La historia detrás del contrato: cómo se armó y desarmó un plan para capturar a Maduro

Hay que ir meses atrás. Cuando los protagonistas de la historia armaron y desarmaron el plan para capturar a Maduro. Esa operación, que en un momento parecía estar a punto de sellarse, pero que terminó abortándose en un encuentro hostil

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AME8058. CARACAS (VENEZUELA), 06/05/2020.- Fotografía cedida por prensa de Miraflores donde se observa a Nicolás Maduro, durante una rueda de prensa que ofrece acompañado de ministros y el alto mando militar, en la que participan por videoconferencia embajadores y periodistas, este miércoles en Caracas (Venezuela).

La siguiente crónica es armada a partir de los testimonios de cuatro fuentes protagonistas, documentos a los que tuvo acceso el PanAm Post y los artículos publicados en The Washington Post y AP:

Hubo un proyecto de plan para capturar a Nicolás Maduro. Consistía en una operación quirúrgica, con la pretensión de ser limpia, que pasaba por la infiltración de células militares en Venezuela. Un extenso documento de 42 páginas detalla, paso por paso, el desarrollo de la aventura. Sin embargo, la discusión de esta operación entre las partes fue breve. Empezó en una reunión a principios de otoño en un apartamento del centro financiero de Miami y terminó, de forma agresiva, en el mismo apartamento, el 8 de noviembre.

Casi seis meses después de que una de las partes amenazara a la otra, la operación se ejecutó arbitrariamente. «Queremos hacer del conocimiento, y denunciar ante la comunidad nacional e internacional, que en la madrugada de hoy, 3 de mayo de 2020, pretendieron realizar una invasión por vía marítima un grupo de mercenarios terroristas», dijo el ministro de Interior y Justicia del chavismo, Néstor Reverol, casi al mediodía de ese domingo.

Un par de horas luego de que hablara Reverol, un video apareció en las redes sociales: el capitán Javier Nieto Quintero de la Guardia Nacional Bolivariana, una de las primeras víctimas de las purgas chavistas dentro del mundo militar, respetado y admirado, aparecía junto a Jordan Goudreau, un mercenario estadounidense y el propietario de la agencia de seguridad privada Silvercorp, atribuyéndose, no solo la incursión marítima que el régimen había logrado frustrar, sino futuras operaciones.

Goudreau era, como lo dejó claro en la misma noche de ese domingo 3 de mayo, una de las partes del acuerdo que se urdió en otoño de 2019 —pero que se interrumpió abruptamente el 8 de noviembre en una discusión agresiva—. Aunque toda la operación se tramó bajo el estricto respeto de dos acuerdos de confidencialidad, el americano decidió revelar todo ante los medios.

En una entrevista a la periodista venezolana Patricia Poleo en el medio Factores de Poder, Goudreau delató los detalles y permitió la publicación de un aparente contrato de 8 páginas firmado por el presidente Juan Guaidó, su estratega JJ Rendón y el diputado Sergio Vergara. Para justificar lo que claramente era un incumplimiento con lo acordado y la delación sensible de una operación militar, Goudreau arguyó que lo hacía para proteger a sus hombres en tierra y para exponer la supuesta traición a la que había sido sometido: Guaidó, según él, incumplió el contrato porque no pagó los servicios de Silvercorp.

El resto de la historia está ahí: la operación fue frustrada enteramente por el chavismo y los demás hombres, que se dispusieron a incursionar a Venezuela aún considerando que ya el régimen estaba al tanto, cayeron como chinches. Fue señalada como tal: una operación suicida. Nadie entendía, porque la sensación era que quien apadrinaba la operación estaba mandando a sus hombres al matadero.

Pero un par de semanas antes ocurrió un hecho que explica la naturaleza de la demasiado rústica y torpe operación. Un intento de extorsión que no terminó bien. Sin embargo, ese solo fue el último de muchos gestos que ya alertaban a todas las partes. De hecho, son muchos los elementos que dan cuenta de las irregularidades que, ahora no solo nublan estos primeros días de mayo, sino todo lo relacionado al desarrollo de las negociaciones. Hay que ir meses atrás. Cuando los protagonistas de la historia armaron y desarmaron el plan para capturar a Maduro. Esa operación, que en un momento parecía estar a punto de sellarse, pero que terminó abortándose —y que, aún así, se ejecutó en unas maniobras que parecían más esfuerzos kamikazes que un intento real por deponer al régimen chavista—.

Preparativos

El calor era insoportable en Cúcuta. Siempre lo es. Pero ese día, 22 de febrero de 2019, picaba particularmente. Ya habían pasado por la tarima Miguel Bosé y Silvestre Dangond. Hablaba Richard Branson, el organizador del megaconcierto por Venezuela. Detrás de él estaba el principal guardia de seguridad del evento: Jordan Goudreau, un exmilitar del Ejército estadounidense con una trayectoria aparentemente intachable y que en 2018 estableció la empresa de seguridad privada Silvercorp USA.

De acuerdo con un reportaje del medio estadounidense Associated Press, Jordan Goudreau se interesó activamente por la causa venezolana luego del concierto de Cúcuta que terminó con el intento fracasado de ingresar ayuda humanitaria al país regido por Nicolás Maduro. Dado el interés, Goudreau asistió a un par de eventos organizados por venezolanos en Estados Unidos. En uno de ellos, en Miami, conoció a Lester Toledo.

Toledo escuchó a Goudreau atentamente. Todas las hazañas del ex boina verde. Sus pasos por Irak y Afganistán, las tres condecoraciones por su laudable valentía, los servicios que ofrecía su empresa de seguridad y las supuestas relaciones directas que guardaba con la Casa Blanca de Donald Trump. Era el hombre y Toledo se lo presentó a Leopoldo López.

La primera vez que el afamado estratega Juan José Rendón, o JJ, conoció a Goudreau fue el 5 de septiembre. JJ Rendón acababa de ser designado por el presidente Juan Guaidó como miembro del Comité de Estrategia del Gobierno interino. Su objetivo se reducía a diseñar la estrategia para conquistar lo que en ese momento era el primer objetivo de Guaidó: el cese de la usurpación. Y, para ello, «todas las opciones estaban sobre la mesa»: la A, que pasaba por un Gobierno de emergencia nacional, le correspondía al interinato; la B, una alianza con la comunidad internacional, también; pero la C, era responsabilidad del recién nombrado Comité.

Se exploraron muchas alternativas. Todas se sometieron a un extenso equipo legal de más de diez abogados. El Comité de estrategia estudió más de diez casos de operaciones ensayadas en la historia que, o fueron exitosas o un completo desastre. Desde Bahía de Cochinos hasta aventuras africanas o el caso de Eichmann en Argentina. Finalmente, se dieron los encuentros con las empresas para estudiar las operaciones. Una de ellas, fue la de Jordan Goudreau.

Quien le presentó al mercenario a JJ Rendón fue el capitán retirado de la Guardia Nacional Bolivariana, Rodney Pacheco, quien se había convertido en una especie de edecán del presidente Juan Guaidó. En esa primera reunión, en el apartamento de Rendón en Miami, hubo tres firmas: un acuerdo de confidencialidad, una carta de intención y un memorándum de entendimiento. Se encontraban presentes Pacheco, el diputado Sergio Vergara, Goudreau y Rendón.

A partir de ese primer encuentro, continuaron explorando las opciones con la empresa Silvercorp. «Todo lucía muy profesional. Goudreau se presentó como un militar americano, honesto e intachable, con muy altas conexiones con el Gobierno de Trump», dice una de las fuentes. La página de internet de Silvercorp se veía sumamente profesional. Trataban con un experto.

Fue el precio y la posibilidad de financiamiento lo que llevó al Comité de Estrategia a decantarse por Silvercorp. Como se lee en The Washington Post, otras empresas de seguridad cobraban hasta $400 millones. La de Goudreau, en cambio, y por toda la operación, cobraba apenas unos $212 millones más algunos privilegios a futuro.

(Preacuerdo firmado por las partes como parte del desarrollo de las discusiones).
(Preacuerdo firmado por las partes como parte del desarrollo de las discusiones. La firma de Juan Guaidó no está).

Ambas partes, la del Gobierno interino y Goudreau, fueron desarrollando el documento final de la operación. Todos los elementos se tomaron en cuenta: cómo iba a ejecutarse, con qué armamento, qué se iba a evitar y qué debía concretarse, a qué riesgo y con qué garantías. Al final, luego de más de cinco encuentros, se esbozó el acuerdo del servicio definitivo —que fue revelado por The Washington Post: Silvercorp iba a capturar, detener —o, de ser necesario, remover— a Nicolás Maduro (quien era el principal objetivo) y a Diosdado Cabello, en una operación limpia en la que se trataría de evitar la utilización de explosivos o algún armamento que produjera daños colaterales; iban a trabajar 800 hombres que se iban a infiltrar con cautela antes y solo podían disparar ante la amenaza inminente, el ataque del enemigo o la necesidad de proteger objetivos específicos.

Entre las cláusulas del contrato se consideró que el costo estimado de la operación serían los $212 millones y tendría una duración de 492 días (a partir del momento de la firma hasta la conquista del objetivo). El primer adelanto de $1,5 millones lo pagaría el Gobierno interino en un plazo de cinco días luego de la firma del acuerdo; asimismo, el monto total del acuerdo se empezaría a pagar un mes después de que se haya completado la misión. Petróleo, dinero incautado a chavistas y privilegios cubrirían, también, parte del pago.

Aunque en el acuerdo se lee que el primer adelanto lo aportaría el Comité, Jordan Goudreau se comprometió con conseguir él mismo el back up. Necesitaría medirle la temperatura a posibles financistas y, para ello, según dijo, requería de un acuerdo firmado por el Gobierno interino. Finalmente, en Washington DC, el 16 de octubre de 2019, Sergio Vergara, como alto comisionado presidencial; Rendón, como estratega presidencial; y Jordan Goudreau, como CEO de Silvercorp, firmaron el documento.

Según dice JJ Rendón, Juan Guaidó no firmó. Sin embargo, la parte de Jordan Goudreau y quienes se relacionaron con él, afirman que el estadounidense requería de, principalmente, la firma del presidente. Además, Goudreau dio al Washington Post y a la periodista Patricia Poleo una grabación secreta en la que se escucha a Guaidó decir: «Ya voy a firmar». Una fuente dijo al PanAm Post que vio la firma de Guaidó en el documento. «No creo que se la hayan falsificado», dijo.

Como Goudreau aseguró que necesitaba el acuerdo firmado para recabar fondos, el Gobierno interino se mantuvo en suspenso. Por su parte, el Comité de Estrategia tanteó a algunos empresarios y las respuestas, en absolutamente todos los casos, fueron negativas. «Acudió a mí y preferí retirarme. Apoyaba la iniciativa pero era arriesgada», dijo al PanAm Post uno de los empresarios consultados.

A los cinco días de la firma del acuerdo, Goudreau les dijo que había logrado recibir financiamiento pero no pudo mostrar evidencia. Fue la primera señal de alerta. Luego, llegó la demanda que agrietó las relaciones: el estadounidense empezó a exigir al Gobierno interino el pago definitivo de la inicial, según aparecía en el acuerdo. El Comité aludió a que eso no fue lo pactado, que no tenía el dinero ni había logrado conseguir recursos para el financiamiento de la operación. Jordan, según cuentan tres fuentes, empezó a asumir una conducta hostil ante la deuda que él reclamaba. Por las presiones, JJ Rendón tomó la iniciativa de darle un pequeño adelanto de $50 mil a Silvercorp. El dinero salió del bolsillo del mismo estratega y lo hizo con el propósito de mitigar la exasperación de Goudreau y de ayudarle a sostener los viajes con los que continuaría buscando financistas.

Pero Goudreau siguió presionando. Llegó incluso a amenazar a JJ Rendón: «Yo jodí tu credibilidad en Washington DC». El mercenario le aseguró al estratega que su participación en la operación podría costarle su condición de asilado en los Estados Unidos.

(Mensaje de Jordan Goudreau a JJ Rendón, proveído al PanAm Post por el mismo estratega).

Ante la hostilidad que se había alzado, ya era evidente que las relaciones no eran iguales. El Comité empezó a percibir señales de que todo era una especie de estafa. Además, JJ Rendón, según él mismo dice, se enteró de las estrechas relaciones entre Jordan Goudreau y militares chavistas.

Clíver Alcalá, hoy narcotraficante preso en Estados Unidos, conoció a Goudreau gracias a Lester Toledo, de acuerdo con el reportaje de Associated Press. Ninguna de las fuentes consultadas certificó esa información. Sin embargo, es cierto que Goudreau y Toledo se conocieron en Bogotá.

La discordia llegó al paroxismo el 8 de noviembre de 2019 en una reunión en el apartamento de JJ Rendón. En el encuentro había más de seis personas y todas presenciaron una discusión que estuvo a punto de volverse violenta. «Jordan llegó al apartamento muy molesto, reclamándoles por supuestamente haber incumplido el acuerdo. Exigía el pago de inmediato o mandaría todo a la mierda», dijo al PanAm Post uno de los testigos. JJ Rendón, según comentó al PanAm Post, exigió a Goudreau una disculpa por haberlo amenazado previamente. Eso detonó la discusión.

En un momento, Goudreau se ufanó de tener relaciones con empresarios chavistas. Mencionó a Rafael Ramírez y a Raúl Gorrín. «Yo me alío con ellos si es necesario. El que paga manda», espetó. JJ Rendón, según certificaron dos testigos al PanAm Post, le contestó al mercenario: «¡Nosotros no vamos a estar recibiendo plata del chavismo!».

Goudreau le sugirió al estratega que vendiera una propiedad para pagar la inicial. Estaba desesperado por el dinero. «Él había quedado casi que en banca rota con esta operación. Necesitaba la plata. Además, tenía a los hombres en Colombia, en los campamentos, que la estaban pasando realmente mal», relata una de los testigos.

Para evitar un encontronazo violento, tuvieron que interceder los venezolanos que se encontraban presentes. Algunos eran militares, como Rodney Pacheco y el capitán Javier Nieto Quintero, quien ese día tuvo el primer acercamiento con la operación. Le pidieron al estadounidense que se calmara y a la parte del Gobierno interino, que, pese a que todo indicaba que estaba dispuesta a abandonar la operación, se lo replanteara.

Pero al final, JJ Rendón botó a Jordan Goudreau de su apartamento. Fue la última vez que se vieron. Ese día, según dice JJ Rendón, quedó claro que la operación «estaba muerta».

Los militares por su cuenta

Associated Press, el exSeal de la Armada de Estados Unidos, Ephraim Mattos, le dijo que visitó los campos de entrenamiento que tenía Goudreau en Colombia luego de enterarse de ellos por un amigo. Al llegar, «le sorprendieron las condiciones llenas de carencias». «No había agua corriente y los hombres dormían en el suelo, se saltaban comidas y entrenaban con palos de escoba en lugar de fusiles de asalto», dijo Mattos, quien asevera: «No vas a eliminar a Maduro con 300 hombres hambrientos y sin entrenamiento».

Dada las condiciones de los militares en Colombia, el capitán Javier Nieto junto a otros efectivos en Estados Unidos se dispusieron a buscar, por su cuenta, asistencia. Fue su forma de reaccionar a la discusión del 8 de noviembre, en la que quedó claro que ninguna de las dos partes contaba con recursos para sufragar la operación. No solo pidieron dinero —considerando lo sensible que es para un empresario colaborar con una operación de este calibre—, también plantearon que, otra forma de asistirlos, era con comida o uniformes. La respuesta, en todos los casos, también fue negativa.

Jordan Goudreau, junto a los militares que coordinaban los esfuerzos, siguieron adelante con el plan, presuntamente por compromiso con sus hombres. Según asegura uno de los testigos al PanAm Post, el 8 de noviembre no quedó claro que el acuerdo se había suspendido. De hecho, para ellos esto no había sido así. Y, aunque rompieron toda relación con el Gobierno interino, continuaron desarrollando la operación como si aún contaran con el aval de Caracas.

En el marco de la gira de Juan Guaidó por Europa y Estados Unidos, el capitán Javier Nieto logró reunirse en persona con el presidente mientras estaba en Miami. En ese encuentro, aunque Nieto no se refirió concretamente al acuerdo con Silvercorp, habló de los hombres que en Colombia estaban comprometidos con la causa y dispuestos a empuñar los fusiles en nombre de la libertad. «Usted podría convertirse en un segundo Libertador, presidente», dijo Nieto a Guaidó, de acuerdo con uno de los testigos del encuentro. El presidente, sin dejar a un lado su naturaleza política, se mostró apático ante los comentarios del capitán.

El plan se mantuvo, pero atenuado debido a la falta de recursos y exigua capacidad logística. Los hombres en Colombia, casi todos famélicos y aletargados, siguieron bajo las órdenes de, principalmente, Cliver Alcalá Cordones y el capitán Antonio Sequea Torres. Desde Estados Unidos, Nieto Quintero y Jordan Goudreau se esforzaban por coordinar los entrenamientos. Pero todo pareció desmoronarse el 25 de marzo de este año.

«Las autoridades colombianas incautaron un arsenal de 26 fusiles de asalto AR-15 y accesorios de uso militar que eran transportados en una camioneta por la carretera entre las ciudades de Barranquilla y Santa Marta», reportó el 25 de marzo el diario El Espectador. 

«No entendíamos bien lo de las armas porque entendíamos que no había recursos. No sé si las armas las había comprado Clíver o Jordan», dijo uno de los militares de la operación.

Al día siguiente de la incautación del armamento, el Gobierno de Estados Unidos anunció la decisión de acusar a Nicolás Maduro y a su cúpula política de estar vinculados al narcotráfico. El Departamento de Justicia americano también anunció recompensas por la cabeza de Maduro y otros hombres: uno de ellos era Clíver Alcalá Cordones, quien pasó a valer unos $10 millones.

No transcurrieron veinticuatro horas y el antiguo militar chavista ya tomaba la decisión de entregarse a la justicia de Estados Unidos. Ese 27 de marzo, justo antes de ponerse en manos de la DEA, grabó un video en el que se atribuyó la responsabilidad de las armas incautadas dos días antes y reveló que todo era parte de una operación en desarrollo cuya génesis era un contrato que se había firmado entre el presidente Juan Guaidó, su estratega JJ Rendón, y «asesores estadounidenses».

«Las armas incautadas en Colombia pertenecían al pueblo venezolano en el marco de un pacto o de un convenio firmado desde hace muchos meses. Venimos trabajando en la conformación de una unidad Libertad para Venezuela. Leopoldo López conoce de esto. A la reunión con los asesores norteamericanos me envió el señor Juan Guaidó», dijo Clíver Alcalá Cordones en un audiovisual que publicó él mismo el 27 de marzo. Esa fue la primera vez que se mencionó públicamente el contrato.

La operación degollada 

El acuerdo firmado en octubre, según la parte del Gobierno interino, jamás tuvo luz verde. De hecho, jamás se llevó a cabo el perfeccionamiento del contrato ni el proceso de Due Diligence o los pasos preliminares. Sin embargo, a finales de abril Jordan Goudreau empezó a amenazar con hacer todo público si no se cumplía el acuerdo firmado varios meses antes.

La caída de Clíver Alcalá fue lo que alentó a Goudreau a meditar la posibilidad de revelar todo. Estaba molesto. Quería dañar a quienes, para él, lo habían traicionado. Empezó a discutir la idea con su círculo de venezolanos. Todos trataron de disuadirlo.

Jordan Goudreau dijo a Rodney Pacheco que iba a demandar a JJ Rendón, a Sergio Vergara y a Juan Guaidó. Un testigo de las discusiones dijo al PanAm Post que el mercenario empezó a exigir una reunión con los implicados y siempre fue desoído. Incluso, para evadirlo, los representantes del Gobierno interino llegaron a utilizar el argumento de la pandemia del coronavirus. «Hasta dijeron que estaban enfermos».

El 28 de abril en la mañana le llegó a JJ Rendón una carta de los abogados de Jordan Goudreau. «Era un intento de extorsión», dice Rendón. En la carta, el estadounidense exigía el pago del adelanto acordado en octubre o, de lo contrario, revelaría todo. La misma carta llegó a la embajada de Juan Guaidó en Washington DC. Fue ignorada. La operación, hasta el final, no tuvo el aval del presidente de Venezuela. Era un esfuerzo descabezado.

(Carta enviada por abogados de Jordan Goudreau al Gobierno interino en la que se exigía el pago de $1,5 millones)
(Mensaje de Rodney Pacheco a JJ Rendón en el que le comenta que Jordan Goudreau está a punto de «tomar acciones de interés público», refiriéndose a revelar todo).

Al matadero

«Queremos hacer del conocimiento, y denunciar ante la comunidad nacional e internacional, que en la madrugada de hoy, 3 de mayo de 2020, pretendieron realizar una invasión por vía marítima un grupo de mercenarios terroristas».

Esa frase de Reverol descolocó al Gobierno interino y al resto de los venezolanos. Por horas se especuló y los mismos factores afines a Guaidó colaboraron con el ruido. De denunciar los hechos como un burdo teatro de la dictadura a empezar a considerar que, en efecto, el régimen había asesinado a valientes venezolanos que se habían aventurado en una operación tosca. De hecho, la primera reacción del presidente Guaidó fue decir que todo se trataba «de una nueva olla de la dictadura».

Nieto Quintero y Goudreau, ante el evidente fracaso de la incursión en Macuto, decidieron publicar un video reconociendo la autoría de los esfuerzos con el propósito de alentar a otros oficiales. La presencia de un americano y de un militar respetado como el capitán de la Guardia Nacional Bolivariana debía servir para impulsar a otros a acompañar la iniciativa militar. Sin embargo, eso no ocurrió. El régimen controló la situación y se impuso a las amenazas. Esa noche, Goudreau habló.

«El domingo Jordan Goudreau entró en una crisis. Pidió hablar con Patricia Poleo porque sabía que era la periodista más radical y por el respeto que infunde en los militares y el exilio venezolano», dice una de las fuentes, quien acompañaba a Goudreau ese día.

El mercenario le explicó todo a Patricia Poleo: «Existe un contrato con el Gobierno interino y el contrato ha sido violado. Por eso es que ahora puedo romper la confidencialidad que se tenía».

Las declaraciones de Goudreau a Poleo están, de hecho, atestadas de incoherencias. Dice que nadie del Gobierno interino le llegó a pagar jamás cuando, de hecho, Rendón sí le dio $50 mil. También revela exactamente cuántos hombres tiene la operación (dice que apenas son 60); y asegura que acaba de hablar con unos militares que, de hecho, la dictadura había asesinado horas antes.

Pero hubo un detalle de las palabras de Goudreau que pocos recogieron: «A este punto el contrato fue completamente fracturado. Nada se cumplió. Quiero decir, realmente ya no hay contrato». Esto último es lo que realmente suscriben los representantes del Gobierno interino.

Al día siguiente, el régimen de Nicolás Maduro neutralizó otros dos esfuerzos por incursionar a Venezuela. Pudo detener a más de diez militares y otros cándidos que se habían sumado. Incluso, dos americanos, también curtidos en Iraq y Afganistán, terminaron en las prisiones del chavismo. «Algo nunca antes visto en América Latina», dice una fuente militar al PanAm Post.

A este punto, ninguna de las fuentes consultadas puede o sabe explicar quién y por qué se ejecutó una operación destinada al fracaso. Ya había sido alertada por el chavismo hace más de un mes, no contaba ni con los recursos o la logística necesaria. Tampoco con el aval del Gobierno interino, que por unos meses coqueteó con el proyecto. No obstante, Jordan Goudreau decidió mandar a sus hombres al matadero. Hoy el chavismo los exhibe como trofeo.

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