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La violencia en Baltimore, el amargo fruto del colectivismo

Por: Staff de PanAm Post - Abr 28, 2015, 12:24 pm

El racismo es la forma más baja, más burda y más primitiva de colectivismo. (…) de atribuirle significado moral, social o político al linaje genético de un hombre – la noción de (…) que un hombre debe ser juzgado, no por su propio carácter y acciones, sino por los caracteres y acciones de un colectivo de antepasados.
~Ayn Rand

Nota del editor: Este artículo contiene lenguaje fuerte.

EnglishUna videorreportera que asistió a la marcha de #BlackLivesMatter en Baltimore no esperaba encontrarse con una reacción semejante cuando le ofreció a los manifestantes dar a conocer su mensaje a través de su cámara. En vez de estar agradecidos con ella, quienes acudieron a la protesta la robaron y asaltaron.

Ella estuvo lejos de ser la única en sufrir las consecuencias del día de disturbios, que con presencia juvenil y trágicas exhibiciones de violencia y vandalismo, fue observado en todo el mundo. Los culpables —alentados por agitadores externos, de acuerdo con la alcaldesa de la ciudad—, atacaron a transeúntes inocentes para “vengar” a Freddie Gray, quien murió hace una semana cuando fue arrestado y no obtuvo acceso a la atención médica que necesitaba.

Por supuesto, la facción violenta logró su presunto objetivo, al atraer la atención de los medios, pero con sus aventuras creó muchos más enemigos que aliados. Al desahogarse de esa forma, empañó una protesta legítima, reforzó los estereotipos negativos y logró que las personas le teman, ocasionando una represión policial que terminó con 35 detenidos.

Lo peor de todo, es que esta misma facción promovió y perpetuó la raíz conceptual del racismo: el colectivismo.

El colectivismo, en sus manifestaciones políticas y filosóficas, ubica a los grupos (colectivos) por encima de los derechos de cada individuo. Partiendo de la falacia de que los grupos y no los individuos son los que actúan, el colectivismo extiende la responsabilidad individual a la “gente” que lo rodea —cualquiera sea ese grupo — y fomenta los prejuicios y la división.

Esta perniciosa y generalizada falacia sugiere que uno es culpable (o puede sentirse orgulloso) de las acciones de alguien que comparta las mismas características que uno: sexo, clase, linaje genético, etc. Si alguien de tu nacionalidad se equivoca, según ese pensamiento, también tú puedes recibir un castigo —tal como lo han planteado los integrantes del Estado Islámico.

Cuando estos supuestos “anarquistas” no dudan a la hora de causar disturbios y daños, como ocurrió en Baltimore, dicen “fuck the police“, como si todos los policías representaran el mal. Asimismo, buscan derrotar a los “capitalistas burgueses” en la guerra de clases en la que creen estar sumidos. Así justifican que es temporada de caza para cualquiera que tenga algo de dinero.

Lo que olvidan, en medio de su venenoso pensamiento de grupo, es que muchos policías no han incurrido en los errores por los que ellos protestan, incluso cuando la brutalidad policial es una gran preocupación. Del mismo modo, no hay tal cosa como una clase capitalista; las naciones desarrolladas, como Estados Unidos o Canadá tienen una gran movilidad en sus ingresos.

Las iniciativas para prevenir la brutalidad policial y el racismo, como la desobediencia civil pacífica y la transmisión en vivo de sus actividades, merecen nuestro halago. Dejando a los provocadores a un lado, muchas injusticias deben ser solucionadas.

Sin embargo, debemos recordar el desglose conceptual que justifica las injusticias de ambos lados. Somos individuos únicos con derechos naturales, que prevalecen ante la equivocada noción del colectivo, que confunde lo correcto con lo incorrecto y perpetúa la injusticia.