EDITORIAL: Guaidó, la gira y Trump

Con el respaldo y compromiso de EE.UU., Guaidó recibe una segunda oportunidad para triunfar contra Maduro. No debe desperdiciarla

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Juan Guaidó se ha anotado un triunfo —al fin—.

Estados Unidos es realmente la única superpotencia. Su economía representa el 25% de todo lo que produce y consume el planeta, su gasto militar es mayor que el de todo el resto de las naciones del mundo sumadas y su poder es tan grande que China, el país mas poblado del planeta, la nación que hasta hace poco pretendía igualársele, debió rendirse y aceptar las condiciones impuestas en la reciente guerra comercial. Si Estados Unidos deja de comprar productos chinos, esa nación simplemente moriría de hambre.

De allí la enorme importancia de lo sucedido en el Congreso de Estados Unidos este martes 4 de febrero. El respaldo verbal de Donald Trump hacia Juan Guaidó es probablemente la mayor expresión pública de apoyo que líder extranjero alguno haya recibido de parte de un presidente norteamericano en décadas. Con sus palabras, Trump se ha comprometido con Venezuela y le ha dado una señal al mundo: Estados Unidos no cesará en apoyar a los venezolanos en su lucha por derrotar de una vez por todas a la tiranía comunista de Nicolas Maduro. Esta señal es particularmente importante de cara a Europa.

En los inicios de su gira, Guaidó fue amablemente recibido por los jefes de Estado y de Gobiernos de Alemania, Francia y Holanda. También por altos funcionarios del Gobierno español. Sin embargo, por mas afables que fueran las palabras; por más que hubiera disposición a retratarse con el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela —título escogido por la presidencia de Francia para identificar a Guaidó—; no es secreto para nadie que las naciones europeas no solo no pretenden endurecer sanciones contra el régimen venezolano sino que evitan también que más cómplices de Nicolás Maduro sean sometidos a sanciones por parte de la Comunidad Europea. Suiza, país que no es miembro de la Comunidad, tiene una lista de sancionados adeptos al régimen de Caracas considerablemente mayor que la de Bruselas.

En la práctica, los europeos harán lo que han hecho siempre en América Latina: velarán por sus intereses comerciales. La opinión pública en Alemania y Francia exige condena a brutales y primitivos dictadores como Maduro. Por esa razón los políticos de esas naciones están prestos a dar señales de apoyo a los demócratas venezolanos. Pero no pasarán de eso, se quedarán en señales y buenos gestos, aunque meramente superficiales. Lo han hecho antes.

Mientras Maduro pueda comerciar en euros, pagar en euros y usar la banca europea; mientras sus funcionarios puedan visitar tranquilamente Roma, Paris, Madrid e incluso Londres, la dictadura chavista logrará obtener los recursos necesarios para alimentar la mafia narco-militar que la sostiene.

Adicionalmente, el reciente nombramiento del español socialista, Josep Borrell, como líder de la diplomacia europea, le asegura a Maduro un aliado que con toda seguridad intentará bloquear cualquier medida que acelere la salida del régimen venezolano.

La realidad es que la gira por Europa solo ha conseguido expresiones de buena voluntad y promesas sobre acciones comunitarias que probablemente nunca se concreten. Palmadas en la espalda. Lo realmente importante ha sucedido en Washington, no en Madrid, Paris o Davos. En el PanAm Post hacemos votos por que así lo haya entendido el presidente Guaidó.

Es en la Casa Blanca, con el poder implícito del país más poderoso del mundo, donde se pueden hacer cambiar las posiciones acomodaticias de Europa hacia el régimen venezolano. Es Washington el que puede poner de rodillas a la Cuba castrista, carceleros de los venezolanos. Es Estados Unidos el que puede liderar una coalición que logre derribar al régimen de Caracas.

Juan Guaidó es un hombre valiente, así lo señaló el presidente Trump, y tiene razón. No solo ha dado muestras de valor y arrojo, sino que el solo hecho de aceptar el cargo hace un año ya era un indicativo de que se trataba de un hombre corajudo. También es evidente que Guaidó es alguien con buenas intenciones. Confiamos, un demócrata. En resumen, el presidente interino de Venezuela tiene atributos para trascender a la historia de la mejor manera. También deseamos que tenga la voluntad.

En este diario, quienes muchos perciben como opositor, casi antagonista, de la persona de Juan Guaidó, siempre hemos apostado por su éxito. Nuestra línea editorial, particularmente durante los primeros cuatro meses del año pasado, así lo demuestra.

Es cierto que hemos criticado. Criticamos, por ejemplo, que se conformara un Gobierno interino sostenido únicamente por activistas de partidos políticos, muchos de ellos cuestionados, y muchos contaminados por sus relaciones con el régimen. Criticamos que no se intentara conformar un Gobierno representativo de la sociedad, en lugar de un Gobierno de partidos, en su mayoría desprestigiados. Criticamos y reportamos sobre el mal uso de los recursos y el nombramiento de compañeritos del partido para el manejo de esos recursos. Criticamos que en el entorno del presidente se permita el acceso y su influencia a individuos muy vinculados a boliburgueses y bolichicos, o que partidos que han recibido cuotas de poder en el Gobierno interino se vean envueltos en controversias por haber percibido ingentes contribuciones de quienes se han enriquecido a la sombra del régimen chavista. Sí hemos criticado, pero nunca dejamos de apostar por el éxito de Juan Guaidó. Por lo que él representa, porque su éxito no solo es el de los venezolanos, sino el de la región y el de los amigos de las libertades en el mundo. Lo hemos hecho buscando que se corrija el rumbo. Y lo seguiremos haciendo, siempre, con la misma severidad y compromiso, si aún percibimos lo que catalogamos como desvíos de la ruta propuesta inicialmente por el presidente Guaidó.

Ahora, con el gran éxito conseguido en Washington, queda en manos de Guaidó aprovechar esta bocanada de oxigeno, esta segunda oportunidad, para enmendar el rumbo. En el PanAm Post queremos apoyarlo si esa es su voluntad.

Queremos apoyarlo en deslastrarse de cualquier persona ligada a la corrupción chavista, al dinero sucio de bolichicos y boliburgueses. Queremos verlo reflexionar mejor sobre quiénes pueden estar en su entorno. Queremos verlo asumir su mandato y construir un Gobierno interino realmente representativo. Queremos verlo deslastrarse de socialistas trasnochados que se dicen opositores. Queremos percibir que entendió lo dicho por Donald Trump en su mensaje a la nación norteamericana. Un mensaje en el que quedó claro que la economía de mercado y la libertad de acción generan prosperidad y son el mayor antídoto contra la pobreza. Queremos ver que Juan Guaidó entiende a cabalidad que Cuba es, de hecho, el problema y que no forma, ni nunca formará, parte de la solución.

Presidente Guaidó: en el PanAm Post admiramos su coraje. Deseamos verlo asumiendo con determinación la responsabilidad de dirigir el proceso de rescatar la libertad de los venezolanos. Deseamos ver esas cualidades aplicadas para incorporar a su Gobierno a los mejores y deslastrarse de las sanguijuelas que ya chuparon bastante la sangre de los venezolanos decentes.

Donald Trump le ha tendido la mano. Esperamos que sepa identificar bien a los verdaderos amigos.

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