Las preguntas que Maduro no puede responder sobre su plan de ajuste

El mandatario venezolano hizo anuncios el viernes en la noche que, si pretendían tranquilizar a la población, lograron el efecto contrario. Los dejó muy preocupados...

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Maduro
Maduro pretende que los venezolanos crean que tiene intención de establecer disciplina fiscal en un país caotizado. (AVN)

Por más que uno lo intente, por más que el personaje se ponga una corbata y trate de no hablar tan mal como de costumbre, es muy difícil creerle a Nicolás Maduro y los anuncios que hizo el viernes en la noche y que ponen a Venezuela en un disparadero aún peor que en el que estaba hasta el jueves.

El incremento compulsivo y brutal de salarios, el “anclaje” de la moneda nacional a un criptoactivo sin ningún valor, y los anuncios de buenos deseos con los cuales Maduro aspira a financiar el programa, se traducirán en mucho mayor dolor para los venezolanos que aún quedan en el país, y en colapso en pocos días.

Si Nicolás Maduro aceptara ruedas de prensa, hay por lo menos cinco preguntas que se le podrían hacer sobre el plan de ajuste anunciado el viernes en la noche:

1) ¿Cómo se financia este programa de ajuste?

Es la gran pregunta sin resolver. A pesar de que el monto inicial no parece muy alto (el valor del bono anunciado es de 100 millones de dólares, algo aún en posibilidad de costear) el hecho de que Maduro anuncie subastas de dólares en un país en el que no hay subastas regulares desde hace por lo menos cuatro años parece inviable.

Aparentemente, Maduro ha intentado dar una sensación de fortaleza con el anclaje del programa a la criptomoneda petro, pero ese es un respaldo más endeble que una escalera de anime.

Para recuperar la economía venezolana se requieren, además de un programa coherente, ingentes recursos para sostener sus costos sociales; y además, un programa de reestructuración de pagos de deuda.

Ninguno de estos tres instrumentos está al alcance del régimen de Maduro hoy. El plan de reestructuración de la deuda, anunciado en diciembre, se quedó en eso, en anuncio; y hoy todas las alarmas de pago del Gobierno venezolano están encendidas. En esas condiciones, llevar adelante un programa económico, aún si este fuera coherente, es muy difícil.

2) A que se refiere con “anclaje” del bolívar al petro

Maduro ancla el Bolívar Soberano al Petro, pero el Petro no tiene más valor que el que el mismo régimen le ha endilgado: Uno imagina que si el país tiene reservas probadas de 296 mil millones de barriles de petróleo, este es el monto límite que se creará de la criptomoneda.

Pero eso nadie lo ha dicho, ni tampoco ha explicado cómo se puede empeñar en esa suerte de “patrón petróleo” todas las reservas de hidrocarburos del país, gran parte de las cuales quedarán en el subsuelo con los adelantos de la tecnología; además, nadie puede decir que el valor del petro es de 60 dólares porque eso es lo que vale un barril de petróleo hoy.

Es un monto totalmente arbitrario, sobre todo porque el petro no existe como valor de cambio. No se han realizado transacciones con Petros, indica el economista Alejandro Grisanti. Tampoco genera confianza, y es un activo sospechoso para todas las autoridades financieras del mundo.

Además, los mercados o no la entienden o -lo que luce más probable- sencillamente la ignoran. Con semejante “anclaje” está claro que el bolívar soberano seguirá el camino de su antecesor… Pero mucho más rápidamente.

3) ¿Cómo se habla de disciplina fiscal?

Muy pocos países del mundo han hecho una caja de conversión, aunque sea atada al Petro, como pretende Maduro, sin hacer un ajuste fiscal previo a la misma. Por una razón muy sencilla: la causa principal de emisión de dinero inorgánico es el déficit fiscal, y Venezuela, cuyo déficit primario ya debe estar en dos dígitos del PIB, es un caso típico.

Es decir, pretender borrar de un plumazo el déficit fiscal y la emisión de dinero inorgánico es imposible incluso para Gobiernos mucho más duros (y más firmes) que el de Maduro. Pero además, si la historia reciente permite juzgar lo que sucederá, queda claro que “chavismo” y “disciplina fiscal” no caben en la misma frase: si el chavismo fuera diferente, no estaríamos aquí.

De entrada, ha convertido el Estado venezolano es un inmenso charco de clientelismo político, y cortar esas adhesiones a la mitad lo puede enviar al exilio. En segundo lugar, y volvemos al principio, no tiene como financiar ese déficit de manera racional. Es decir, cuando Maduro es deliberadamente vago al hablar de política fiscal, es porque, palabras más, palabras menos, esto no es un programa, es un deseo.

Y los deseos, sabemos, no preñan.

4) Qué pasará con el precio de la gasolina

Aquí Maduro no hace ningún anuncio concreto, salvo prorrogar el lapso del censo del transporte, e indicar que “no tiene apuro” pese a que el precio de la gasolina es el desaguadero de 10 mil millones de dólares al año, según cifras del mismo mandatario. Ese “no tengo apuro”, esconde un monumental miedo: el de que un aumento de la gasolina en los montos requeridos sea, sencillamente, impagable para la población.

En resumen, para ser un desaguadero tan importante, el que el régimen no tenga ni la más peregrina idea de qué hacer con él, es un síntoma extremadamente preocupante.

5) ¿Cómo aumentará el salario en 3.362% de un día para el siguiente?

Esta, junto con la del déficit fiscal, son las dos preguntas claves de los anuncios de Maduro. El mismo patrono que hasta el viernes no podía pagar un incremento que sacara a los trabajadores del Estado de las calles es el que el viernes puede permitirse un aumento general de salarios de 3.362%. No solo eso: Puede pagárselo al sector privado, también, durante tres meses. ¿Con qué caja?

Si el bono representa 100 millones de dólares, a lo mejor un aumento general de salarios tampoco es un monto demasiado alto para el Gobierno, pero pagárselo al sector privado tiene un costo incalculable para el propio Estado. Y todo esto, en el marco de lo que Maduro ha denominado “disciplina fiscal draconiana”.
Como dirían en El Precio de La Historia: “No sé, Rick. Parece falso”.

Y ya sabemos por qué Maduro no da ruedas de prensa.

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