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La naranja mecánica: una advertencia contra el poder desmedido

Por: Oswaldo Toscano - @otoscano_ec - Ago 26, 2016, 2:21 pm
(La Guía del Varon) Totalitarismos
La Naranja Mecánica podría parecer una película sobre un grupo de muchachos adeptos a golpear, robar, violar; sin embargo, es una perfecta descripción de una sociedad distópica en la misma línea que 1984 de Orwell o Un Mundo Feliz de Huxley. (La Guía del Varon)

La escena tiene un original perfil futurista. Cuatro «Drugos», amigos en la jerga Nadsat, sentados en el bar lácteo Korova. Efigies de origen fetichista acompañan la escena fílmica. Se puede ver a los cuatro protagonistas bebiendo un líquido blanco en vasos de vidrio, leche plus, leche combinada con algún alucinógeno. Así empieza la adaptación cinematográfica de la obra de Anthony Burgess, La Naranja Mecánica.

Anthony Burgess fue admirador de Joyce, Shakespeare, y ferviente lector de Orwell. La lectura de la obra orwelliana se convirtió en su obsesión. La novela 1985 de Burgess, es, sin duda, un homenaje a Orwell; describe una sociedad dominada por un totalitarismo sindical. ¿Qué importancia puede tener esto? que como toda obra de arte, no está aislada, pertenece al conjunto de la obra del autor, que es desde donde se puede explicar la novela La Naranja Mecánica.

Burgess tuvo una productiva vida literaria y artística, incluye treinta y tres novelas, una autobiografía, tres sinfonías y más de ciento cincuenta composiciones musicales. Siempre se declaró no creyente, aunque su energía intelectual la dedicó a hilar la perturbadora relación binaria entre el bien y el mal, así bebía de la fuente del cristianismo secularizado, igual que toda la cultura en Occidente. Del lado del bien: la represión de las pulsiones freudianas necesarias para el sobrevenir de la civilización. Del lado del mal: el positivismo jurídico, hijo intelectual de Thomas Hobbes, que ha creado un cerco sobre la libertad.

La Naranja Mecánica podría parecer una película sobre un grupo de muchachos adeptos a golpear, robar, violar; sin embargo, es una perfecta descripción de una sociedad distópica en la misma línea que 1984 de Orwell o Un Mundo Feliz de Huxley. Es una obra sobre el poder. Sociedades resistiendo el control de las vidas de los individuos mediante la prohibición, representación jurídico discursiva del poder. Efectivamente, Burgess tenia plena conciencia del poder desmedido del Estado en manos de una persona o partido, consideraba que la lectura de 1984 de Orwell era un tratamiento profiláctico en contra de los totalitarismos. Entre paréntesis, como una de esas paradojas modernas, muchos gobiernos hoy parecen usar 1984 como manual operativo para controlar cada vez más la vida de los ciudadanos.

Kubrick recreó para el cine en 1971 una versión de la novela. Burgess tuvo algunos desacuerdos en la construcción narrativa de la versión para el cine, aunque en el fondo era una excusa para reclamar con algo de dignidad los desdichados 500 dólares que recibió como regalías. Además, los medios vincularon muchos hechos de violencia de la época con la obra de Burgess y Kubrick. Decepcionado escribió The Clockwork Testament, una novela para purgar los espectros de la frustración con los medios y Hollywood. La Naranja Mecánica de Kubrick es una adaptación fantástica al cine, de esas películas que dejan fotogramas navegando durante meses en la mente. Es una película con violencia explícita, no apta para verla en domingo familiar. Con una estética exquisita, el genio Stanley Kubrick elevó la película de forma magistral a la categoría de película de culto.

Tanto en la novela como en la película, la jerga Nadsat (¿mencioné que Burgess era lingüista?) fue creada específicamente para fortalecer ese universo. Bajo un lienzo surrealista, se nota la influencia de Orwell, en donde además abundan las referencias a la filosofía futurista de Marrineti.  « ¿Qué pretenden las mujeres, los sedentarios, los inválidos, los enfermos y todos los consejeros prudentes? A su vida vacilante, ruta de lúgubres agonías […] nosotros preferimos la muerte violenta y la glorificamos como la única que es digna del hombre, animal de presa» dice el manifiesto futurista escrito en 1902.  En Italia llegó a fundarse el partido futurista apoyando a Mussollini.

La novela, y luego la estructura simétrica de las tiras de celuloide, culminan en la composición de un guión cinematográfico que refleja la locura de los totalitarismos. La Naranja Mecánica muestra la estrecha relación entre violencia y regímenes totalizantes. La vestimenta, uniformes y botas usados por los protagonistas recuerdan a los Camicie Nere y las SS, tristes organizaciones paramilitares creadas para imponer el pensamiento único; no es casual la elección de estos signos, la explicación remite a la semiología de Barthes.

Claro que Kubrick, pastoreando del césped mallarmeano, evita nombrar  los objetos para no destruir el placer de descubrir. Así llega el clímax estatista, el escenario es una prisión, casi como un homenaje a Historia de la locura, opera prima de Foucault. Allí aparecen en el montaje un grupo de burócratas que deciden experimentar con un nuevo tratamiento para transformar a los delincuentes: el tratamiento Ludovico.

Alex, el protagonista, es el primer paciente para este tratamiento psicológico experimental de tipo conductista. Sin vacilaciones, la subjetividad de la cámara revela lo siniestro del estatismo. La pasividad de los espectadores en el experimento convierte al hecho en obsceno, casi como la pasividad frente a los abusos del poder en la vida real. La película no incluye el último capítulo del libro en el cual el protagonista decide cambiar su vida pendenciera y prosaica por una vida quizás más sosegada, mucho más burguesa: formar una familia. El libro en la versión inglesa tiene este final.

Oswaldo Toscano Oswaldo Toscano

Oswaldo Toscano es doctorando en Historia por la Universidad Francisco Marroquín y cursa el máster de política económica de la SMC University. Docente universitario, empresario, escribe para medios en Ecuador, Colombia y España. Síguelo @otoscano_ec.