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Venezuela: El régimen se enfrenta a su Frankenstein, el sindicato de la siderúrgica SIDOR

Por: Pablo Sánchez - Jul 25, 2014, 10:38 am

A inicios de la semana, sindicalistas y obreros de la Siderúrgica del Orinoco (SIDOR) realizaron, en Ciudad Guayana (al sureste de Venezuela) una tranca que duró más de 33 horas, y la cual causó el desabastecimiento de  gasolina de las estaciones de servicio de la ciudad. Los trabajadores tienen años sin éxito en la discusión de una contratación colectiva con el gobierno, tras la nacionalización de la empresa en 2008.

Ante estos hechos, las primeras declaraciones de parte del régimen vinieron de la principal cara del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello, quien se dirigió hacia los manifestantes como “mafias sindicales”.

Pareciera, entonces, que el régimen comunista vuelve a probar un poco de su propia medicina; y se asombran, como si hubiesen descubierto algo sorprendente  —¡esos sindicatos son unas mafias! Pues sí, siempre lo han sido, y es que ni todos los trabajadores son igual de productivos, ni todos tienen el mismo interés. Los líderes sindicales viven fungiendo de minidictadores, como “ungidos”, enviados desde el cielo para imponer condiciones aún cuando no haya forma de cumplirlas.

El siguiente en dar declaraciones reveladoras fue Héctor Rodríguez, ministro del Poder Popular para la Educación, quien en su cuenta de Twitter lanzó una serie de frases donde reconocía que con la privatización de SIDOR habían aumentado la producción y la eficiencia de la siderúrgica; lo contrario a lo ocurrido con la reestatización, que disminuyó la producción y trajo consigo gastos impagables.

Declaraciones de Héctor Rodríguez, ministro de Educación, sobre SIDOR en su cuenta de Twitter
Declaraciones de Héctor Rodríguez, ministro de Educación, sobre SIDOR en su cuenta de Twitter. (Captura de pantalla)

Claramente, tanto Cabello como Rodríguez, son incapaces de aceptar que su sistemita es inviable, e inventan falsos responsables como “El Imperio” y ciertos planes desestabilizadores, que tendrían la intención de “prender a Venezuela desde Guayana (región sureste del país)”. Han aprendido —por las malas— que no es tan fácil ser patrono, y menos con esas mafias sindicales; pero no se atreven a admitirlo.

Desde la Oposición Oficialista no faltó el tan predecible: “Este gobierno no es socialista”. El gobernador de Miranda y candidato eterno de Primero Justicia, Henrique Capriles Radonski, clamó por la firma de los contractos colectivos y declaró que “sin justicia laboral, no hay producción”. Acudiendo así a la más pura demagogia, este personaje terminó pidiendo por una supuesta “justicia”, en nombre de unos trabajadores que han demostrado ser altamente improductivos.

El de SIDOR es un caso emblemático, pues es testimonio de las consecuencias del intervencionismo gubernamental y de lo destructoras que pueden ser las mafias sindicales, pidiendo salarios impagables y manteniendo a personas que no trabajan (2.000 de los 14.000 trabajadores en el caso de SIDOR, según Cabello).

Ha quedado demostrado que empresa que se estatiza, empresa que quiebra; luego le toca al gobierno —con nuestro dinero— rescatarlas. ¿No es eso acaso lo que le critican al Estado de Bienestar europeo? Obligar a los contribuyentes a mantener empresas improductivas.

Venezuela está en plena debacle, no es sólo SIDOR. Tanto el sector público como el escaso sector privado, se encuentran en un grave momento de improductividad y desperdicio, consecuencia de las grandes trabas que hoy agobian a la economía en su conjunto: las limitaciones impuestas al mercado, la inseguridad de las inversiones, los controles, los abusos sindicales, la legislación sofocante, las expropiaciones y demás consecuencias del modelo socialista.

Aun así, veamos este momento oscuro como la oportunidad para un nuevo amanecer; no hay mejor momento para gestar cambios de raíz que en las crisis. Lo que estamos viviendo nos enseña los efectos siempre perversos del intervencionismo, del populismo y del clientelismo. Es hora entonces de allanar el camino para acabar con las malas prácticas, y dar paso a una era de libertad, logros, productividad, respeto a la propiedad privada… con reglas claras que generen confianza en nuestra Venezuela futura, y den paso al desarrollo de la nación.