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Seis razones para calificar como un fracaso el diálogo en Venezuela

Por: Pedro García Otero - Nov 14, 2016, 10:03 am
Resultado del diálogo en Venezuela se parece más a una capitulación que a un acuerdo. (La Verdad)
Resultado del diálogo en Venezuela se parece más a una capitulación que a un acuerdo. (La Verdad)

Si estas líneas se escriben el lunes 14 de noviembre, y no el sábado 12, es para poder tener 48 horas de pausa, de reflexión, antes de emitir una opinión sobre el “acuerdo” (y las comillas son intencionales) alcanzado en la mesa de diálogo entre el Gobierno (devenido en régimen, hay que aclarar) de Nicolás Maduro y la oposición venezolana.

Esperaba, en la acepción de este verbo que implica esperanza, que el tiempo disipara mi desconcierto inicial ante el comunicado que primero Claudio María Celli, en representación del Vaticano, como facilitador del precitado diálogo, y luego Jorge Rodríguez, en representación de Maduro, y Carlos Ocariz, en nombre de la oposición, leyeron a dos voces.

Lamentablemente, en estos dos días, mi desconcierto, primero, y mi decepción (que también llegó de inmediato pero que intenté manejar internamente, como si fuera un duelo) no han hecho más que aumentar.

La oposición venezolana, expresada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), ha perdido con un autogol en el minuto 90, para expresarlo en términos futboleros. Y aún entendiendo que hay asimetrías de información, que los miembros de la MUD manejan datos que yo no manejo, y que en las próximas horas podrían producirse, por lo menos, algunas liberaciones de presos políticos (ahí sí mantengo ciertas esperanzas, pero también tienden a disiparse), hasta ahora, la conclusión del diálogo es que la oposición concedió mucho, por no decir que lo concedió todo, a cambio de nada. Y paso a tratar de demostrar mi teoría (y lo que viene) en seis puntos:

Los derechos no se negocian

Lo que la oposición apunta como logros (el desbloqueo de la elección “negociada” de los rectores del CNE o nuevas elecciones de los diputados de Amazonas) no son tales, si se considera que ambos están contemplados en la Constitución venezolana.

Lo que es más, peligrosamente, la incorporación de diputados en Amazonas pasa por realizar nuevas elecciones en ese estado, sin tomar en cuenta que el supuesto fraude que se apunta en las elecciones del 6 de diciembre de 2015 no solo habría ocurrido en muy pocas mesas, sino que sus indicios son muy endebles, por no hablar de que la Sala Electoral ha mantenido el juicio congelado, precisamente porque la evidencia sobre el fraude es prácticamente nula.

Como esperanza queda que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que lleva el caso, falle que en Amazonas no hubo fraude y los diputados (que hasta ahora parecen haber sido dejados de lado, abandonados a su suerte) se reincorporen. Pero es más una ilusión que una aspiración: Si entre el jueves y hoy el TSJ le ha dado tres mazazos a la independencia de la Asamblea Nacional, ¿no es de ilusos pensar que ahora fallará a favor de esta?

No hablemos de la elección “negociada” de dos nuevos rectores del CNE, de la cual, en principio, saldrían uno para el chavismo y uno para la oposición (y con los negociadores que tenemos ese parece el mejor escenario) cuando, con 109 diputados, tendríamos para elegirlos a los dos, y a lo mejor nos quedamos sin ninguno, viendo cómo “negociamos” el acuerdo del sábado, que Celli calificó de “milagroso” y que, en efecto, obró el “milagro” de diluir una mayoría opositora de 80 % y ponerla a firmar unos términos que más bien parecen los de una rendición, por más vueltas y largas elipsis que la oposición haya querido darles desde el sábado.

Siempre hay alternativas

No es cierto que la oposición “no tuviera alternativa” a negociar, como han dicho algunos de sus voceros. Siempre hay una alternativa a negociar, que es no hacerlo.

Los voceros y representantes de la oposición parecían más preocupados por quedar bien ante los facilitadores del Vaticano que ante los 13 millones de venezolanos que apoyaban (y creo que uso correctamente la forma pasada del verbo) el referendo revocatorio, y que hoy se encuentran con un comunicado escrito en neolengua (lea el magistral artículo de Willy McKey en Prodavinci al respecto) en el que se habla del Esequibo y del “boicot económico”, y no se menciona para nada la solución electoral al conflicto.

Y aún más botados que a los 13 millones de venezolanos que querían firmar en octubre para revocar a Maduro, el “acuerdo” de la MUD deja de lado a los cientos, o miles de personas, que a costa de sacrificar su seguridad laboral, firmaron para el primer 1 % y han sufrido acoso, persecución o incluso destitución de sus cargos públicos por hacerlo.

Y aún más allá: a Luis Almagro, amigo de la democracia venezolana, que debe estar sintiendo que hizo el ridículo durante todo 2016, por ejemplo. O a Felipe González, o a Andrés Pastrana, verdaderos amigos de Venezuela.

Sin asesoría y sin visión estratégica

Maduro sale del “acuerdo” ganancioso, esponjado (quienes tengan estómago lo pueden ver a continuación), y violando nuevamente la Constitución (algo que no se menciona para nada en el “acuerdo”, luego de que la Asamblea Nacional declarara hace dos semanas al Gobierno chavista como una dictadura) al prorrogar, de manera nuevamente ilegal, el Decreto de Emergencia Económica. En cambio, la MUD, con 65 % del favor popular (como mínimo), luce derrotada, y lo que es peor, desnortada, desorientada.

¿Cómo pudo suceder esto? Desde el 23 de octubre, cuando una decisión a todas luces ilegal suspendió el referendo revocatorio a Maduro, la oposición (que había hecho del referendo su “única proposición de venta”, para utilizar un término de mercadeo) se encontró, de pronto, sin plan B. No fue un meteorito lo que cayó del cielo ese día: estaba claro que el chavismo iba a tratar de torpedear por todos los medios ese referendo… Y sin embargo la respuesta se produjo solo dos días después. La misma tónica ha ocurrido en estas tres semanas, tras cada golpe (por lo general, anunciados, para nada sorpresivos) de Maduro.

¿Quiénes son los asesores de la MUD? ¿Dónde están? En Venezuela hay bastantes politólogos y expertos en negociación (un tema tan complicado que es objeto de posgrados en las universidades del primer mundo).

Los hay muy buenos: incluso los hay dispuestos a ayudar a la MUD ad honorem. Pero no son tomados en cuenta por la oposición. No se conocen por una sencilla razón: no existen.

En el fondo, así como el PSUV actúa desde el reflejo de desconfiar de cualquier cosa que no salga del mundo militar, en la MUD existe el reflejo de desconfiar de cualquier cosa que no surja del círculo de la política.

Los resultados están a la vista: un acuerdo que más bien parece una capitulación, percepción que se refuerza cuando, un día después, la MUD publica un comunicado que en realidad trata de aclarar en términos que a ratos son equiparables a las excusas. Y como dicen los franceses, quien se excusa se acusa.

No es la primera vez que la MUD tiene que salir a explicar ex post sus posiciones; esto en Política (con “P” mayúscula) es siempre un error. Y si en Venezuela hay buenos politólogos y negociadores, hay aún mejores comunicadores, dispuestos a ayudar en una estrategia de divulgación y de mensajes. Pero claro, si todo se asume desde la política (con “p” minúscula), pasa que luego de tener a la gente desmoralizada, como hoy, la llamas a la calle; después de llamar a una marcha a Miraflores dices que eso “no iba a resolver nada”. Y así…

El más débil terminó dividiendo al más fuerte

Es previsible que las divergencias dentro de la MUD (una coalición) se incrementarán. Es más: en las diferencias actuales se puede encontrar buena parte del fracaso actual. Porque así hay que definirlo.

Como un fracaso, sin ambages. Un fracaso derivado de que siendo mayoría, llegaste a la mesa de diálogo con complejo de no desairar a los mediadores. Porque no tenías propuestas; porque tu única proposición de venta, el referendo, no va, y también  hay que asumirlo; porque no te han liberado a los presos políticos; y porque Maduro afirma que la única “solución electoral” es aguantarlo a él hasta 2018, dice que no está obsesionado con la reelección y mientras tanto, Diosdado Cabello está en campaña electoral desde hace meses. Y no digamos hoy “Diosdado no puede ganar una elección”, porque 20 años de chavismo han demostrado que lo que parece que no puede ser, es.

Probablemente, los radicales ganarán espacio dentro de la coalición. O se produzca una división entre los radicales y los moderados. Hasta ahora, todos los sectores han afirmado públicamente su posición de mantenerse unidos pese a las diferencias. Y esto es bueno, porque hay que decirlo también: no hay alternativas a la MUD. Este es el siguiente punto.

Hagamos Política desde la realidad y con sentido crítico

Desde el sábado se han multiplicado las voces que dicen que hay que “construir un nuevo liderazgo”. No es casualidad que los actuales dirigentes lleven 17 años en la palestra. Porque son los que la gente reconoce, porque se han aguantado 17 años (en muchos casos, con un alto costo personal) la resistencia contra el chavismo, y porque, en definitiva, son lo que hay. Con ellos tenemos que hacer política. Cualquier invento “antipolítico”, no solo terminará en una profunda división opositora, sino con más poder del chavismo, aunque solo lo quiera 10 % de la población.

 

Sin embargo, sostener la Unidad no implica que no debe haber una profunda crítica (y autocrítica) desde la oposición, que en muchos casos ha obrado empujada por su público. Por ejemplo, en el tema de autoimponerse plazos límite: en política no debe haber plazos límite.

Que la pelea será larga es solo algo que dice la oposición ahora, cuando la realidad es que debió haberlo dicho siempre. La premura nos llevó a los desastres de 2002, 2005, 2014… y 2016. Quizás con un poco menos de sentido de urgencia, y más de estrategia, esto ya se hubiera terminado.  En 2014, por ejemplo, se quemó la protesta que en 2016 hubiera tenido sentido político.

La Unidad es lo que tenemos: Podemos criticarla, pero hay que mantenerla, podría ser el corolario de este análisis. Porque lo contrario es la anarquía.

El peor riesgo es el de anomia

Venezuela se encamina a las navidades más tristes de su historia y a su peor enero en décadas. Esto no desaparece porque se haya alcanzado un acuerdo político. Es más, se exacerba, porque si la MUD no es capacidad de canalizar pacíficamente el descontento de un pueblo que hurga en la basura para comer y en el que dos plátanos cuestan un día de salario, lo más probable es que la inmensa frustración y descontento se vayan por la vía de la anomia.

La crisis no se irá tampoco por la ayuda humanitaria, porque esa ayuda, si no se canaliza adecuadamente, creará más frustración. Hay docenas de ejemplos de países africanos que lo demuestran (algo que tampoco aclaró la MUD luego del “acuerdo”).

Esto es lo que hay al 14 de noviembre de 2016. Insisto, ojalá que sea que no tengo toda la información. Ojalá que en los próximos días el Gobierno dé muestras de que cedió algo. Insisto también, es más, a hoy, una ilusión que una esperanza.

Porque a hoy, como ya dije, perdimos por autogol. En el minuto 90. Con el público a favor y jugando de locales.

En un escenario así, ¿cómo no criticar a los jugadores? ¿Cómo no decir que el técnico equivocó la estrategia?

Pedro García Otero Pedro García Otero

Pedro García fue editor del PanAm Post en español. Periodista venezolano con 25 años de experiencia en cobertura de temas económicos, políticos y locales para prensa, radio, TV y web. Síguelo @PedroGarciaO.