo del mundo es fundamental.

Ya para mí la palabra «sanción» es odiosa. Llevamos más de dos años de sanciones tras sanciones. Tienes a la cúpula sancionada, civil y militar, y no se ha dado el quiebre. Y al mismo tiempo me hablas de la Corte Penal Internacional, y esto tarda mucho. Tú sabes que los tiempos de la Corte, los de la diplomacia, no son los tiempos de Venezuela. ¿No es necesario, cuando hablas de presión, algo más? ¿No es necesario enseñar los colmillos?

Yo siento que todavía hay muchas cosas que se puedan hacer. Por ejemplo: son muy pocas las sanciones emitidas por los Gobiernos latinoamericanos en comparación a Estados Unidos o Europa. Creo que por allí se puede hacer mucho. Y las sanciones no solamente como castigo a los responsables de crímenes, sino además como acción necesaria para desmantelar y desarticular esa gran transnacional criminal que representa la tiranía venezolana.

Por ejemplo: en Europa y en América Latina hay importantes operadores logísticos y financieros del régimen y su estructura criminal. Son personas que tienes que identificar y neutralizar jurídica y políticamente.

Y, sin duda alguna, Juan Guaidó tiene al frente un gran reto en cuanto a cómo manejar este respaldo de las Fuerzas Armadas que va creciendo a su favor. Tiene que comandar. Comandar a las Fuerzas Armadas y hacerlo de forma clara y rápida.

¿Asumirse plenamente como comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional?  

Asumir el comando. ¡Claro! Dar órdenes. Asumir y comandar. Indicarle a las Fuerzas Armadas que hoy lo apoyan, cuál es la línea.

Hay quienes han sugerido que Juan Guaidó debe empezar a nombrar un nuevo alto mando militar. ¿Estás de acuerdo con eso?

Yo creo que sí. Juan Guaidó debe gobernar. Debe nombrar las autoridades de Gobierno, entre ellas la de las Fuerzas Armadas.

¿Qué pasa entonces, Lorent, si los militares, del alto mando, jamás se apartan? Pensar que los militares deben resolver el problema, dejárselo a ellos, ¿no te parece que es dar demasiado chance a unos tipos que ya han demostrado de qué lado están?

Los militares deben regresar a los cuarteles. Creo que parte de la transición es hacer de Venezuela un país de civiles, que el poder político resida en mano de los civiles, y que las Fuerzas Armadas ocupen su espacio natural y pertinente que es cuidar la soberanía nacional.

Yo creo que las Fuerzas Armadas y las fuerzas policiales van a tener mucho trabajo desarticulando las bandas criminales en Venezuela —y los grupos terroristas— como para que se metan en la política. La política debe ser hecha por los políticos. Que tengan formación y que puedan demostrar una trayectoria, una moralidad y una ética en su accionar. Y las Fuerzas Armadas tienen que hacer su trabajo. Y tienen mucho trabajo por delante.

Y yo creo que en la medida en que nosotros les demos su valor a las Fuerzas Armadas, en el espacio que les corresponde, y las Fuerzas Armadas se reivindiquen con el país, y pasen de ser los villanos a los héroes, Venezuela va a progresar.

Pero, nuevamente, ¿qué pasa si no ocurre? Porque hoy seguimos depositando las esperanzas en que las Fuerzas Armadas, el alto mando, se termine de apartar. Y eso es dejar la pelota en la cancha del contrincante, esperando que se meta un autogol. Es dejar todo en un ente ajeno, que venga y lo resuelva. Es no asumir una agenda propia… ¿Qué pasa si nunca se apartan?

Pues nunca dejaremos de luchar.

Es decir: ha sido el juego del poder. Los espacios no te lo dan, no te los ceden, no te los regalan. Tú los conquistas. Te los ganas, los peleas. Y la lucha política es, entre otras cosas, para rescatar los espacios del poder. Y que los militares pasen de dirigir hospitales, la economía y la educación, a que dirijan en los cuarteles. Bueno, hay que hacerlos llegar hasta allá.

¿Qué pasa si no se da? ¡Tiene que pasar! Y ese es nuestro trabajo… Si lo logramos en un año, en dos o en diez, no lo sé. Pero si sé que no podemos renunciar a ese trabajo de hacer de Venezuela una nación de civiles.

Pero Lorent, la gente no puede esperar ni siquiera un año… ¿No hay alternativas? 

Es que la alternativa es luchar… La otra es, ¿qué? ¿Matarlo? No podemos matarlo.

¿Coincidimos en que estos tipos van a salir es por la fuerza? O por la interna, que venga gente de adentro y les diga “hasta acá”, o por una fuerza externa.  

Mira, es simplemente una percepción bien impulsada por el régimen, pero es eso, una percepción: es muy poco el porcentaje, por no decir que casi que ninguno, estaría dispuesto a dar su vida por defender a Nicolás Maduro o a Diosdado.

De acuerdo.

Entonces, afortunadamente acá no hay una lucha ni fundamentalista ni ideológica ni filosófica…

Esto no es el Medio Oriente… 

Ni religioso ni antropológica ni nada…

Esto no va a derivar en una guerra civil… 

¡Así es! Esto es un tema de dinero. Y el dicho lo dice claro: “Amor con hambre no dura”. O corren o se encaraman. O huyen y dejan todo o se acomodan —y con esto me refiero a que se pongan del lado de la transición—.

La fuerza y la presión es necesaria, pero al final, al final, todo se va a resolver en una negociación. En una negociación.

De acuerdo… Negociación con quienes realmente hay que hablar.

Y la negociación no es qué vamos a hacer con Maduro —porque eso ya se sabe: Nicolás Maduro debe estar fuera del poder, punto—. Lo que hay es que generar las condiciones, políticamente, de la mano de la comunidad internacional y las fuerzas políticas internas, para que los militares puedan entregar a Maduro y permitir el cambio.

Porque no solamente hace falta la voluntad de los militares sino las condiciones políticas para que se dé. Ahora, ¿que si la gente no está dispuesta a aguantar? Yo creo que la gente, quiera o no, va a aguantar.

¿Debe ser rápido? ¡Por supuesto! ¿Que cada minuto cuenta? ¡Cada minuto cuenta! Pero el mundo no se va a acabar mañana porque Maduro no entregue el poder mañana. ¿Me entiendes? Y tampoco hay últimas oportunidades.

(Lorent Saleh)

¿Pero no hay una forma de acabar con esto rápido? Hoy se dijo que, en caso de que detuvieran a Juan Guaidó, el Congreso estaría dispuesto a activar el artículo que autoriza una misión foránea en Venezuela. 

Hay que ver qué significa acabar o qué significa esto. Obviamente, Estados Unidos pudiera autorizar un bombardeo a Miraflores y, en tal momento, acabar con Maduro. Ahora, eso sería acabar con Maduro, pero no necesariamente acabar con el problema o cambiar el sistema. Recordemos que aquí se trata de cambiar el sistema, más allá de sacar a Maduro del poder. Y eso es lo que ya está pasando. Se está dando un desplazamiento del poder.

Ok, es verdad, con sacar a Maduro no se resuelve todo; pero sí con sacar a Maduro, Jorge y Delcy Rodríguez, Diosdado, Padrino, etcétera… Sacar a un grupo. Ahí dejas un vacío que lo asume naturalmente el Gobierno de Juan Guaidó… ¿No crees que una intervención solucione el problema? 

Lo que pasa es que una intervención externa militar es la muestra del fracaso de la política. Es decir: “Políticamente fracasamos, entren ustedes, militares”.

¿Pero ya no fracasó la política? ¿Cuando matan gente en las calles, cuando incendian camiones con insumos, ya no es el fracaso de lo jurídico y lo político? ¿La muestra de que ahora solo hay cabida para la fuerza?

Claro, pero: siempre hay alternativas. Siempre va a haber una alternativa a la guerra. Se llama política. Y yo soy activista en derechos humanos, yo debo hablar como activista en derechos humanos… Si esta entrevista fuera a un ciudadano venezolano, normal, seguramente estuviera diciéndote: “Necesitamos ya la intervención militar de Estados Unidos y que acaben con estos bandidos y se los lleven a todos para Guantánamo”…

Lorent, pero dime, como ciudadano…

Como activista en derechos humanos yo debo defender siempre la vida. Pero además, como activista y, digamos, alguien que se ha desempeñado en la política exterior en cuanto a Venezuela, yo sé que todavía hay muchas cosas que pueden hacerse. Y la intervención militar termina siendo una excusa para muchos que pueden hacer y no quieren hacer. ¿Me entiendes?

Por ejemplo, si hay Gobiernos que no quieren sancionar ni congelar cuentas ni prohibirle el ingreso a funcionarios responsables de crímenes de lesa humanidad, no podemos aspirar a que ese mismo país envíe soldados a Venezuela.

Entonces por eso es que yo digo, una frase famosa que me cuestionaron sectores radicales: “No hacen falta buques ni fragatas sino teléfonos con voluntad política”. Esa frase se la digo yo al ministro de Relaciones Exteriores de España, el canciller. Porque en la reunión que tuve con él, lo primero que me dice es que no está de acuerdo con la intervención militar. Yo le digo que ok, pero que hay muchas cosas que puede hacer España que no ha hecho. Por ejemplo: España no ha apoyado la investigación en la Corte Penal Internacional.

¿A qué voy? Hay muchas alternativas a las que podemos acudir, hay muchos instrumentos que están allí, que no hay que inventarlos sino que ya están creados y podemos darle notoriedad.

Pero si la decisión es una intervención militar, que le dé de baja al régimen de Nicolás Maduro, pues bueno… Afortunadamente no es una decisión mía. No está en mis manos.

¿Pero no la condenarías? 

No, bueno… No es mi decisión. Yo velaré por el respeto a los derechos humanos. Yo velaré por el respeto a la vida.

Ahora, Lorent, tienes razón: hay muchos Gobiernos que se han quedado en la retórica y no han pasado a la acción. Y acá en Latinoamérica lo hemos visto: Gobiernos que han demostrado ser aliados firmes pero no han hecho nada más. Pero, ahora que tú te refieres a instrumentos, también hay un instrumento, además avalado por las Naciones Unidas: la Responsabilidad de Proteger. Una alternativa que está allí y que además obliga a las naciones a tomar una decisión. ¿Qué opinas sobre este principio?

Mira: de hecho yo, en la reunión del Grupo de Lima, manifesté que era necesario tomar en cuenta el uso de la fuerza. Y yo sí creo que los Gobiernos del mundo no pueden quedarse de brazos cruzados frente a unos grupos criminales que queman medicamentos que hubieran salvado la vida de miles de personas.

Entonces, yo sí creo que los países, de ser necesario, deben usar la fuerza para impedir que se siga asesinando a la gente, que se siga llevando a cabo un exterminio. Porque eso es lo que hay en Venezuela.

Cuando tú controlas los suministros básicos y elementales para la supervivencia humana; y los controlas para reducir la población, enfermarla, debilitarla… Eso es un exterminio. Yo creo que frente a eso la comunidad internacional no puede quedarse con los brazos cruzados. Y si los países tienen que utilizar la fuerza, para garantizar la vida, pues que la usen.

Lo que no estoy de acuerdo es que digan que la van a usar y no la usen. Que es lo que ha pasado, ¿no? Si la van a usar, úsenla. No amenacen porque después quienes asumen las consecuencias de esa amenaza no son los Gobiernos sino los pueblos.

¿Qué opinas sobre el hecho de que el Grupo de Lima haya incluido en su último comunicado un punto dejando claro que la fuerza quedaba excluida como instrumento?

Creo que fue un error. Creo que fue muy prematuro decirlo. Pero claro, son decisiones soberanas de cada Gobierno. Yo no estoy conforme con eso.

¿Y qué pasó ahí? ¿La delegación venezolana, de alguna manera, no se esforzó en contra de eso? ¿Tuvieron alguna responsabilidad en ello?  

Creo que, quizá nos enfocamos mucho en el 22 y en el 23 y no en el 24 de febrero y los días posteriores. Ese era el temor, que solo se trabajara en esos días y no le dedicaran a lo que vendría.

¿Por qué se incluyó ese punto en el comunicado?

Creo que fue una respuesta de los Gobiernos del Grupo de Lima a la retórica de la izquierda internacional y a la manipulación que muchos intentan para oxigenar a Nicolás Maduro. Usan la retórica de la guerra y la invasión norteamericana. Y creo que el Grupo de Lima quiso responder con esa negación del uso de la fuerza. Y creo que fue una mala manera de responderles.

Afortunadamente Estados Unidos ha sido muy claro en señalar que ese es el Grupo de Lima y que ellos son ellos. Ahora, si Estados Unidos llegase a aplicar la fuerza para deponer a Maduro, ¿cuál crees que será la reacción del Grupo de Lima? ¿Saldrán a rechazarlo?

No sé. Las Naciones Unidas dijo una cosa frente a Iraq y Estados Unidos igual actuó. Yo creo que los países del Grupo de Lima —y sé que Costa Rica tiene una naturaleza y una tradición anti-militar, y que la va a seguir manteniendo—; creo que los Gobiernos del Grupo de Lima, separando a Costa Rica, han sufrido mucho una carga social y política, por la crisis venezolana, por lo que saben muy bien la necesidad de que esto se resuelva —y se resuelva pronto—.

Aunque en la diplomacia ellos quieren cuidarse, en salud, y descartan el uso de la fuerza, creo que puertas adentro ellos están claros que no hay muchas alternativas y que el uso de la fuerza seguramente va a ser inevitable.

Lorent, cambiando el tema, yéndonos a ti: supimos que hace poco te intentaron detener acá en Cúcuta… ¿Qué fue realmente lo que ocurrió?

Hubo un nuevo intento de entregarme. Me intentaron secuestrar y entregar nuevamente a Nicolás Maduro. Eso fue en medio de una reunión que sostenía con un funcionario de inteligencia colombiana. Ya veníamos trabajando el tema de los militares, que si iban a desconocer a Nicolás Maduro y necesitábamos darles garantía de que el Gobierno colombiano les iba a respetar sus derechos.

Por discutir eso, con el canciller de Colombia se acordó una reunión con inteligencia, en la ciudad de Cúcuta. Después de dos reuniones la persona de inteligencia estaba muy nerviosa. No sabemos a qué respondía. Y esta persona de inteligencia ordenó a la policía que me detuviera y me entregaran en la frontera. Afortunadamente esto se pudo comunicar rápidamente al Gobierno de Colombia, al canciller, a la vicepresidencia y al Congreso; y lograron frenar esto.

Fue lamentable, pero quedó nuevamente demostrado que yo en Colombia corro mucho peligro. Y eso es propio de los activistas en derechos humanos. Quienes decidimos defender los derechos humanos siempre hemos incomodado al poder, estemos donde estemos.

El Gobierno de Colombia ha pedido disculpas por el hecho. De igual forma nosotros solicitamos formalmente, ante la Procuraduría, una investigación exhaustiva sobre qué motivó a ese funcionario de inteligencia para que intentara entregarme a las autoridades de Venezuela —a pesar de que tengo protección del Gobierno español y de que es claro mi situación en materia de derechos humanos—.

De igual forma, estamos interponiendo una demanda penal ante la Corte Suprema de Justicia en contra del ciudadano Gustavo Petro y varios senadores, quienes impulsaron una campaña de difamación y calumnia diciendo que yo fui detenido en estado de embriaguez. Que estaba drogado y que había estado tratando de abusar de mujeres. Todo esto es absolutamente falso, no han podido demostrarlo y la misma policía lo desmintió. Por eso estamos interponiendo unas demandas ante la Corte Suprema para que estas personas respondan por las calumnias y las injurias en mi contra.

¿Cómo sabes que la intención era entregarte, de nuevo, al régimen de Nicolás Maduro?

Porque me llevaron en una patrulla, me montaron a golpes, y la patrulla fue interceptada por senadores ya a cincuenta metros de la frontera.

Estabas cerca…

Estaba ya allí mismo. Exactamente en el mismo lugar en el que me entregaron en 2014.

¿No sabes si del otro lado ya había gente esperándote?

Lo desconocemos.

Eso hubiera sido un escándalo terrible para el Gobierno de Duque…

Muy grave, muy grave. Y por eso desde el alto Gobierno se encendieron las alarmas.

Ahora bien, ¿por qué lo hizo? No lo sé.

Aquí hay varias cosas: por un lado hay funcionarios responsables del crimen de Estado que se hizo conmigo en el 2014 —y seguramente todavía están dentro de la estructura del Estado—. También sabemos que el régimen de Nicolás Maduro se ha infiltrado en muchas instituciones de Gobiernos de América Latina y el Gobierno de Colombia no se escapa de eso.

(Lorent Saleh)

¿No te da miedo andar en Colombia?

Bueno, siempre voy a correr riesgos. Repito: cuando uno decide defender los derechos humanos, siempre vas a correr riesgos. Porque el activista en derechos humanos jurunga la llaga del poder. Y cuando uno decide defender los derechos humanos uno debe, más allá de las amistades o no, buscar la verdad y la justicia.

¿Todavía tienes enemigos poderosos acá?

Sí, por supuesto. El narcotráfico, la guerrilla… Esos son enemigos poderosos.

¿Y en el Gobierno? 

No sé hasta qué punto ellos sigan teniendo influencia en el Gobierno.

¿Por qué crees que Juan Manuel Santos te entregó en el 2014?

Porque necesitaba la firma de Nicolás Maduro en el acuerdo de paz.

¿Era un pacto entre ambos Gobiernos? 

Sí. Así lo hicieron saber.

¿Estás seguro de eso?  

Completamente. Creo que es evidente. Los hechos lo han sugerido.

¿Fue un delito haberte entregado?

Fue un secuestro. Así lo tipificó la ONU y el grupo de detención arbitraria del Alto Comisionado de derechos humanos. Lo califica así la CIDH, lo califica así la ley. Fue un crimen de Estado.

Es decir, ¿Santos es un criminal?

Absolutamente.

¿Y debería pagar por ello?

Por supuesto.

¿A quienes responsabilizas, acá en Colombia, de lo que te ocurrió?

Principalmente al presidente Santos, a la cancillería y a los cuerpos de seguridad y de orden que se prestaron y cumplieron esta orden arbitraria e ilegal.

¿Y a quienes agradecerías?

Al pueblo colombiano que durante estos años estuvieron siempre solidarios, pendientes de mi familia, denunciando y tratando de demostrar lo que ocurría conmigo. Yo le tengo mucho cariño al pueblo colombiano. Le tengo mucho cariño a este país y, al margen de las decisiones que pudo haber tomado una cúpula política, el pueblo de Colombia a mí me ha llenado de amor y cariño. Y yo eso lo honraré siempre.

¿Y has perdonado, Lorent?

Debo hacerlo para ser libre.

¿En qué momento te enteraste de que a Juan Manuel Santos le habían dado el Nobel de la Paz?

Estaba en prisión. Y ese mismo año que a él le dieron el Nobel de la Paz a mí me entregaron el Sájarov. Lo que el Nobel quiso tapar el Sájarov lo visibilizó.

¿Y cómo te sentiste cuando supiste lo del Nobel?

Que le hayan entregado el Nobel no debería sorprendernos porque en la política suceden cosas que no siempre responden al sentido común.

¿No te dolió? ¿No fue un golpe moral inmenso? 

Lo esperaba, lo esperaba.

Lo que ocurrió fue que el proyecto personal de Juan Manuel Santos, entre otras cosas, era tener ese Nobel de la Paz al precio que sea. Aunque chocara con los intereses de una Venezuela democrática. Entonces, Juan Manuel Santos persiguió este Nobel aunque detrás de ello dejara una estela de drama, sufrimiento, dolor y tragedia.

Pero yo confío en Dios. Confío en los tiempos. Le pudieron haber dado un Nobel de Paz pero creo que su trayectoria quedó tachada. Quedó marcada, no solamente por lo que me hizo a mí, sino lo que le hizo a Gabriel Vallés, a Fernando Balda. Lo que ya le hizo a varios activistas latinoamericanos.

Pero está en Boston, en Harvard, dando clases, pontificando…

Pero yo puedo anda con la frente en alto y él no.

¿Te gustaría verlo preso?

No. De nada sirve que esté preso si no se reconoce lo que hizo. No se trata de que esté preso o no sino que se reconozca que lo que hizo estuvo mal y que no puede volver a hacerse, ni en Colombia ni en ningún país del mundo. Y me refiero a entregar a un activista de derechos humanos, perseguido, para que lo torturen.

Y querían buscar acabarme. Porque si no hubiese sido por el video que grabaron, a mí me iban a desaparecer… Eso me salva la vida.

¿Ah, sí? 

¡Claro! Por eso es que el de inteligencia colombiana y migración hicieron lo posible para que yo no me comunicara con nadie. 

¿A ti te iban a matar?

Claro, porque no había constancia, no iba a haber constancia de que me a mí me habían entregado al SEBIN.

Y Juan Manuel Santos habría sido cómplice de un asesinato. 

Sí, o a lo mejor nadie lo hubiera sabido.

Fíjate que por eso nunca hubo un procedimiento jurídico o administrativo o algo. Ni me dejaron hablar con abogados o con la familia.

Lo que no contaban era que se iba a filtrar la información de que yo estaba aterrizando en Cúcuta y que compañeros iban a llegar y grabar, en el puente, el momento de mi entrega.

Increíble… Lorent, ¿cómo imaginas el fin del chavismo?

Como lo estamos viendo. Una decadencia, un cansancio. Se van convirtiendo en pasado y telaraña. Y eso es lo que está sucediendo ahorita.

¿Y cómo te gustaría ver a quienes te torturaron? ¿A quienes estuvieron detrás de ese crimen?

Los quiero ver entendiendo la necesidad de respetar la dignidad humana. Siendo conscientes de ello.

¿En prisión?

Donde tengan que estar. Esa decisión la tomará un juez. A mí me basta con que tengan en su corazón y en su consciencia que la dignidad humana debe respetarse. Y de que todos merecemos respeto, mínimo, a nuestra dignidad.

Lorent, ¿para ti cuál es el mayor valor que existe?

La familia. Es lo más valioso que hay.

El poder del periodismo. La importancia de la verdad.

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