Almagro y Bolivia, ante la necedad de los pragmáticos

La duda quizá sugiera que Almagro no anduvo de sonrisas en Chapare, con guirnaldas y paseando en teleférico, porque lo ha seducido la idea de otra presidencia de Evo o ande cazando su reelección

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El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, habla este lunes durante una rueda de prensa en Medellín (Colombia). EFE/Luis Eduardo Noriega A.

Los chavistas llaman traidor a Evo. De este lado, los tontos, cargan contra Almagro.

Y los tontos son muchos. Aquellos que uno creía sensatos, bastante racionales, agudos; pero hoy devenidos en imprudentes emocionales. Que se casan con sentimientos, pero no con ideas. Que abandonan la ecuanimidad, la lógica, la razón, aquella capacidad profunda, honda, de análisis, de, quizá, ir un poco más allá.

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Y la incauta descarga de altivez viene, no por alguna cualidad sacrosanta que lo vuelva inescrutable, infalible, sino porque el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, merece, nadie como él, sobre todos y sobre todo, el beneficio de la duda.

No por su experiencia intachable en los rings de la diplomacia. Ha sido su compromiso, evidente e ineludible, con la democracia y las libertades de Nicaragua, de Venezuela —y de la región, ¡por Dios!, porque irritar a los criminales en Venezuela es, también, irritar y asaltar a todos y cada uno de los criminales de América, esos que, de alguna u otra forma, comparten la cabuya que los ata al chavismo—.

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Somos los venezolanos, principalmente, quienes debemos retribuir, quizá por cuestiones morales o éticas, lo que ha hecho Luis Almagro por nosotros, por nuestra libertad. No podrá ser próspero, no podrá prosperar, de hecho, en sus batallas, aquel que no asuma en sí su responsabilidad y reconozca al hombre que también asume sus responsabilidades, que las cumple, las vuelve bandera, en contiendas laudables.

En el mundo de los Insulza y los Gaviria, los Almagro son un triunfo. Quizá estas delicadezas las pasan por alto aquellos que ante cualquier aparente desliz, por más pequeño que sea, cargan sus bayonetas, apuntan y disparan. Con insultos, además. Sin deliberar, ceder espacios al debate o a la duda.

Porque la duda quizá sugiera que Almagro no anduvo de sonrisas en Chapare, con guirnaldas y paseando en teleférico, porque lo ha seducido la idea de otra presidencia de Evo Morales o ande cazando su reelección.

Quizá, solo quizá, tomando en cuenta que en las últimas votaciones sobre Venezuela en la Organización de Estados Americanos, Bolivia se ha abstenido, Almagro realmente ande buscando otro aliado para robustecer el asedio que él comanda desde Washington contra Maduro. Y quizá, solo quizá, como el dictadorcillo en potencia de Evo igual será candidato, porque el país terminará permitiéndolo, Almagro prefiera unas elecciones observadas por la OEA que unas sin ese valioso escrutinio.

Como de este lado la foto incomodó, hay que subrayarlo, del otro también. El mejor amigo de Maduro, sonriéndole a su más implacable enemigo, es algo que debería generar más entusiasmo que recelo.

De momento, ante la necedad de los pragmáticos, por acá es mejor apostar por la astucia de quien ha capitaneado la mayor y más valiente ofensiva internacional contra el castrismo, ese cáncer que hoy consume a Nicaragua, Venezuela —y, hay que acentuar, a Bolivia—, en la región.

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