Venezuela: publican el primer tarjetón electoral “hecho en dictadura”

Ni democracia ni partidocracia: las "elecciones" del 20 de mayo son una farsa que se muestra en la hegemonía que se ve en el tarjetón electoral, donde se votará sin elegir realmente.

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Maduro pretende imponerse en unos comicios a la medida. De la comunidad internacional depende que no lo logre (Federico Rabino).

En 2015, en Venezuela existían 62 partidos nacionales. En 2018, luego del “partidicidio” acometido durante tres años por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y el Consejo Nacional Electoral (CNE), solo 17 están habilitados para las elecciones presidenciales. Esto se refleja en el tarjetón de las “elecciones” presidenciales del 20 de mayo, en el que la parte de los venezolanos que logró en 2015 el 59 % de los votos en las elecciones presidenciales carece, en absoluto, de representación electoral.

“Las elecciones presidenciales son unas ‘elecciones’ de dictadura, y el tarjetón solo refleja eso”, señaló el politólogo Luis Salamanca. “Carecen en absoluto de legitimidad, y se puede decir que a partir del 21 de mayo Nicolás Maduro habrá perdido también su legitimidad de origen”, indicó el experto al PanAm Post.

Basta con ver los partidos que componen la lista para darse cuenta de lo que falta y lo que sobra. La tarjeta electoral de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), coalición que logró ser la mayoría absoluta de la Asamblea Nacional, no puede usarse, por decisión del TSJ. Además, los dos principales partidos de esa coalición opositora (Primero Justicia y Voluntad Popular) han sido, igualmente, ilegalizados, pero por el CNE.

tarjetón electoral
El tarjetón electoral del chavismo muestra la escualidez propia de un sistema de partido hegemónico (CNE).

Los otros dos partidos importantes de la MUD (AD y UNT), que no están ilegalizados, se han plegado al boicot de la oposición “representativa”, por decirlo de alguna manera, contra los comicios convocados por la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente, y adelantados sin ningún criterio más que el de impedir que la situación política de Maduro se complique aún más, en medio del panorama general de ingobernabilidad.

Ahora vamos a lo que sobra: el PSUV va acompañado en la tarjeta (al lado) por el “Movimiento Somos Venezuela”, un partido de probeta, hecho a la sombra del Estado venezolano, para repartirse, cinco años después, la herencia política de Hugo Chávez. Para Diosdado Cabello el PSUV este otro partido, legalizado sin requisitos, para el clan Maduro-Flores-Rodríguez, que son los administradores de la franquicia.

Hasta la tercera fila de la escuálida tarjeta electoral de 2018 (tan escuálida como los tiempos que corren) no pueden encontrarse sino tres opciones no ligadas directamente al chavismo, pero absolutamente mediatizadas por él: Copei (un micropartido escindido en tres toletes e intervenido por el mismo TSJ); el Movimiento al Socialismo (MAS), un club de amigos de lo que fue una opción minoritaria de la izquierda, pero con un peso muy inferior al 1 % del electorado; y Avanzada Progresista, el partido de Henri Falcón. Sin ánimo de cargar las tintas, basta recordar que tanto Falcón, como los principales dirigentes de ese movimiento, vienen del chavismo.

Para Salamanca, el “partidicidio” registrado en los últimos tres años tiene pocos precedentes históricos. Quizás el más importante es el de Chile de Pinochet, donde todos los partidos fueron proscritos. En general, señala, la práctica es típica de las dictaduras: Donde no hay democracia, los partidos que no son reducidos a la ilegalidad son mediatizados.

Señala el experto que Falcón aspira a levantar buena parte del electorado que ahora no tiene representación política y abrogarse el liderazgo de la oposición, bien con un golpe de suerte antes de los comicios del 20 de mayo, o posteriormente. En ese escenario, estima Salamanca que “Maduro no lo dejaría ganar”. Pero no ve factible que el exgobernador se retire antes de la fecha de los farsantes comicios.

“Lo que surgirá de esta elección es un sistema de partido hegemónico, un partido en el poder que se rodea de partidos pequeños que no pueden competir contra él. Son partidos periféricos, secundarios, que no pueden ganar. Previamente, el partido hegemónico ha sacado del juego a quienes le pueden arrebatar el poder en una elección”, indica Salamanca.

La experiencia alemana oriental

En un excepcional artículo publicado en la web Guayoyo en Letras, en agosto de 2017, Georg Eickhoff, un politólogo alemán (pero muy venezolano) que hoy reside en México, contaba la experiencia de los partidos “opositores” en la República Democrática de Alemania, desaparecida en 1991, absorbida por la República Federal de Alemania tras la caída del Muro de Berlín.

Aunque tendemos a pensar en los regímenes comunistas como de partido único, la experiencia de Alemania Oriental es interesante porque, era un régimen de partido hegemónico. Eickhoff nos revela que coexistió con partidos minoritarios que no se revelaban contra el hermano mayor, incluyendo una copia de la CDU, el partido demócrata cristiano que dominaba la política de la vecina Alemania Occidental; y hasta un partido liberal. Dos de los partidos habían sido creados por la misma dictadura, como, por ejemplo, “Somos Venezuela” o esa escisión de Copei que tiene la venia oficial.

En ese premonitorio artículo, Eickhoff señalaba que:

Cada uno de los partidos menores tenía la tarea de integrar un grupo histórico y sociológico de líderes con sus mentalidades específicas y su respectivo público meta. Eran un mecanismo de cooptación de políticos profesionales desempleados, bajo condiciones de dictadura. Proporcionaban una forma de vida segura a un grupo de profesionales que preferían la deshonra a la emigración, al cambio de oficio o a la resistencia. Al final, como decía Max Weber, la política es una profesión (…)

La disyuntiva venezolana del 2017 es parecida al año 1949 en Alemania Oriental. Estamos en el inicio de una nueva dictadura en Venezuela, no ante su final, aunque mucho quisiera equivocarme.

Los políticos profesionales de la oposición y los empleados de alcaldías y gobernaciones opositoras tienen que cambiar de oficio o acomodarse a la dictadura. Copiando o adaptando el modelo de partidos de la RDA, la dictadura chavista puede hacer una oferta atractiva a muchos profesionales. Una buena parte, probablemente, aceptará y, queriendo o sin querer, aportará lo suyo para dar larga vida a la dictadura.

Aunque en Venezuela la mayor parte de los políticos profesionales están en contra del régimen, todo dependerá de si este logra estabilizarse. Salamanca, como muchos de sus colegas, no lo ve factible, aunque sí hay una posibilidad de ocurrencia del escenario que Eickhoff mostraba hace casi un año.

Lo que es cierto es que, como dice el politólogo, el 20 de mayo marca la muerte definitiva de la democracia en Venezuela. Lo que suceda en estos meses, y luego, es responsabilidad de los venezolanos, pero también de la comunidad internacional, porque está claro que ante el régimen de dominación establecido por Nicolás Maduro, hace falta ayuda del exterior para el retorno al Estado de derecho en el país suramericano.

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