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Barack Obama, el negrero en jefe y la muerte cubana

Por: Orlando Luis Pardo Lazo - @OLPL - Ene 4, 2016, 9:37 am
Vladimir Morera Bacallao es la victoria macabra del negrero Raúl Castro en contra del comprador de esclavos Barack Obama.
Vladimir Morera Bacallao es la victoria macabra del negrero Raúl Castro en contra del comprador de esclavos Barack Obama. (Libertad USA)

La élite corporativa-militar del castrismo es blanca castiza, insultante en su impunidad, disciplinaria hasta lo despótico, fiel hasta lo fascista. Así, la revolución Cubana siempre dependió de la trata humana para sobrevivir a cada generación, tratando a nuestra ciudadanía y al exilio al peor estilo de la trata negrera durante la esclavitud (abolida en Cuba de mala gana en 1886).

Toda trata negrera necesita no sólo de un Pedro Blanco El Negrero, como en la novela de Lino Novás Calvo —en este caso, encarnado por el general nunca electo Raúl Castro Ruz y su claque de ramfis mafiosos—, sino que necesita también de un civilizado comprador de esclavos en traje y corbata, cuya función desde el 17 de diciembre de 2014 es asumida por la administración de Barack Obama y el Departamento de Estado de los EE.UU.

Hoy, ese pacto criminal está cobrando la vida de un inocente en la isla: Vladimir Morera Bacallao, un preso político que están dejando morir —que están matando— en régimen de aislamiento, tras más de 80 días en su última huelga de hambre.

En enero de 2015, Morera Bacallao fue uno de los 53 “esclavos” que los negreros del clan Castro “liberaron” para congraciarse con el presidente norteamericano, y de paso darle materia prima barata al imperio izquierdista de la prensa de ese país, que aplaudió las excarcelaciones de la nueva alianza del castrobamato, tal como si se tratara de una transición a la democracia.

Por cierto, muchos de esos presos políticos nunca habían sido reconocidos como tales en Cuba, y varios de ellos —como Sonia Garro— llevaban meses y hasta años secuestrados en las cárceles castristas, sin cargos ni proceso judicial.

Apenas fue “liberado” de su injusta —y en la práctica, ilegal— condena, Morera Bacallao fue arrestado de nuevo en mayo de 2015, tras agredirlo junto con su familia en uno de esos salvajes actos de repudio que el Gobierno cubano organiza y paga a sus secuaces. Entonces, durante semanas, él llevó a cabo otra huelga de hambre, hasta lograr que las autoridades le prometieran revisar su caso.

Por supuesto, todo lo que involucre a la Seguridad del Estado cubana es una mentira miserable. De manera que los agentes secretos engañaron al activista social. Y en noviembre de 2015, Morera Bacallao fue condenado a cuatro años de cárcel, sólo por sentarse pacíficamente en su propio portal con un cartel contestatario. Ya para entonces él había retomado una huelga de hambre que mantiene hasta hoy, moribundo y en régimen de aislamiento en el hospital provincial de Santa Clara.

Hace más de una semana que nadie lo puede ver, ni siquiera su esposa Maribel Herrera, ni su hijo Vladier Morera. Ni tampoco el pastor bautista Mario Félix Lleonart, que le iba a ofrecer asistencia espiritual.

Como mismo hicieron con los huelguistas asesinados Orlando Zapata Tamayo, en 2010, y Wilman Villar Mendoza en 2011, el régimen ha desatado una campaña de descrédito contra la víctima en las redes sociales. Y, al trasladarlo a un hospital, pretenden limpiar toda culpabilidad oficial, al tiempo que lo aíslan hasta de sus seres queridos, para poder manipular siniestramente su cuerpo o su cadáver.

(En el caso de Zapata Tamayo, filmaron con cámara oculta a su madre para mostrarla en la TV nacional sin su permiso, mientras su hijo yacía muerto al otro lado del vidrio de la Terapia Intensiva, sin ella aún saberlo, con un par de sueros como cruel pantomima.)
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Por lo tanto —y por desgracia—, es muy probable que Vladimir Morera Bacallao hoy sea ya un cadáver. La demora en anunciar su muerte sería sólo para evaluar el impacto en la opinión internacional, y para elegir una fecha de menor repercusión que, por ejemplo, el fin de año, o el aniversario de la Revolución el 1° de enero.

La última vez que la familia lo vio, deliraba, vomitaba, y tenía rigidez muscular: léase, agonizaba. Ahora, fuentes anónimas han echado a correr el rumor de que sufrió un paro cardiorrespiratorio y los médicos heroicamente lo resucitaron.

Es el típico guión de un asesinato de Estado con complicidad clínica. Y es bien sabido que la medicina cubana es la única en el mundo capaz de asesinar sin que le tiemble la mano a ninguno de nuestros galenos —muchos de estos hoy con licencia profesional en Miami—, siempre que la orden venga de la tenebrosa Seguridad del Estado.

Vladimir Morera Bacallao es la victoria macabra del negrero Raúl Castro en contra del comprador de esclavos Barack Obama. Al régimen de La Habana tal vez le convenga esta muerte, para ralentizar un poco el proceso de acercamiento con Washington DC, y así ganar tiempo en las alianzas militares con Rusia, China, Corea del Norte, Irán, mientras se aclara un poco la debacle en las urnas del chavismo venezolano.

Feliz año nuevo 2016, presidente Obama. Usted y su política hacia Cuba son más que responsables de que haya un cubano común muriendo o ya muerto a manos de la policía política cubana.

Pero no se preocupe demasiado, señor presidente de Estados Unidos. Las vidas blancas están devaluadas en importancia. También las cristianas. Mucho más si son de voces acusatorias de la cobardía de lesa complicidad de un Partido Demócrata que sufraga tiranías totalitarias.

Orlando Luis Pardo Lazo Orlando Luis Pardo Lazo

Orlando Luis Pardo Lazo es un escritor y fotógrafo cubano, miembro visitante del Proyecto Internacional de Escritores, y profesor adjunto de la Universidad Brown. Sígalo en Twitter: @OLPL, y su blog Lunes de Post-Revolución.