PLUNA, ANCAP, ALUR: los monumentos al derroche estatal en Uruguay no paran

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Recordemos la foto del exministro de Economía Fernando Lorenzo en aquel almuerzo con el empresario López Mena, el también exministro de Transporte Enrique Pintado y el caballero de la derecha (Blogspot)

El escándalo de ALUR (productor estatal uruguayo de biodiesel, azúcares, comida animal y bioetanol, entre otras) fue el último en sumarse a una serie de aberraciones administrativas y políticas que hace tiempo viene cometiendo el Frente Amplio.

Resultó ser que el ente estatal (la repetición del adjetivo es antojadiza y necesaria) pagó a los cortadores de caña de azúcar un “extra” (un aumento salarial que pretendía cubrir reclamos sindicales) sin hacer por este los aportes pertinentes al Banco de Previsión Social; es decir, en negro, o en palabras que duelan a cualquier uruguayo, sin pagar los impuestos que se le cobraría a cualquier mecánico de barrio por tener un asistente.

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Esta situación se prolongó por diez años: durante el primer período de Tabaré Vázquez en el que el actual intendente de Montevideo Daniel Martínez era presidente de ANCAP y a lo largo de la nefasta desadministración Mujica, cuando el presidente del organismo era el actual vicepresidente Raúl Sendic.

Hablamos aquí de aportes a 2500 trabajadores a razón de 400.000 dólares por año. No solamente debemos contemplar los montos disparatados, ni el hecho que el Estado no cumplió con regulaciones que él mismo exige, sino además la falta de respeto hacia los uruguayos que constituyó la defensa del oficialismo tratando la evasión de “donación”.

Y es aquí, en este punto, en el que nos volvemos a preguntar hasta cuándo piensa reírse de nosotros el Frente Amplio.

Recordemos a PLUNA y el costo de 300 millones de dólares que tuvo la jugarreta. Recordemos al “caballero de la derecha” y a toda aquella farsa que montaron para nosotros y que aceptamos como válida. Recordemos la foto del exministro de Economía Fernando Lorenzo en aquel almuerzo con el empresario López Mena, el también exministro de Transporte Enrique Pintado y el caballero de la derecha.

Recordemos asimismo las cifras astronómicas de ANCAP: su capitalización costó y seguirá costando 800 millones de dólares a los uruguayos.

Hay que dejar varios puntos muy claros. El más obvio, el que solamente un fanático no ve, es que el Frente Amplio usa al Estado para escapar de las reglas del mismo Estado que asegura gobernar, en un evidente “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”.

Si yo no pago impuestos por un empleado, cae sobre mí todo el peso de la ley. Eso no le sucede al Frente Amplio, que ha permanecido impune a pesar de todos sus monumentales mamarrachos.

El segundo punto es que el Frente Amplio no administra al Estado, sino que lo utiliza para derrochar o para hacer turbios negocios (aquí seguimos los uruguayos esperando que Vázquez condene la brutal represión de Maduro al pueblo venezolano) y tapar agujeros luego con noticias buenas en apariencia.

Ejemplo de esto es el anuncio que la titular del Ministerio de Desarrollo Social (otro con más baches que pavimento) Marina Arismendi realizara hace algunos días. Con orgullo, adelantaba que su cartera duplicará las plazas disponibles para refugios de invierno.

Es una buena noticia ¿no? Sepan disculpar mi escepticismo, pero me pregunto lo mismo que miles de uruguayos: si el Frente Amplio logró bajar notoriamente la indigencia, como asegura, ¿por qué hay una necesidad urgente de duplicar la disponibilidad de plazas? Los uruguayos no tenemos que ir a golpear las puertas de Baker Street 221B para resolver tal misterio.

He aquí el problema y no es en absoluto complejo: el Frente Amplio se reirá de nosotros hasta cuando se lo permitamos. No va a cambiar. El candidato frentista de las próximas elecciones nos dirá algo parecido a “para consolidar lo logrado” y demás perezas intelectuales y los nombres serán los mismos. Las faltas y las sumas que estas cuesten irán in crescendo, al igual que la pobreza y la emigración.

Al oriental no le gusta escucharlo, pero sí nos comimos la pastilla. Y también validamos el teatro del “caballero de la derecha” – prueba irrefutable es que siguen donde están.

Recordar es más que una carta para la seriedad, es nuestra supervivencia. El único remedio, el único recurso que tiene el uruguayo, es su memoria. Y ésto, siendo uruguaya, me aterra.

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