La brillante jugada de Guaidó contra Cuba: preludio de una intervención

La medida de hoy es la primera gran estocada a Cuba como Estado invasor en Venezuela

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En su discurso, en el que declaró la Emergencia Nacional, el presidente de Venezuela volvió a hacer referencia a una posible intervención. (Juan Guaidó)

En la esperada sesión extraordinaria en la Asamblea Nacional de Venezuela, este lunes 11 de marzo, el presidente Juan Guaidó dio un importante anuncio.

“Hemos solicitado y decretado no más envío de petróleo a Cuba. No se van a seguir chuleando el dinero del pueblo de Venezuela”, dijo ante los diputados. Fue un discurso que esbozó en el marco de la declaración formal de Estado de Alarma a propósito de la mayor crisis eléctrica que ha padecido el país.

“No vamos a seguir permitiendo que nuestra gente pase hambre, mientras se roban el dinero de Venezuela. No más petróleo a Cuba”, sostuvo. No obstante, lo más importante de su decreto, fue lo que anunció después: “Solicitamos también la cooperación internacional para hacer efectiva esta medida; para hacer efectiva la no entrega de nuestro petróleo”.

En concreto, Juan Guaidó no tiene la capacidad de hacer realidad ese decreto en Venezuela —a menos de que, como ha ocurrido previamente, funcionarios de la Fuerza Armada empiecen a subordinarse a él como presidente—. Sin embargo, el temor de quedar desautorizado se ve atenuado con la solicitud a la comunidad internacional. Serán ellos, los que sí reconocen a Juan Guaidó como jefe de Estado, quienes se encarguen de que el decreto del presidente se materialice.

Prueba de esto ha sido el último tuit del principal asesor en materia de seguridad de la Casa Blanca, John Bolton. Escribió: “La Asamblea Nacional de Venezuela ha decretado la suspensión de las exportaciones a Cuba tras el colapso de la red eléctrica nacional. Las compañías de seguros y las otras compañías que facilitan estos envíos a Cuba ahora están en aviso”.

Es nítido. No se hubiera atrevido Juan Guaidó a anunciar ese decreto, ante millones de venezolanos sometidos por el desespero, si antes no se hubiera articulado con la gran potencia americana.

“La orden de no enviar más petróleo a Cuba puede parecer imposible de hacer cumplir; pero, creo que sí se va a cumplir: no sale petróleo hacia allá o los aliados internacionales impiden por la fuerza la llegada de los tanqueros a la isla. Veremos pronto…”, escribió, al respecto, el exministro e investigador en Boston, Carlos Blanco.

Para febrero de 2018, según el analista financiero Orlando Zamora, Cuba había recibido de Venezuela “en petróleo y dólares, USD $40.000 millones en 17 años”. Son cifras escandalosas que no se corresponden con la masiva crisis humanitaria que padece el país secuestrado por Nicolás Maduro. Y aún hoy, en medio de esa crisis, pese a la inmensa deuda que guarda con otras naciones como Rusia o China, Venezuela continúa regalando unos cincuenta mil barriles diarios a la isla, de acuerdo con la agencia Reuters.

Se trata de un acuerdo tácito en el que Venezuela auxilia financieramente al régimen castrista y este, a cambio, tutela el proceso de la Revolución Bolivariana. Sin embargo, al final solo se trata de un Estado subordinado a otro. Un verdadero caso de imperialismo americano.

Pero eso está por acabar. Y este gran golpe, anunciado por Guaidó, sugiere eso. La medida de hoy es la primera gran estocada a Cuba como Estado invasor en Venezuela. Se espera que sea la primera de muchas acciones contra el régimen de Raúl Castro. Se trata de un gran paso pero, quizá, también, el preludio de una intervención.

Ya dijo Carlos Blanco que Guaidó podría referirse, al solicitar la cooperación internacional con esta medida, a que la comunidad utilizaría la fuerza para que no llegue el petróleo venezolano a Cuba.

El filósofo venezolano y catedrático, Erik Del Bufalo, coincide: “A partir de hoy cualquier buque petrolero con destino a Cuba podrá ser interceptado por armadas extranjeras que apoyan al Gobierno legítimo. Así comienza una intervención bien pensada”.

Es claro que el presidente de Venezuela está coordinado, hoy, con la gran potencia americana, comprometida con la causa de los venezolanos. Su anuncio demuestra esto. Y, en el mismo discurso, hizo referencia a la retórica de Washington y a la posibilidad de una intervención militar para deponer a Nicolás Maduro.

“Convocamos mañana a la calle a todo el pueblo de Venezuela. Todas las opciones están sobre la mesa y el mundo nos va a encontrar movilizados y exigiendo nuestros derechos” dijo. Luego, hizo una clara referencia al apartado de la Constitución venezolana que autoriza misiones militares foráneas en el país (el artículo 187, ordinal 11): “Al igual que con el 233, 333 y el 350, cuando estuvimos listos ejercimos nuestros derechos y aplicamos los artículos. No va a ser diferente con ningún otro”.

Una movida brillante, sin duda, por parte del presidente. Y apunta en la dirección correcta. Porque los dueños del circo no están en Caracas.

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