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¿Qué clase de “mejora” es la que desea ver la Reserva Federal?

Por: Peter Schiff - Oct 19, 2015, 11:28 am
Janet Yellen, presidenta de la FED, ha señalado que quiere una "mejora" de las cifras de empleo antes de subir las tasas. (Investopedia)
Janet Yellen (FED) ha señalado que quiere una “mejora” de las cifras de empleo antes de subir las tasas. (Investopedia)

En los últimos años, observar los cambios en la política de tasas de interés de la Reserva Federal ha sido como observar secarse la pintura, o crecer la hierba… sólo que menos divertido. Esto es porque la Reserva Federal no ha cambiado el índice de referencia de su tasa de Fondos Federales desde 2008. Así, los observadores de la Fed se han centrado en los cambios en el lenguaje que se incluye en las declaraciones de la política de la Reserva Federal. La minúscula revisión en la declaración de julio fue la inclusión de la palabra “adicional” a las “mejoras al mercado laboral” que la Reserva Federal quiere ver antes de finalmente jalar el gatillo de sus tan esperados incrementos a las tasas. Esto debería dar lugar a una discusión sobre qué tipo de mejoras “adicionales” podrían ser estas.

De acuerdo con analistas, el mercado laboral ya ha mejorado significativamente en los últimos cinco años. Durante ese tiempo la tasa de desempleo ha declinado de 9.8% a tan sólo 5.3% (datos económicos de la Reserva Federal de St. Louis). En el Resumen de Proyecciones Económicas del FOMC de junio del 2015, las estimaciones de los participantes del Comité sobre la tasa normal a largo plazo de desempleo, tuvo una tendencia central de 5,0 a 5,2 por ciento. Pero ese no es el tipo de éxito en el mercado laboral que ha motivado a Janet Yellen a actuar. Ella está buscando “mejoras adicionales”.

Dado que es muy inusual que la tasa de desempleo caiga por debajo del 5% (habiéndolo hecho en sólo diez años en los 45 años transcurridos desde 1970), debe ser que está buscando mejoras en otros indicadores de empleo, como el aumento salarial, la participación de la fuerza laboral, y la proporción entre la creación de empleos de tiempo completo y medio tiempo. En esos frentes hay muy poco que inspire confianza.

A finales de julio, el Departamento de Trabajo publicó el Índice de Costo de Empleo, el cual se considera la medida más amplia de costos laborales, que mostró un incremento de sólo 0,2% en el segundo trimestre. Increíblemente, este fue el menor incremento trimestral del índice desde su creación en 1982. El resultado se dio muy por debajo la expectativa de consenso de un aumento de 0,6%.

Si ustedes, al igual que yo, consideran que las mediciones de inflación que el Gobierno utiliza para calcular el crecimiento del PIB son subestimadas (su último reporte del PIB asumió una inflación de cero por ciento), entonces un cambio tan minúsculo en los salarios podría sugerir que los trabajadores están perdiendo terreno, no ganándolo. Pero la semana pasada el reportero del Wall Street Journal Jonathan Hilsenrath, considerado por muchos como el reportero mejor conectado con los responsables de tomar las decisiones internas de la Reserva Federal, publicó un artículo citando estudios recientes de la Fed que muestran cómo los movimientos salariales tienen un efecto incierto sobre los precios de consumo.

Y dada la consistente preocupación de la Fed acerca de la “inflación demasiado baja”, esto lo lleva a la conclusión de que el crecimiento salarial no puede ser considerado un importante motor de la política monetaria. Así que, tal vez lo que lleva a Yellen a actuar son las mejoras en la tasa de participación laboral, una métrica de la que siempre ha hablado en términos reverenciales.

Pero en ese frente tampoco encontrará mucho que celebrar. El informe de empleo más reciente, aunque ampliamente reportado como un hecho positivo, no vio ningún cambio en las tasas de desempleo o de participación. De hecho, en términos desestacionalizados, julio estableció un nuevo récord para aquellos que no están en la fuerza laboral: casi 94 millones de personas. Y la cifra general de 215.000 nuevos empleos fue uno de los informes más débiles de los últimos años, todos los cuales no han, hasta el momento, provocado un incremento en las tasas.

A medida que la tasa de desempleo se ha deslizado de manera constante a la baja, la tasa de participación ha bajado con ella. De hecho, en años recientes, más gente ha abandonado la fuerza laboral de la que realmente ha encontrado empleos. En junio, una asombrosa cifra de 640.000 estadounidenses se dio por vencida en la búsqueda de empleos (Buró de Estadísticas Laborales 2/7/2015), bajando la tasa de participación a 62,6%, la cifra más baja desde 1977 (FRED, Fed de St. Louis). Y contrario a la rotación puesta por el Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, no se trata de baby boomers que se estén jubilando. Las personas mayores, de hecho, se están quedando en la fuerza laboral por más tiempo. Más bien, se trata de trabajadores en edad laboral que simplemente se han dado por vencidos en la búsqueda de empleo.

En 2014 el Departamento de Trabajo estimó que en junio de este año 6,4 millones de trabajadores que querían empleos de tiempo completo, estaban ocupando empleos de medio tiempo. Esta categoría de “subempleados involuntarios” incluye 56% más trabajadores de los que incluía en el 2006.

Tal debilidad laboral ayudaría a explicar otro conjunto de datos recién publicado, que muestra que la economía sigue siendo mucho más débil de lo que los economistas esperaban. La semana pasada tuvimos el primer vistazo a las cifras del PIB del segundo trimestre, que todos esperaban que confirmaran que las cifras cercanas a la recesión del primer trimestre habían sido más un tope que una grave zanja. De hecho, los números en el primer trimestre fueron tan malos que convencieron a los estadísticos del Gobierno de que regresaran a sus pizarrones a reformular su metodología de cálculo del PIB con el fin de eliminar la “estacionalidad residual”, que muchos afirmaban que estaba detrás de los decepcionantemente bajos resultados del PIB de invierno.

La buena noticia es que la nueva fórmula hizo revivir el primer trimestre (ahora es positivo, 0,6%, en lugar de negativo), y también mostró que el segundo trimestre repuntó modestamente a un crecimiento anualizado de 2.3% (Buró de Análisis Económicos, BEA). Los resultados fueron suficientes como para generar encabezados felices en los incautos medios que declararon que la economía estaba de nuevo en buen camino.

Pero la mayoría de los informes no mencionaron que muchos observadores habían esperado que la revisión del primer trimestre fuera mucho mayor (la propia Reserva Federal había estimado que el PIB del Q1 podría ser tan alto como 1,8% anualizado, si se utilizaran mejores ajustes estacionales) y que el 2,3% para el segundo trimestre estaba por debajo de la previsión del consenso.

Pero la reducción en la estacionalidad residual, que impulsó los resultados del primer Trimestre, obligó al Gobierno a revisar a la baja otras cifras trimestrales de los dos años anteriores. El resultado neto es que desde el 2011, la economía no ha crecido en un promedio anual de 2,3% como se informó originalmente, sino en tan sólo 2% (BEA). Esto hace de lo que, de por sí, era la expansión más débil en la posguerra, algo aún considerablemente más débil de lo que los economistas creyeron. ¿Tal vez pedirán la reactivación de la estacionalidad residual?

El débil mercado laboral y la economía en debilitamiento pueden explicar un par de tendencias que no deberían estar ocurriendo en una economía en fortalecimiento: el creciente amor de los estadounidenses por los autos antiguos y la alta tasa en la que la gente joven en edad laboral permanece viviendo con sus padres.

Estadísticas recientes muestran que la edad promedio de la flota estadounidense de 257,9 millones de vehículos ligeros tiene un promedio de 11,5 años, la más antigua en la historia. La encuesta de IHS Automotive (/29/7/15) también mostró que los nuevos compradores de autos estaban manteniendo sus vehículos por un promedio de 6,5 años, más que los 4,5 años del 2006. Cuando a los compradores les está yendo bien, tienden a comprar autos nuevos con mayor frecuencia. Cuando no hay prosperidad, mantienen sus vehículos por más tiempo.

De manera similar, un estudio reciente realizado por Goldman Sachs, de los datos del Departamento de Comercio, muestra que el porcentaje de personas entre los 19 y 34 años de edad que viven en casa de sus padres, que se había disparado durante la recesión del 2008, finalmente comenzó a disminuir ligeramente en el 2014, pero esa disminución se detuvo a principios del 2015. USA Today (5/8/15) señaló que el número de millennials que viven en casa de sus padres aumentó de 24% en 2010 a 26% en el primer trimestre del 2015, de acuerdo con un informe del Pew Research Center. ¿Por qué sucedería esto si la economía realmente estuviera creciendo?

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Dado que parece poco probable que la tasa de desempleo caiga y ni el crecimiento salarial ni el aumento de la participación laboral dan signos de vida, y todavía es muy elevado el porcentaje de aquellos que quieren trabajar tiempo completo pero no pueden, ¿deberíamos concluir que la Reserva Federal seguirá adelante con sus planes del alza de tasas este año?

Si Janet Yellen está siendo honesta acerca de que la Reserva Federal no elevará las tasas hasta que tengamos más mejoras en el mercado laboral, y dado que esas mejoras no se han visto por ningún lado, entonces ¿por qué no admite simplemente que la Reserva Federal no aumentará las tasas en ningún momento cercano?

Si el crecimiento del PIB sólo promedia 2% en el segundo semestre (lo que me parece probable), entonces el crecimiento del 2015 será sólo de alrededor de 1,7% anual. Dado que la Reserva Federal no elevó las tasas en el 2012, 2013 y 2014, cuando el crecimiento era de más del 2%, ¿por qué lo haría ahora?

Sin embargo, Wall Street y los medios de comunicación obstinadamente se aferran a la idea de que el crecimiento del 3% y el alza de las tasas están a la vuelta de la esquina. Las ideas antiguas son difíciles de combatir, y esta ha adquirido vida propia.

Peter Schiff Peter Schiff

Peter Schiff es un economista reconocido a nivel internacional, experto en los mercados de renta variable, divisas y metales preciosos. Es autor de libros best sellers y aparece regularmente en medios internacionales. Síguelo: @SchiffOro.