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Juan Carlos Varela arrecia el populismo y socava la institucionalidad panameña

Por: Pablo José Gutiérrez Fernández III - Sep 22, 2014, 2:35 pm
El actual presidente de Panamá Juan Carlos Varela (derecha) está dando continuidad al paternalismo iniciado por su antecesor, Ricardo Martinelli (izquierda).
El actual presidente de Panamá Juan Carlos Varela (derecha) está dando continuidad al paternalismo iniciado por su antecesor, Ricardo Martinelli (izquierda). (Flickr)

EnglishMucho se dijo durante la última campaña electoral en Panamá sobre cómo el Gobierno de Ricardo Martinelli estaba destruyendo la institucionalidad del país. La compra de diputados, la cuasi eliminación de la separación de poderes, la corrupción rampante, entre otras cosas, estaban en la boca de casi todos los panameños.

No se veía la hora de sacar a Martinelli del poder, impedir que se reeligiese mediante el candidato títere José Domingo Arias —quien tenía como candidata a vicepresidente a la entonces Primera Dama, Marta Linares de Martinelli— y elegir a un mandatario que pudiera darle a Panamá un respiro institucional y traer un ambiente de paz y democracia a la abatida república.

Juan Carlos Varela, el entonces vicepresidente de Martinelli, se vendió durante la campaña como un férreo opositor a este último. Los constantes ataques por parte de José Domingo Arias, y de diversos candidatos del partido oficialista Cambio Democrático (CD), ayudaron a Varela a separarse por completo de Martinelli y a ser percibido como el verdadero opositor.

La compañera de fórmula de Varela, la señora Isabel de Saint Malo, fue otra pieza fundamental para la elección del candidato del Partido Panameñista. La señora de Saint Malo le dio un aire de estabilidad institucional a la campaña de Varela. No sólo eso, sino que consiguió que muchas personas cansadas de la cantidad de subsidios que el Gobierno de Martinelli había estado otorgando, votaran por Varela.

Esto se debió a que en varias entrevistas, ella dijo que había que ponerle un freno a los subsidios, focalizarlos, y ponerles fecha de caducidad. Algo como esto no se había escuchado por parte de un candidato en muchísimo tiempo. También el hecho de que ella no es una política, en el sentido tradicional de la palabra, atrajo a muchos independientes a la alianza “El Pueblo Primero”.

El 4 de mayo los panameños eligieron a Varela como nuevo presidente de la República.

Cuatro meses más tarde, nos encontramos en una situación que puede ser aún peor que la que estábamos con Martinelli. Si bien el anterior mandatario estaba atacando la institucionalidad del país de varias maneras, Varela lo está haciendo de una forma que puede resquebrajar por completo —o lo poco que queda de—  las fundaciones republicanas de Panamá.

En campaña, Varela prometió instaurar un sistema de control de precios. Esto sonó varias alarmas entre distintos sectores del país, mas no era algo que se consideraba devastador. Sin embargo, y para la sorpresa de muchos, las cosas se iban a poner progresivamente peor. No sólo el control de precios ha traído con sí los problemas que se esperaban, sino que fue el primero de muchos ataques a una de las instituciones más importantes que existe, la propiedad privada.

El Ejecutivo y el Legislativo han estado proponiendo y aprobando leyes que van en directa oposición con los principios de la propiedad privada y la libertad de disponer de ésta. Un claro ejemplo es la nueva ley que regula el poder cobrar o no por los estacionamientos que son posesión de comercios y centros comerciales.

Hace unos meses, uno de los más grandes e importantes centros comerciales de la Ciudad de Panamá, MultiPlaza, decidió empezar a cobrar por el uso de sus estacionamientos. Otorgaban un período gratis, que dependía de la actividad que se fuese a realizar en dicho centro. Lastimosamente para los políticos, esto es inaceptable y va en contra de la “justicia social”. La nueva ley no permite a los comercios, centros y plazas comerciales, entre otros, poder cobrarle a todos los que utilicen sus estacionamientos. Es decir, uno no es del todo dueño de su propiedad; se debe contar con el beneplácito del gobernante de turno para poder disponerla al 100%.

Otra medida que resquebraja la institucionalidad es una propuesta de ley que establecería un subsidio para mujeres embarazadas que no estén inscritas en la Caja del Seguro Social. Es decir, estamos premiando la irresponsabilidad de las personas, en lugar de incentivar educación sexual, o de simplemente incentivar a las personas a utilizar las herramientas correctas para tener en qué apoyarse económicamente.

Se crea así una dependencia y se manda un mensaje que dice que no importa qué decisiones hayas tomado en la vida, el Gobierno está aquí para resolverte tus problemas. Esto es lo que da a entender la política de subsidios, y es lo que resquebraja el tejido institucional de un país.

El Gobierno de Varela también ha expandido y aumentado otros subsidios y programas estatales, como el “120 a los 65”, una pensión estatal de US$120 a las personas de 65 años que no cuenten con jubilación —que antes era “120 a los 70” y originalmente “100 a los 70”; y pensar que todos estos cambios, en un sólo programa, se dieron en cinco años.

La controversial “Beca Universal” tuvo un aumento igualmente, el cual representa un gasto adicional de $75 millones. También está el programa de apoyo a las personas que adquieran casas de bajo precio. Si la misma tiene un precio de hasta $50.000, se otorga el “Bono Solidario de Vivienda”, el cual Varela aumentó en un 100%: de $5.000 a $10.000.

El discurso de disminuir los subsidios quedó solo en palabras, como podemos ver.

La vicepresidenta de Saint Malo dijo al inicio del año, “Señores, no se trata de extender paternalismo, se trata de dar las herramientas necesarias para que la gente pueda surgir por su propio esfuerzo. Los subsidios temporales son necesarios, pero los permanentes son indignos. Nada reemplaza el orgullo del éxito a partir del propio esfuerzo”.

El Gobierno actual, lastimosamente, está cultivando la semilla paternalista que sembró Ricardo Martinelli. A la larga esto puede llegar a ser sumamente costoso, ya que los subsidios sufren del efecto de la bola de nieve y nadie quiere sufrir el costo político de ir eliminándolos.

Por ende, me temo que cada vez más se está preparando el terreno para la llegada de un Gobierno aún más populista, o peor aún, uno socialista, que se aproveche de la semilla sembrada por Martinelli y que recogerá los podridos frutos de ésta. Espero estar equivocado y que se corrija el rumbo, pero las cosas no pintan bien.