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¿Será Villa Rosa la Timisoara del Gobierno de Nicolás Maduro?

By: Pedro García Otero - Sep 5, 2016, 3:07 pm

¿Cuándo se aceleran los acontecimientos que dan fin a un régimen autoritario? Nadie lo puede saber. En el caso de Polonia, las huelgas de Solidaridad fueron como la grieta en el dique por el que se fue no solo el comunismo en ese país, sino en toda la Cortina de Hierro; en el caso de Rumania, el último país en enfrentar su propia revolución, la detonaron unas protestas en Timisoara. ¿Será Villa Rosa la Timisoara del Gobierno de Nicolás Maduro?

Ceaucescu se encontraba de gira internacional en Irán, y cuando volvió a Bucarest, fue solo para encontrarse con que había perdido el control de su país. Días después perdería incluso la vida. Fue su arrogancia en sus días finales, negarse a ver lo que era evidente para todo el mundo, y tratar de frenar el fuego de la protesta popular con la gasolina de la represión, lo que aceleró, él en su caso, fatal desenlace.

Hace tiempo que Maduro en Venezuela viene dando tumbos. Pero la precipitación de los acontecimientos parece haberse dado esta semana. El jueves, una marcha multitudinaria, que el régimen intentó enfrentar con amenazas, cierres viales, denuncias sobre un intento de golpe de Estado y finalmente, con una raquítica concentración de sus seguidores, lo dejó en knockout técnico; el viernes, el propio Maduro tuvo que huir de Villa Rosa, Margarita, cuando los vecinos de la urbanización, furiosos, lo enfrentaron sin armas, solo con cacerolas.

Pero la respuesta que ha dado el Gobierno a esos hechos ha sido peor que los hechos mismos: a la monumental concentración de opositores en Caracas el jueves, totalmente pacífica (en contra de los pronósticos de violencia que hacían Maduro y sus principales lugartenientes, comenzando por Diosdado Cabello), respondió con una foto en las redes sociales de la concentración “chavista”, tan evidentemente falsa (no aparecían unos edificios construidos en la avenida caraqueña en la que se reunieron luego de 2013) que el propio Cabello se vio obligado a disculparse, aunque en su estilo autoritario, poniéndole los edificios con Photoshop a la falsa manifestación.

En el caso de Villa Rosa, el ministro de Comunicación e Información, Luis José Marcano, llegó a decir que el cacerolazo nunca ocurrió (?), pero posteriormente, allanaron los edificios de esa zona, detuvieron a más de 40 personas (las cuales fueron liberando de a poco) y Maduro no ha sido vuelto a ver desde ese día. Y casi 72 horas después de los hechos, responden con una marcha de “solidaridad con Maduro”, en esa misma barriada de la isla de Margarita, tan evidentemente arreada, compuesta de funcionarios públicos y forzada, que ha terminado siendo peor que el cacerolazo.

El Gobierno venezolano se está quedando sin recursos -y sin excusas. Internacionalmente su imagen es la peor que ha tenido la revolución bolivariana en 17 años. Maduro no se puede inventar una gira para lavarse la cara y bajarse la presión, porque probablemente solo lo recibirían en Bolivia y en Nicaragua, pues hasta Cuba, este lunes, informa que le pidió a Rusia que le provea petróleo “ante los problemas de abastecimiento de Venezuela”, a la que se le está derrumbando la producción.

Financieramente, Francisco Faraco, un economista de larga trayectoria, pronosticó a PanAm Post que este cuatrimestre “será el peor de la historia económica de Venezuela”, porque “no hay alimentos ni con qué comprarlos”. Si mira a Mercosur, cuyos países le podían echar un cabo, se encuentra totalmente aislado; si mira hacia China, hace rato que a Maduro le mandaron a decir que si quiere dinero fresco, debe pagar lo que debe, y hace rato que el Partido Comunista Chino está haciendo guiños, cada vez menos escondidos, a la oposición venezolana; si mira a lo interno, encuentra un país que repudia de una manera “visceral”, a Maduro, según señalaba el encuestador Félix Seijas en una entrevista a la prensa local en la mañana del lunes.

No es un error intencional: es solo un error

Un Gobierno democrático permitiría drenar la rabia en unas elecciones y así salvar el pellejo de aquellos que hoy están como en un fuerte, sitiados por los harapientos. Pero el de Maduro no es un Gobierno democrático y hay personajes como Cabello que saben que solo manteniendo el poder podrán mantener la libertad.

Hay quienes dicen, además, que lo que estamos viendo desde el jueves, esta comedia de errores, es una lucha soterrada dentro del propio chavismo, un juego de desprestigio mutuo (como decían en la Guerra Fría, de Destrucción Mutuamente Asegurada) entre Maduro y Cabello.

Humildemente, creo que los sobreestiman. No creo que tengan tanta inteligencia, Maduro y Cabello, como para luchar entre sí usando de mampara a la oposición. Lo que estamos viendo es la desorientación propia de un grupo al que se le cierran todas las salidas, y la que el país gentilmente le ofrece (un referendo revocatorio que les permitiría mantener cierta honorabilidad) se la están cerrando ellos mismos.

Creen que acudiendo al expediente de la represión podrán mantener el poder, pero Villa Rosa les está enseñando que eso va a ser difícil. Meten preso a un editor, Braulio Jatar, y le inventan que llevaba miles de dólares en su carro; amenazan con quitarle la comida a los habitantes de Villa Rosa. Quienes hacen esto son los chavistas, se lo hacen a sus propios vecinos.

Al final, quien sabe si cuando acepten que se realice el referendo ya será demasiado tarde, y les pase como a aquel presidente argentino que, cuenta el intelectual venezolano Carlos Raúl Hernández, ni siquiera fue derrocado por el Ejército; la policía de Buenos Aires lo montó en un taxi y lo envió para su casa.

Aquel presidente, por lo menos, tenía la ventaja de ser honesto y de que nadie iba a represaliarse contra él. Algo de lo que la mayoría de los dirigentes chavistas no pueden estar seguros, ni siquiera estos que le niegan las bolsas de comida de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) a sus vecinos y que, a diferencia de sus dirigentes, no tendrán un avión privado esperándolos a la hora de decir, como Marcos Pérez Jiménez, “vámonos, que el pescuezo no retoña”.

Pedro García Otero Pedro García Otero

Pedro García fue editor del PanAm Post en español. Periodista venezolano con 25 años de experiencia en cobertura de temas económicos, políticos y locales para prensa, radio, TV y web. Síguelo @PedroGarciaO.

Los mitos que murieron y los que nacieron tras la Toma de Caracas

By: Escritor Invitado - Sep 5, 2016, 2:33 pm
mitos

Por Manuel Malaver Como todo movimiento histórico fundacional el primero de septiembre (1Sep) barrió en su flujo con algunos de los mitos que le dieron identidad al proceso poltico de los últimos 17 años, pero en el reflujo, pudo haber dejado los gérmenes de otros, de los mitos que incidirán en los sucesos que empezaron a cumplirse desde lo que, característicamente, se conoce como el “Día-D”. Lea más: Venezuela: atentan contra libertad de expresión en Gran Toma de Caracas Lea más: No, la Gran Toma de Caracas no fue un éxito Conviene alertar y reflexionar sobre unos y otros, tal como los viajeros que, antes de iniciar una travesía peligrosa, deciden cuáles instrumentos deben portar y cuáles abandonar.  Empezando por los primeros creo que el 1Sep dejó en el baúl de los recuerdos el mito de que, aquella gigantesca manifestación del 11 de abril del 2002 jamás volvería a repetirse, ni superarse y que, por sus funestos resultados, quedó como el símbolo de la invencibilidad del castrochavismo. A contravía, el 1Sep, no solo igualó, sino que superó el 11-A, y dado que fue convocado en circunstancias francamente adversas para la oposición (ahora casi no hay libertad de expresión, se realizó en medio de una implacable represión contra líderes de los partidos democráticos y de los organismos gremiales que tanto hicieron por la planificación del 11-A, no queda ni el recuerdo) puede decirse que pasó a convertirse en su contrario: en el símbolo de la vencibilidad del castrochavismo. ¿Cuántos manifestantes estaban en la marcha del 11-A y cuántos en las concentraciones del 1Sep? No existe un cálculo preciso porque, entre cosas, ocurrieron en escenarios y tiempos diferentes, pero sí tienen que medirse no por su cantidad, sino por su calidad,  no por su  apariencia sino por su esencia, entonces los números le sobran al 1Sep.  El segundo mito que desalojó el 1Sep del inconsciente colectivo venezolano,  fue aquel de que, “los cerros jamás bajarían a manifestarse contra el chavismo” porque, supuestamente, sus habitantes vivían muy felices en sus guetos -antes con escasa comida, medicinas y seguridad, ahora sin ningunas-,  y sitiados por grupos de paramilitares que llaman Colectivos y cuerpos de élite del G-2 cubano. Pero el 1Sep bajaron los cerros y bajaron a incorporarse a las marchas programadas por la Mesa de Unidad Democrática (MUD) en el Este de Caracas, en la avenidas y calles que pasan entre municipios y urbanizaciones de clase media que, por elegir autoridades democráticas, sufren las penurias de los barrios, pero en aires de libertad y democracia. Escaparon del cerco, del estado de sitio, tal como la gente que venía del interior a Caracas a marchar, burlaba los obstáculos y trancas que se le atravesaban y seguían, y así ellos, los demócratas y opositores de los barios, se zafaban de controles y vigilancias y el 1Sep estaban entre los venezolanos de siempre, como venezolanos de siempre. Fue, en stricto sensu, un encuentro de toda Venezuela, una unión de todas sus clases, sexos, razas, credos y edades que pone fin a 17 años de polarización, exclusión, división y odios. El tercer mito a derrumbarse era, igualmente un paradigma político, el que rezaba que, si la oposición se movilizaba en un sentido medianamente preocupante hacía los eternos cuarteles de invierno  del  Maduro, habría violencia, choques entre los querían asaltar el palacio de Miraflores  y quienes lo defenderían. Pero no sucedió, porque la Toma era de Caracas y no de Miraflores y, tal como había visto el país cuando se dieron los aplastantes resultados antigobierno de las elecciones del 6D, el aparato militar y político madurista se paralizó, se desactivó y permitió que la oposición, el electorado y la sociedad civil, en uno y otro caso,   cobraran una victoria que les resultó demasiado fácil. Por último, cayó el mito de que la oposición, y en particular la MUD, era desunida “por naturaleza” y jamás lograría la concentración, coherencia y lucidez necesarias para ponerse al frente de tareas políticas complejas y culminarlas exitosamente. Fue el desmentido más rotundo que pudo direccionar la MUD hacia el gobierno, y el resto de la oposición disidente, pues, no solo se mantuvo unida en el conjunto de las diferencias entre sus líderes y partidos, sino que, las tareas fueron gerencialmente distribuidas entre los factores, y la conclusión fue una central de energía que jamás irradió sin rumbo ni dirección,  sino con una  luz  distribuida hacía donde su brillo fuera más potente. La gran pregunta es: ¿dónde estuvo la clave que hizo  posible la peligrosa apuesta del 1Sep y por qué, ¡otra vez!, el régimen, no solo se paralizó, sino que dejó fluir una corriente que en el futuro inmediato podría electrocutarlo? Definitivamente, la crisis humanitaria en que concluyó otro intento por implementar el modelo socialista y la conversión del superestado paternalista y benefactor en una descarada y cínica cueva de ladrones, hizo lo suyo, así como también, desvelar la oferta de igualdad, justicia social y bien absolutos como una suerte de red para pescar incautos que terminaron siendo los soportes de una dictadura feroz, militarista y neototalitaria. Hoy el pueblo de Venezuela luce como la última víctima de un gobierno autodenominado revolucionario y  socialista, así como presa de bestias feroces y rapaces que le quitan el pan de la boca para venderlo en cualquier tipo de mercado más rentable que la artificiosa estructura regulada de un estado ineficiente, corrupto y ladrón. Por eso, no hay en América Latina un gobierno con más rechazo que el de Maduro, ni otro que concite más odio y abominación entre los mas necesitados  que, por todos los medios, hacen esfuerzos para zafarse de semejante monstruosidad. Lea más: En Mercosur, Nicolás Maduro sólo ha hecho el ridículo Típica de todos los socialismos, pero en especial de este del Siglo XXI que, intentó presentarse con rostro nuevo, y para demostrarlo, hizo un pacto con valores democráticos que, aunque cada vez más disminuidos, dejaron ranuras, como la electoral, que es por donde se han filtrado las fuerzas que están destruyendo al sistema. Pero en la paralización de las guardias pretorianas del crepúsculo madurista también debe señalarse la importancia de la Mesa de la Unidad Democrática, MUD, la cual, no solo es la organización de partidos democráticos que viene encabezando las acciones que buscan el fin del madurismo, sino produciendo las políticas que, al par de garantizar la unidad interna, le brinda a Venezuela el regalo de que el fin del ciclo de turbulencias ocurra en paz, sin apartarse de la constitución y usando la gran arma que produce los grandes cambios en las sociedades modernas y posmodernas: el voto. En este orden, la estrategia que se puso en juego para la victoria del 1Sep fue irreprochable, pues se basó en el principio del “Arte de la Guerra” de Sun Tzu de derrotar al enemigo sin el uso de la violencia y empleando el menor esfuerzo posible. No es, sin embargo, un atajo filosófico,  ni un  aforismo militar, sino una disposición constitucional que obliga a los partidos de la MUD, y a los que marcharon ese día, y seguirán marchando hasta que no se logre el objetivo de que, Maduro, respete la constitución y acepte someter su gestión a un referendo en que los electores decidan si le mantienen o revocan el mandato. // Despliegue de esfuerzos, de acciones y estrategias que deben cuidarse de los mitos que pueden estar germinando a raíz del 1Sep, de los cuales, uno de los  más importante a subrayar, es que la movilización por si misma produzca resultados, si la MUD no realiza políticas dirigidas a horadar y debilitar los centros de poder, que solo pueden ser alcanzados por acciones especificas sobre aspectos concretos de la gestión de gobierno. Otro mito que puede estar germinando, es aquel que se apoya en la tesis que los partidos y sus líderes necesitan más soltura e independencia frente a los fórceps de la MUD y no es que, la multilateral de partidos no siga existiendo, sino que sus decisiones deben ser menos menos invasivas y vinculantes. Por último, el más peligroso y corrosivo de los mitos que pueden estar incubándose: Venezuela fue gobernada en los últimos 17 años por líderes fuertes y carismáticos, por lo cual, el sentido común obligaría a mantener “la tradición”, mientras se producen políticas que la vayan liquidando o desenfatizando, cuando la experiencia de  las sociedades indica  más bien que se trata de ciclos,  que una vez concluidos,  giran hacia los liderazgos débiles, colectivos y compartidos. Ya hay candidatos presidenciales para las primarias de unas eventuales elecciones postrrevocatorio y no es que critiquemos que los políticos piensen en el poder con más énfasis que en el cuidado de su salud, sino que la política es también sentido de la oportunidad, coherencia y unidad. Manuel Malaver es Venezolano, periodista y analista político. Director de factormm.com @MMalaverM

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