EDITORIAL: la región paga el alto precio de no haber detenido a tiempo al monstruo rojo

Habría que ser muy ingenuo para no darse cuenta de que los latinoamericanos estamos en presencia de un peligroso reordenamiento de las mayores amenazas que esta región ha vivido en los últimos sesenta años

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SANTIAGO (CHILE), 20/10/2019.- Soldados patrullan este domingo, por las calles de Santiago (Chile).  EFE/Elvis González

«El plan va perfecto. Ustedes me entienden. Todas las metas que nos planteamos en el Foro de São Paulo se han realizado. Vamos mucho mejor de lo que pensábamos», ha dicho Nicolás Maduro mientras toda la región arde en disturbios y saqueos. Se trata del dictador de Venezuela asumiendo parte de la responsabilidad de la tragedia que ha sumido a Latinoamérica en caos. Es el criminal reconociendo sus crímenes.

Pero no se trata de nada nuevo. Es una receta, raída y desgastada, en muchos casos fracasada, que se ensayó una y otra vez en la región con el propósito de entorpecer el avance de millones hastiados del tercermundismo.

Se alzaba la sensación de que de este lado, el mundo no quería avanzar y jamás lo haría. Que se apegaba rabiosamente a vivir una ilusión y que ante cualquier gesto de sinceridad, reaccionaba con los puños y el fugo. Una región primitiva. Tosca y atrasada.

Pero realmente, aquello solo era una fachada. Detrás de los movimientos «espontáneos» y que presuntamente obedecían a la voluntad romántica de los pueblos, que ahora se reivindicaban frente a los opresores de siempre, lo que ciertamente existía era una agenda bien diseñada. Milimétricamente armada desde La Habana.

En 1982, en Ecuador, regido por el Gobierno conservador de Osvaldo Hurtado, se implementaron ajustes económicos tutelados por el Fondo Monetario Internacional. Las medidas derivaron en fuertes protestas. Disturbios y saqueos. Otras revueltas azotaron a México en 1981 y a Perú en 1982 cuando se impuso el «Paquetazo fondomonetarista», como llamó la izquierda a las medidas de Balaúnde. Costa Rica lo sufrió e igual el presidente João Baptista de Oliveira Figuereido, cuando políticas de austeridad sugeridas por el Fondo Monetario provocaron un estado de sitio y represión en Brasil. Alfonsín en Argentina lo vivió y años después, en un arrebato de honestidad, la misma expresidente Cristina Fernández de Kirchner, hoy candidata a la vicepresidencia, confesaría: «Yo quiero ser absolutamente sincera (…) este es un manual de instrucciones políticas para saqueo, violencia y desestabilización de Gobiernos y tiene su historia (…) Y la verdad es que tampoco fueron muy espontáneos aquellos saqueos que terminaron, sí, muy mal, y que obligaron la salida anticipada del doctor Alfonsín (…) Todos sabemos que fueron provocados». 

Al respecto, en un importante artículo, la investigadora y escritora venezolana, Thays Peñalver, escribió: «Por primera vez en la historia se develaba que los movimientos terminados en “azo” (…) no eran otra cosa que el contenido de un manual de agitación comunista y quien lo reconocía era nada menos que una presidenta que lo había utilizado, revelando además que ese ‘manual’ existía en Argentina desde la década de los ochenta».

La agenda se importó a República Dominicana bajo la presidencia de Jorge Blanco en 1984 y, un tiempo después, Fidel Castro diría:

«Ya ha habido algunos estallidos sociales, porque en Santo Domingo se produjo un estallido social; no un estallido catastrófico todavía para el sistema, pero se produjo un estallido social. Cuando el Fondo Monetario obligó al Gobierno de Santo Domingo a aplicar determinadas medidas, se produjo lo que pudiéramos llamar una insurrección espontánea en República Dominicana. El gobierno se vio en la necesidad, en la muy triste y muy censurable necesidad, de lanzar las tropas, los soldados y la policía contra el pueblo, de asesinar a más de 100 personas. No crean que eran revolucionarios: eran hombres, mujeres, adolescentes, amas de casa, gente sencilla del pueblo, que se lanzaron a la calle espontáneamente».

Luego, concluiría: «Es probable y posible que un estallido social derive hacia una revolución, y entonces he dicho en algunas de esas entrevistas: estallidos sociales generalizados de carácter más bien revolucionario». (en este enlace, la fuente de algunas de las referencias)

Estallidos que deriven en una revolución. A los adalides de la izquierda, como lo fue Fidel Castro y lo es hoy, en proporciones muy menores, eso sí, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, se les hacía difícil resguardar la confidencialidad del libreto. Ya no es un secreto, ni puede apuntarse como teoría de histéricos, que muchos de los movimientos sociales que han marcado la historia americana con sangre y fuego, jamás fueron espontáneos sino que obedecieron a los esfuerzos del castrismo por subvertir a la región.

Venezuela, particularmente, sufrió el monstruo de una forma letal durante los últimos días de febrero de 1989. El episodio, conocido como El Caracazo, que dejó un terrible saldo de más de 250 muertos y cientos de miles de dólares en pérdidas por los saqueos y disturbios, fue el primer gran golpe que padeció el legítimo Gobierno de Carlos Andrés Perez, dispuesto y obstinado en su voluntad de alejar a Venezuela del modelo rentista y acercarla a la modernidad.

El Gobierno de Pérez, que había sido electo 83 días antes por el 52,89% de los votos, jamás se recuperó y las manifestaciones, enturbiadas por el ruido inherente a la presencia de caribeños con francotiradores en los barrios de Caracas, funcionaron de hervidero para que años después la democracia venezolana resistiera dos embates armados por parte de militares golpistas afines a La Habana.

Fidel Castro ya no está, pero la franquicia se mantiene viva y fuerte. Ya no monopolizada por el Foro de São Paulo sino ahora en manos también del incipiente Grupo de Puebla, compuesto por los enemigos naturales de la libertad en las Américas.

No es casualidad que hoy arda Chile luego de un gesto de honestidad por parte del Gobierno de Sebastián Piñera y luego de que el canciller chileno propusiera medidas más tajantes frente al régimen de Maduro, como un bloqueo naval. Tampoco que ya se haya incendiado Ecuador y que ambos estallidos sean respaldados por los comunistas y la izquierda latinoamericana. No lo es el burbujeo en Perú y que en México los narcos se articulen con el Estado para someter a la población desamparada. Luego de una amplia historia de conspiraciones e incesante conflicto por parte de la izquierda para plagar al continente de agitadores y subversivos, habría que ser muy ingenuo para no darse cuenta de que los latinoamericanos estamos nuevamente en presencia de un peligroso reordenamiento de las mayores amenazas que esta región ha vivido en los últimos sesenta años.

No solamente ha sido honesto Nicolás Maduro. El segundo hombre del chavismo, y capo venezolano, Diosdado Cabello, también ha tenido un momento de franqueza en medio de este caos. Al cierre de una marcha realizada por simpatizantes del Partido Socialista Unido de Venezuela, Cabello dijo: «Lo que está pasando en Perú, Chile, Argentina, Honduras es apenas la brisita y viene un huracán bolivariano. Nosotros no estamos aislados en el mundo, por el contrario, Venezuela cada día está más consolidada».

Con respecto a las confesiones de altísimo nivel en el chavismo, la secretaría general de la Organización de Estados Americanos publicó un oportuno comunicado:

«Las actuales corrientes de desestabilización de los sistemas políticos del continente tienen su origen en la estrategia de las dictaduras bolivariana y cubana, que buscan nuevamente reposicionarse, no a través de un proceso de reinstitucionalización y redemocratización, sino a través de su vieja metodología de exportar polarización y malas prácticas (…)

Las ‘brisas bolivarianas’ a las que ha hecho referencia [Cabello] han traído desestabilización, violencia, narcotráfico, muerte y corrupción (…)

Las brisas bolivarianas no son bienvenidas en este hemisferio»

En el PanAm Post respaldamos cada una de las palabras del agudo comunicado de la secretaría general de la Organización de Estados Americanos. Sin embargo, agregamos: la región está pagando el alto precio de no haber detenido a tiempo al monstruo rojo. Urge tomar acciones para neutralizar el tumor bolivariano, que ya se ha esparcido y amenaza con volver a teñir de rojo a toda Latinoamérica.

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