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Venezuela: Maduro finge demencia y sigue adelante… hacia el abismo con su Constituyente ilegal

Por: Pedro García Otero - May 23, 2017, 8:00 am
Para imponer su constituyente ilegal, Maduro tendrá que aumentar incluso la fuerte represión a la que ya ha sometido a los venezolanos. (El Nacional)

El domingo 21 de mayo, y culminando una (otra) semana desastrosa para él, Nicolás Maduro realizó su programa semanal, en el que intenta parecerse a Hugo Chávez, y queda en evidencia, quizás no tanto para los opositores, sino para el propio chavismo.

Hace rato que el mandatario no aparece sino en ambientes controlados, probablemente desde los desastres de Villa Rosa y San Félix; desde el oeste de Caracas, en el patio de talleres del Metro de Caracas y rodeado de centenares de guardaespaldas, afirmó, entre otras cosas, que “el pueblo de Brasil está hablando en las calles contra (Michel) Temer”, y que a los deportistas (mayormente beisbolistas) y músicos que se están pronunciando contra su Gobierno en las últimas semanas “los están presionando” para que lo hagan.

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Cuando un político tiene 85 % de rechazo de la ciudadanía, cualquier gracia se le convierte en morisqueta. Menos de 24 horas después de tan insostenible sandez, le respondieron varios grandeligas venezolanos.

A diferencia de los discursos de Maduro, plagados de medias verdades y mentiras completas, en el tuit del jugador de los Cachorros de Chicago no sobra una letra. 1) Son tipos requetemillonarios, con lo cual nadie puede ordenarles nada.

En general, y por eso el siglo XVIII fue denominado “el de las luces”, los propietarios son por naturaleza los que pueden pensar lo que les da la gana, y fue el siglo de la burguesía el que también vio el mayor desarrollo de las ideas sociales en la humanidad; por eso, también, regímenes de Maduro buscan despojar de la propiedad a los ciudadanos para hacerlos esclavos.

Y 2) lo que quiere el venezolano promedio es que Nicolás Maduro “deje de joder”, como se dice en español castizo, y se someta a elecciones y a la Ley, o, más sencillamente, que se vaya.

Si los hechos te contradicen… peor para ellos

Maduro (o la cúpula de no más de 30 individuos que pretenden quedarse en el poder en Venezuela atrincherados entre bayonetas) ha(n) decidido que si la verdad se interpone entre ellos y el anhelos de no salir del Gobierno, peor para la verdad. Así, se rodean de 50 personas y dicen que “el pueblo” los apoya; Telesur se da el tupé (un tupé bastante estúpido, la verdad) de mostrar una marcha opositora como una manifestación en apoyo al engendro constituyente que están promoviendo los mandones; y la televisión estatal muestra un video de una agresión en Guatemala, como si hubiera sido en Táchira durante el fin de semana.

En tiempos de “posverdad”, y de “falsos positivos” de los que tanto se queja el Gobierno, Maduro y su claque son los reyes de ambos. Maduro es un personaje tan, pero tan despreciable, que en ocasión de que Elías Jaua visitara la Conferencia Episcopal Venezolana (y no al revés), coloca declaraciones de Diego Padrón en una cadena nacional de radio y televisión, en las que habla sobre la reunión, esquivando lo central de la misma: que su único objetivo era dejarle muy claramente establecido a Jaua y al alto Gobierno que la Iglesia Católica no va a apoyar un proceso claramente inconstitucional.

Jaua, por cierto, y este mismo lunes 22, afirma que “no necesariamente”, la nueva Constitución será votada por la población, “dependerá de la Asamblea Nacional Constituyente”. La Constitución de 1999 fue votada; la reforma negada de 2007 también; y la enmienda de 2009 en la que se aprobó la reelección indefinida, lo mismo.

¿Cómo sentará en las bases del chavismo que ahora “no necesariamente” tenga que hacerse un proceso que se ha repetido tres veces en 17 años? ¿Cómo hará el sumiso Tribunal Supremo de Justicia para justificar esto, comparándolo con el principio jurídico de la progresividad de los derechos, que está en la propia jurisprudencia del tribunal?

Esta es otra paletada de tierra en la credibilidad de la extinta “revolución bolivariana”.

El segundo “cómo sea”

Además, y desde el 11 de mayo, cada vez que aparece en televisión (lo cual es día sí día no, en promedio), Maduro está fustigando a los “traidores y burócratas” que según él no quieren la constituyente, y afirmando que “a mí nadie me va a parar, la Constituyente va”.

El 85 % que mencionaba antes no es casual: Es la cantidad de venezolanos que están en contra del proceso, a los que se pueden sumar 7 % de “no sabe, no contesta”, según una encuesta de la firma Meganálisis publicada la semana pasada.

La obcecación de Maduro recuerda el “cómo sea”, de las elecciones parlamentarias de 2015: Durante varios meses, el mandón estuvo diciendo “ganaremos cómo sea”. Perdió por paliza. Y desde entonces, por supuesto, ha venido ejecutando el “cómo sea”, de una manera ladina, y abusando de su control sobre las instituciones.

“Cómo sea”, Maduro anuló también el derecho constitucional a un referendo revocatorio, y “cómo sea”, pretendió, ahorcado por el caos financiero de su Gobierno, que fuera el Tribunal Supremo el que le aprobara endeudarse. Finalmente, los venezolanos se hartaron del irrespeto a su voto, y la comunidad internacional, del irrespeto a las instituciones. Y eso es lo que lo tiene con un pie en un avión, y el otro en la cárcel. Y se le agota el tiempo para decidir dónde quiere poner el otro pie para estabilizarse.

La enloquecida fuga hacia el abismo

Hay un libro excepcional del alemán Hans Enzensberger, El Corto Verano de la Anarquía, suerte de novela histórica, basada en la vida y muerte del líder anarquista español Buenaventura Durruti, en el marco de la Guerra Civil española y del único gobierno del anarquismo en la historia de la humanidad.

Describe Enzensberger el entierro de Durruti (en una escena memorable de la literatura contemporánea) como un acto que se preveía solemne, pero que termina con el féretro del líder tirado en un lodazal, en medio de un aguacero de proporciones bíblicas, y una multitud de anarquistas en desbandada para guarecerse.

Algo así me viene a la mente cuando Maduro habla de su Constituyente. En general, pareciera que ni siquiera Maduro y los que le rodean (todos personajes muy mediocres, muy ignorantes, muy grises, comenzando por el propio Jaua, presidente de la Comisión Presidencial Constituyente) tienen muy claro lo que desean hacer, salvo dos cosas: Permanecer en el poder y realizar unas elecciones no libres, porque en unas elecciones libres serían barridos.

 

Entonces, el proyecto se queda en el tremedal de la tormenta, como el entierro de Durruti, porque si quieren avanzar, se encontrarán con que el 85 % de rechazo que tiene, probablemente se eleve a 95 %. Para Maduro, sin embargo, es ganancia el empastelamiento, porque mientras tanto no hace las elecciones que tiene que hacer, las de gobernadores y alcaldes, como mínimo.

El problema para Maduro es que la gente no parece dispuesta a pisar la concha de plátano de la Constituyente y sigue firme en todos lados, dentro y fuera del país. La locura del mandatario, ayer domingo, parece impulsada por la monumental marcha del sábado en todo el país, lo que compara con la soledad de un tipo rodeado de militares que no se atreve ni a pisar una avenida, y que hasta en el metro del cual él fue supuesto dirigente sindical, lo dejan solo:

A 50 días del comienzo de las protestas, los venezolanos no solo no están dispuestos a dejar las calles, sino que (y estas son graves noticias para el mandón) no se imponen fechas, parecen entender que esta lucha es por objetivos. Y el primer objetivo es sacar al chavismo del poder.

La Constituyente de Maduro es su enloquecido camino al abismo. Un proyecto que se desmoronaría con la simple aceptación de que cualquier convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente requiere de un referendo consultivo. Algo en lo que aquel Chávez de hace quince años se le aparece de fantasma a aquellos que pretenden hoy chuparse su capital político hasta dejarlo agotado, cosa que es cuestión de meses, quién sabe si de semanas:

Pedro García Otero Pedro García Otero

Pedro García fue editor del PanAm Post en español. Periodista venezolano con 25 años de experiencia en cobertura de temas económicos, políticos y locales para prensa, radio, TV y web. Síguelo @PedroGarciaO.