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Venezuela: Con ocho años de prisión por protestar castigan a dos jóvenes

By: Staff de PanAm Post - Mar 5, 2015, 11:32 am

EnglishDespués de llevar un año detenidos por protestar en contra del gobierno de Nicolás Maduro, los estudiantes Raúl Emilio Baduel y Alexander Tirado fueron condenados a ocho años de prisión este miércoles 4 de marzo por los delitos de asociación e instigación a delinquir, e intimidación pública.

La noticia fue confirmada en la red social Twitter por el hermano de Baduel, Adolfo Baduel, quien además expresó su descontento sobre la decisión tomada por la jueza del caso, Iris Araujo, quien dirige el tribunal ubicado en el estado Aragua, Venezuela.

El Ministerio Público expuso mediante una nota de prensa que al momento de su detención “los condenados lideraban una manifestación que se tornó violenta”. En la misma nota también se expone que “minutos más tarde, Baduel y Tirado fueron aprehendidos y les fueron incautadas varias bombas molotov y objetos contundentes”.

(Voluntad Popular)
El abogado defensor ha reclamado que los jóvenes han sido torturados en prisión, sin alcanzar respuesta alguna de la jueza del caso. (Voluntad Popular)

El abogado defensor de los jóvenes, Omar Mora Tosta, expresó que después que sea publicada la sentencia se recurrirá a la apelación.”Se lleva inocentes a la cárcel por pensar diferente”, reclamó el abogado.

En una rueda de prensa ofrecida este jueves, sostuvo que los jóvenes se encontraban participando en una manifestación pacífica cuando fueron aprehendidos por funcionarios de la policía del estado Aragua, sin razón aparente.

Freddy Guevara, dirigente de Voluntad Popular, invitó a las miembros del oficialismo a explicar “por qué es un delito pararse en una acera con una bandera” (en referencia a lo que hacían los jóvenes al momento de ser detenidos).

“La única razón por la cual los detienen es por que son unos malandros delincuentes que utilizan la Justicia para reprimir. Jueza Iris Araujo usted pagará ante la justicia por eso que hizo, y ese mensaje se lo damos a los otros jueces y fiscales. No crean que van a poder escoltarse en un futuro diciendo que estaban recibiendo órdenes”, expresó Guevara.

Mora Tosta ha denunciado en cada audiencia que Baduel y Tirado han sido víctimas de torturas y tratos inhumanos durante el tiempo que han estado detenidos. “Estos hechos fueron deliberadamente omitidos por la jueza en una actitud deplorable y falta de ética, impulsando un proceso que inició con una detención arbitraria”, expresó el defensor en un comunicado del partido Voluntad Popular.

El padre de uno de los jóvenes, el General Raúl Baduel, fue el que encabezó en el 2002 la operación militar en la cual rescataron al expresidente Hugo Chávez tras el golpe de Estado del 11 de abril de ese año. En 2007, Baduel expresó su descontento en torno a la propuesta de reforma constitucional que presentó el presidente y fue rechazada por los votantes.

Después en 2009 fue colocado preso por presuntos hechos de corrupción  y sentenciado en 2010 a siete años y 11 meses de prisión por sustracción de fondos públicos, abuso de autoridad y delito contra el decoro militar.

Fuentes: El Universal, La Patilla.

La devaluación del peso colombiano y su equivocada interpretación

By: Javier Garay - @Crittiko - Mar 5, 2015, 10:38 am
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EnglishSi hay un tema que demuestra el desconocimiento del público en general e incluso de algunos economistas sobre los temas económicos es el relacionado con las tasas de cambio. La proclividad al alarmismo por parte de los medios y expertos se refleja en que cualquiera sea la tendencia de la moneda, esta será vista como una grave señal de una futura situación de crisis. Hace tan solo algunos meses, el problema fue la revaluación del peso. Muchos auguraron insuperables problemas para el sector productivo del país y, como es natural en estos expertos que viven (de ser) temerosos de los cambios económicos, pidieron a gritos una mayor intervención del Estado para frenar la catástrofe. Tal vez por su preocupación, nunca anticiparon que la tendencia podría revertirse. Por ello, desde finales del año 2014, el problema se ubicó en el fenómeno contrario: la devaluación del peso. Debido a la obsesión de muchos economistas se entienden los fenómenos económicos como un todo, sin reconocer que estos afectan de manera diferenciada y asimétrica a diferentes sectores Para ser justos, los niveles de preocupación por la revaluación nunca se comparan con los generados por la devaluación. Al fin y al cabo, hablar de estos fenómenos proviene de las definiciones, inexactas y las más de las veces poco útiles por lo artificiosas, del lenguaje propio de lo que se ha dado en llamar macroeconomía. Debido a la obsesión de muchos economistas, de los medios de comunicación y de los políticos por esta visión, se entienden los fenómenos económicos como un todo, sin reconocer que estos afectan de manera diferenciada y asimétrica a diferentes sectores e individuos dentro de la sociedad. Por otro lado, esa visión ha generado unas ideas compartidas socialmente, repetidas en muchos escenarios, y pocas veces cuestionadas, que en nada tienen que ver con el avance en el conocimiento de la economía, sino que la convierten en una disciplina normativa –del "deber ser". Así, el deber ser de una economía “nacional” es aumentar  –siempre– lo que “esta” le vende al “resto del mundo” (exportaciones) y limitar –lo más que se pueda y siempre– lo que “ésta” le compra al resto del mundo (importaciones). En consecuencia, como supuestamente la revaluación, según la lógica macroeconómica, estimula estas últimas y disminuye las primeras, es un mal mucho peor que la devaluación. Así, aunque sorprendió el fenómeno y ha generado cierta preocupación, los análisis se han quedado en reseñar sus causas inmediatas y en promover la enunciación de apuestas, que tanto les gustan a los adictos a la visión macroeconómica, sobre el tope de incremento del precio del peso colombiano por cada dólar. Poco lugar han tenido los análisis de por qué Colombia depende tanto de los precios del petróleo, sin ser un país relevante internacionalmente en la producción del crudo. Pocas respuestas se encuentran al hecho de por qué resulta siendo el peso colombiano una moneda tan volátil, tan sensible, tanto cuando hay revaluación como cuando se produce una devaluación. Se prefiere estimular las ventas al exterior de manera artificial, en lugar de buscar solución a los problemas de fondo de la producción nacional De igual manera, más allá de exponer los ganadores y perdedores potenciales del fenómeno, los macroeconomistas poco reparan en que su visión profundiza la existencia de facciones. Por ejemplo, ante la devaluación, los cafeteros colombianos, que aún creen ser el sector más importante, porque así se los hacen creer, se sienten beneficiados. Seguramente asumen que porque ganan más –de manera artificial, vía precio de la moneda y no por una mayor productividad–, esto incrementa automáticamente el bienestar de todos los colombianos. El problema es que cuando se reverse la tendencia, volverán a exigir que los demás ciudadanos, a través del Estado, les repongan las pérdidas. De igual manera, más allá de proveer la información sobre el impacto de la devaluación en el grave fenómeno del empobrecimiento de los más pobres como lo es la inflación, no se reflexiona sobre la deseabilidad de una situación en la que los precios de bienes de la canasta básica se vean impactados. En el fondo, como perpetuación del pensamiento keynesiano, responsable de la ilusión macroeconómica, poco se repara en las consecuencias anticipadas y no anticipadas de una mayor tolerancia –de una menor preocupación– por el fenómeno de la revaluación. Por un lado, aunque existan voces sensatas, se prefiere estimular las ventas al exterior de manera artificial en lugar de buscar solución a los problemas de fondo de la producción nacional. Los empresarios poco tienen que esforzarse por mejorar su atención a las necesidades de los consumidores, y el Estado poco tiene que reconocer que su labor, las más de las veces, es una causa esencial de la baja competitividad del país. Por el otro, en el fondo, está la permisividad –y deseo– de esos analistas por mantener una perversa intervención del Estado en la economía. No solo de manera directa, para manipular la tasa de cambio, sino indirecta en su dependencia de los precios del petróleo o, más dañina aún, en la intervención en otras dimensiones de la economía, como la fijación de precios. Experimentos cuyos resultados, cuando son aplicados al límite, están padeciendo nuestros vecinos venezolanos.

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