¿Debe el chavismo seguir existiendo como fuerza política una vez recuperada la democracia?

¿Puede un partido, cuya principal aspiración es precisamente abolir el sistema democrático, participar y desenvolverse en el sistema? ¿Debería ilegalizarse el PSUV? Varios intelectuales y activistas responden la pregunta

Hoy el chavismo es una fuerza política degradada, agostada, que no llega a representar un porcentaje importante de la población. (Walter Vargas)

No son pocos los que han propuesto —ni siquiera insinuado— que, una vez recuperada la democracia en Venezuela, el chavismo participe en unas elecciones libres. Algunos, incluso, asoman candidatos: que sea Nicolás Maduro —o, como leí hoy, el actual ilegal gobernador del estado Miranda, el chavista Héctor Rodríguez—.

Quienes plantean el aventurado escenario desatienden algunos detalles capitales: primero, con respecto a Nicolás Maduro, que es un individuo investigado en la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad y, además, enjuiciado por el legítimo Tribunal Supremo de Justicia en el exilio por corrupción y desfalco de la nación; ignoran, además, que Maduro vendría siendo el capo de una organización criminal narcotraficante y que es el responsable de una lista casi inenarrable de crímenes.

En cuanto al chavismo, se omite que, aunque fue una fuerza política legítima, constituida hoy en el Partido Socialista Unido de Venezuela pero antes en el Movimiento V República —luego de ser el Movimiento Bolivariano Revolucionario, una organización, primero, golpista—, ha devenido en una fuerza criminal responsable de la derogación de la institucionalidad venezolana.

El Partido Socialista Unido de Venezuela, plataforma política que representa al chavismo, se constituye hoy, junto a todos sus brazos armados paramilitares, en un ordenamiento delincuencial con características de Cosa Nostra. Sus representantes, su élite política, no escapa de compartir responsabilidades con Nicolás Maduro.

Un ejemplo es Diosdado Cabello, el vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela, señalado como el caudillo del denominado Cartel de los Soles, el grupo narcotraficante bajo el control de miembros de las fuerzas Armadas de Venezuela.

Hoy el chavismo es una fuerza política degradada, agostada, que no llega a representar un porcentaje importante de la población. Instruida bajo la ética bolivariana —esa que solo concibe el resentimiento, el revanchismo y el saqueo—, hay que sostener sin vacilar que el movimiento engendrado por Hugo Chávez no es compatible con la dinámica liberal de una República democrática.

Es cierto que pudiera ser muy poco democrático pretender la exclusión de una fuerza política que representa una cantidad —aunque despreciable— de ciudadanos; pero, ¿está necesariamente la democracia disociada de, por ejemplo, la ética y los valores intrínsecos a la propia dinámica democrática? Es decir, ¿puede un partido, cuya principal aspiración es precisamente abolir el sistema democrático, participar y desenvolverse libremente en el sistema?

Se podrían emular algunas experiencias europeas y del sudeste asiático (como Indonesia) que proscribieron partidos naturalmente antidemocráticos. Actualmente el Partido Comunista, junto a sus símbolos, es prohibido en Moldovia, Ucrania, Estonia, Lituania, República Checa, Polonia y otras naciones. Muchos de estos países extienden su prohibición hacia el nazismo y todo movimiento que pretenda restringir las libertades y los derechos humanos y sean de talante totalitario.

Alemania, luego de soportar la imposición del más cruel totalitarismo que ha concebido el mundo, alivió sus costurones con un severo proceso de desinfección que pasó por los Juicios de Núremberg y, posteriormente, la proscripción en 1952 del Partido Socialista del Reich y en 1956 el Partido Comunista Alemán.

Quizá el chavismo no ha tenido la oportunidad de extenderse territorialmente como un movimiento genocida, así como sí lo haría el Nationalsozialismus y el stalinismo; pero los delirios liberticidas son muy similares y, quizá de una manera mucho más artesanal y local, los resultados de la imposición del modelo, también.

Pero acá poco valen esta sarta de palabras. Ya hay quienes ventilan el escenario depresivo de unas elecciones —esquivando, así, los otros dos pasos de esa ruta casi sacrosanta que nos ofreció Juan Guaidó— y deliran con una eventual participación del chavismo democrático —ese extraño oxímoron que algunos insisten que existe—. La que vale es la opinión de aquellos cuyas voces trascienden. Acá, la respuesta ofrecida al PanAm Post de varios individuos valiosos, destacados en sus espacios, ante la pregunta que titula esta nota:

Antonio Ledezma, líder opositor venezolano: «El chavismo puede encauzar sus sentimiento con un partido que actúe como tal, más no con una herramienta que sea guarida de narcotraficantes, terroristas y criminales de lesa humanidad. Nosotros aspiramos restablecer la democracia y, por lo tanto, garantizar instituciones solventes que funcionen bien con apego a la ley. Donde se garanticen los derechos humanos, políticos, económicos y sociales. Eso implica que se respete el pensamiento político e ideológico, el credo religioso, la libre empresa, la propiedad privada, etcétera. El PSUV debe regenerarse, ser realmente un partido y no una montonera. Deben tener claro que, para postular candidatos, deben estar libres de compromisos con la justicia nacional e internacional. Los principios no se pactan ni la justicia se negocia».

Alejandro Armas, periodista: «Como sabemos, hay Estados que, más que prohibir ideologías, han prohibido organizaciones políticas específicas, con argumentos de que usaron el Estado para cometer crímenes atroces. El caso más conocido es Alemania. Ahí el Nsdap fue declarado inconstitucional y su Código Penal prohibe el despliegue público de símbolos de organizaciones inconstitucionales. Pero esto tiene un problema táctico. En Alemania existe al menos un partido neonazi, el NDP, que retiene buena parte de la ideología nazi pero se abstiene de usar los símbolos del Nsdap para cumplir la ley. Así, por ejemplo, no usan como imagen el rostro de Hitler pero sí el de Hess, lugarteniente de Hitler. Imagina que en una Venezuela democrática se prohibiera el PSUV y sus símbolos. Alguien podría entonces crear un partido chavista nuevo y usar el rostro de cualquier dirigente chavista, en vez de los ojos de Chávez como imagen. Ahora bien, alguien podría pensar entonces que para evitar esto lo que hay que hacer es prohibir el chavismo como ideología. Esto también es problemático porque alguien tiene que hacerlo cumplir. Por lo tanto, habría una autoridad que determine qué es chavista. Pero definir ideologías políticas no es como sumar dos y dos. ¿Qué es el socialismo? ¿Qué es el liberalismo? Todos podemos tener opiniones al respecto, pero no hay un consenso. Ergo, pienso que la hipotética autoridad responsable de decidir qué es el chavismo tendría demasiado poder. Poder que puede prestarse para arbitrariedades. Al final por esa vía pueden limitarse de forma abusiva las libertades políticas. Además, creo que las prohibiciones, de partidos o ideologías, pueden ser contraproducentes porque le dan a lo prohibido un aura romántica que a menudo no merece. Es lo que pasaba con los partidos comunistas cuando los prohibían en Latinoamérica antes. Por todo esto, muy a pesar de lo mucho que el chavismo me desagrada, no veo conveniente prohibirlo».

Claudio Sandoval, embajador de Venezuela en Honduras: «En lo personal, no lo creo. El fascismo y comunismo como opciones políticas reales han sido prohibidas en naciones desarrolladas, como Alemania. Del mismo modo que no imagino nazismo (fascismo) democrático, tampoco veo un chavismo (comunismo del siglo XXI) democrático. Ideologías inhumanas de probada criminalidad (delitos de lesa humanidad y violaciones graves de los derechos humanos) deberían ser ilegalizadas como en países occidentales. La democracia no puede ser ingenua o tonta para suicidarse».

Daniel Lara Farías, periodista venezolano: «Si el chavismo sigue existiendo como fuerza política será señal de que no se ha recuperado la democracia».

Daniel Varnagyprofesor titular de la Universidad Simón Bolívar y doctor en Ciencia Política: «El chavismo, como combinación de ideas de izquierda a través de una praxis violenta generalizada, tal como se ha venido viendo en estas dos décadas de ejercicio del poder, pero que se inicia de cara al público desde el golpe de Estado protagonizado por su fundador, podría considerarse como una filosofía que alienta la destrucción de todo cuanto la sociedad requiere para su desarrollo. Si bien carecería de espíritu democrático impedir la participación de partidos de izquierda en la construcción de una sociedad que busca ser democrática, representativa y plural, el denominado chavismo ni puede ni debe volver a formar parte del espectro de alternativas que tenga la sociedad venezolana en su futuro».

Diego Arria, diplomático, escritor y expresidente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: «Cuando rescatemos la libertad, los derechos y la democracia en Venezuela, no se puede exonerar organismos que hayan sido utilizados justamente para la destrucción de la democracia, la libertad, la economía y los valores en un país, como es el caso del partido del régimen, el PSUV. Porque ha sido utilizado extensa e intensamente como un mecanismo para la destrucción del país. Sería absurdo, que recuperando la libertad, entonces se legitime a este mismo ente que ha sido causante directo de la destrucción del país y se le reconozca como un agente para que pueda participar en procesos eleccionarios. Yo creo que aquí tiene que haber una revisión de ese tema y, por supuesto, los seguidores, chavistas o maduristas, de alguna u otra manera se organizarán. Pero lo harán bajo otra organización que no sea la misma que enterró la libertad de nuestro país».

Erik Del Bufalo, profesor universitario y filósofo: «El problema no es el chavismo. Porque el chavismo en sí no quiere decir nada. Lo que no puede seguir existiendo es el Estado criminal chavista, que se fundó en el 99. Si, después de que se desmonta ese Estado, en el futuro, queda un movimiento que se reivindique de Chávez, porque el chavismo de fondo lo hace, o se depura el PSUV, podría eventualmente participar, depurado, en otro esquema de Estado. Porque el problema no es el chavismo. Repito: es el Estado criminal chavista que se funda a partir de la Constitución de 1999».

Héctor Schamis, profesor del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown: «No es el punto si debe. El tema es si seguirá habiendo chavistas una vez se recupere la democracia. Si los hay, ¿qué haces? ¿Los persigues? Hay franquistas en España. Hay un cierto neofascismo en Italia. Es más complejo que proscribir un partido. España, Italia, Hungría, Polonia, la antigua Yugoslavia, Francia, etcétera, tienen partidos autoritarios y algunos totalitarios».

Lorent Saleh, activista por los derechos humanos: «Sale mucho más barato que queden como una fuerza política con una participación, quizá dentro del Congreso, a que después se tenga que vivir años y años de terrorismo, ataque y confrontación para, al final, tener que negociar con ellos y darles espacios luego de cometer un montón de delitos, como ha pasado en todos los países. Es más: a nosotros nos conviene más que queden con una representación pequeña, que a ellos. A ellos les conviene más no estar».

J. J. Rendón, estratega político: «Debe atravesarse un proceso de reconstrucción de la República, donde se recupere el Estado de derecho. Pero, ese proceso no debe ser pasar de un totalitarismo a otro. Yo tengo veinte años exigiendo el respeto a derechos y valores de los venezolanos y no se puede pretender seguir con la arbitrariedad una vez se recupere la democracia. Yo no quiero víctimas ni abonar el discurso del chavismo. ¿Por qué no permitirles participar? Eso sí, primero logrando las condiciones admisibles para empezar la contienda electoral y democrática. Porque hoy, quien suponga lo contrario, que se puede ir a elecciones bajo condiciones que no son adecuadas, colabora con la dilación de ese proceso. Pero yo quiero que el chavismo se defienda. Que Maduro, cuando vaya a ser condenado de por vida, tenga el mejor abogado posible. Que pertenezca por siempre a prisión porque se la ganó. Quiero que el chavismo se someta a defender sus ideas en la forma en la que nunca lo han hecho».

José Vicente Haro, catedrático, abogado y consultor: «El mayor peligro para llegar a una transición, y el mayor peligro para un Gobierno de transición y posteriormente para un Gobierno electo, es que el chavismo se convierta en lo que hoy es el peronismo argentino o el sandinismo nicaragüense —que han demostrado ser ideologías políticas que han dado lugar a partidos que han atentado contra el sistema democrático, la libertad y los derechos humanos—. Considero que sería pertinente, para garantizar la supervivencia de la democracia una vez restablecida, para garantizar la libertad como valor sustancial de la democracia y para garantizar los derechos humanos, que el chavismo como ideología política cuente con mecanismos constitucionales y legales para que puedan proscribirse o prohibirse constitucional o legalmente. También aquellos partidos que, teniendo ideologías chavistas o ideologías identificadas con el Socialismo del siglo XXI, pretendan mantenerse o erigirse como nuevos en Venezuela. Debe establecerse un régimen constitucional y legal similar al que se estableció en Alemania con los partidos nazis y comunistas. La democracia tiene derecho a establecer unas garantías para la propia supervivencia del sistema democrático. La democracia tiene derecho a defenderse, incluso estableciendo mecanismos, quizá extraordinarios, para proscribir fuerzas políticas con tendencias claramente antidemocráticas como el chavismo. Puede que estas consideraciones se consideren polémicas, intolerantes o atentatorias contra la libertad del juego político; pero muy por el contrario son medidas constitucionales que tienen legitimidad y que buscan precisamente resguardar el sistema democrático».

Nehomar Hernández, periodista: «Lastimosamente, como en muchas transiciones del mundo reconocidas (la chilena, española o nicaragüense), siempre ha quedado pegada al sistema político la camarilla que sale del poder, aún cuando esta camarilla pudo haber hecho mucho daño. Entendiendo eso, uno podría decir que, aunque no es deseable, lo que va a ocurrir es que alguna facción —porque creo que el chavismo se va a picar en varias facciones— va a quedar en cargos de dirección del Estado. O le darán facilidades o permitirán que accedan a listas del Congreso. Eso no es deseable, pero eso va a pasar. Se pudiera decir que, aunque todos merecen tener la oportunidad de contar con representación, el chavismo nunca ha sido una fuerza democrática. Para ser una fuerza democrática el chavismo va a tener que mutar en otra cosa. Ahora, si yo tuviera que fijar una posición: no lo vería positivo. Nunca estas facciones han demostrado que puedan estar en el ámbito de una competencia democrática. No conocen eso. Han saltado del golpismo al ejercicio total de poder. Es difícil que el PSUV se pliegue a ser un partido de oposición».

Pedro Pedrosa, consultor político y estratega: «No debe seguir existiendo. ¿Debía Hitler participar en elecciones con Korad Adenauer después de la caída del Tercer Reich?».

Pedro Urruchurtu, politólogo y antiguo vicepresidente de la Federación Internacional de Jóvenes Liberales: «Lo primero que hay que entender es la dimensión mafiosa, criminal y autoritaria del chavismo. Que no se remonta a Maduro sino al comienzo del sistema. Y, desde luego, es importante tomar en cuenta su vinculación con la ideología socialista y comunista. Lo primero que debe haber es justicia y claridad sobre lo que el chavismo significó y representó. Si después de la justicia, después de que los culpables paguen y que tenga que ocurrir todo desde el punto de vista del resarcimiento del daño que se le hizo a una nación ocurra, hay grupos que, reivindicando un ideal de ese estilo y que además reivindican la ideología socialista, quieren participar; si están dispuestos, en un sistema democrático, de justicia y de reglas claras, a participar bajo esas reglas, y entendiendo que no pueden hacer lo que les dé la gana, se podría considerar su participación en el sistema democrático. Pero antes, tiene que haber justicia».

Rafael Arráiz Lucca, historiador, escritor y profesor universitario: «Naturalmente podría participar una vez se recupere la democracia. Es una fuerza política».

Ricardo Hausmann, gobernador principal de Venezuela ante el Banco Interamericano de Desarrollo: «Creo que no sería deseable ilegalizarlo. Su muerte debe ser un resultado político, no judicial».

Rocío Guijarro, filósofa: «En una democracia liberal, los partidos que existan deben estar enfocados a fortalecer el Estado de derecho y la libertad de los ciudadanos. Aquellos partidos que atenten contra esto deben prohibirse, ya que su fin es controlar y acabar con la libertad individual».

Thomas Dangel, activista por los derechos humanos: «Con el retorno de la democracia, nosotros tenemos que declarar ilegal al PSUV. El chavismo fue una ideología instaurada en Venezuela en torno de la figura de Hugo Chávez Frías y hoy, el PSUV, ha sido una organización que utilizó la unión cívico-militar para corromper, acabar con las instituciones y para cometer los más atroces actos criminales y violaciones de derechos humanos que hasta ahora, en la historia moderna de Venezuela, hemos visto. Por eso, con el retorno de la democracia, el PSUV debe ser un partido ilegal y nombrado como organización criminal».

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