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Socialismo cool, producto latinoamericano de exportación

Por: Priscila Guinovart - @PrisUY - May 30, 2017, 5:32 pm
(Viralizalo)
Un ítem más se ha sumado al combo, y no se trata de bienes ni de servicios: es el modelo de líder de izquierda que viene destrozando el nuevo continente desde mediados del siglo pasado, y planea pasar a la posteridad haciendo de las suyas en la vieja Europa. (Viralizalo)

Los tiempos en los que las exportaciones de América Latina a Europa iban en la línea del aguacate, el maracuyá, la carne y la lana parecieran haber quedado atrás. Un ítem más se ha sumado al combo, y no se trata de bienes ni de servicios: es el modelo de líder de izquierda que viene destrozando el nuevo continente desde mediados del siglo pasado, y planea pasar a la posteridad haciendo de las suyas en la vieja Europa.

Alguno podrá debatir que no se trata de una exportación, sino de una mera devolución: después de todo, cierto es que las ideas de izquierda, estatismo y populismo fueron creadas y forjadas en el viejo continente, incluso cuando no ostentaban los nombres con los que hoy las reconocemos.

Sin embargo, la producción en masa de líderes de izquierda carismáticos y cool es cosa bien nuestra. Piénselo ¿a cuántas personas ha visto usted con una remera de Stalin? Yo creo que podría contar tres.  ¿A cuántas personas ha visto usted con una remera de Mao? Yo a ninguna, pero he de aclarar que jamás he estado en China. Ahora bien ¿a cuántos ha visto usted pasear una remera del Che? Incontables ¿verdad?

Es que el líder de izquierda latinoamericano es infinitamente más encantador que sus pares rusos o asiáticos, y esto no pretende ser un elogio. Los últimos fusilan adversarios en plazas públicas, mientras que los primeros (los “hecho acá”) hablan de paz, de sueños, de libertad y de tolerancia. Hablan incluso de felicidad. Sí, sí, también fusilan, pero con “Imagine” sonando de fondo.

En los tres casos europeos a examinar, se observa claramente el alcance y la magia (…) que emana de nuestros caudillos revolucionarios: llega a Pablo Iglesias en España, a Jeremy Corbyn en el Reino Unido y a Jean-Luc Mélenchon en Francia.

Los tres se han deshecho en elogios al fallecido Hugo Chávez, y ninguno de ellos, así sea obligado por las circunstancias, ha mostrado la misma euforia a la hora de condenar la actual represión de Nicolás Maduro, heredero chavista.

Pablo Iglesias, el gran maestro del populismo español, ha manifestado en varias ocasiones su aprecio por “el comandante” (sic) y se ha visto incluso involucrado en sospechosos negocios que vinculan al actual régimen bolivariano con el financiamiento de Podemos, el partido que lidera.

Ha manifestado asimismo que los discursos de Chávez lo emocionan y que ciertamente “se lo echa de menos”.

Cuando Chávez fallece el 5 de marzo de 2013, Jeremy Corbyn lo despidió en Twitter con sentidas palabras “gracias, Hugo Chávez por demostrar que los pobres importan y que la riqueza puede ser compartida. Él realizó masivas contribuciones a Venezuela y al muy amplio mundo”. Tan amplio es el mundo que a Corbyn no le ha dado el tiempo para salir de su cómoda burbuja británica y pegarse una vuelta por la Venezuela real, en la que el hambre y la miseria reinan en exclusividad.

“Él nos mostró que hay una forma diferente y mejor de hacer las cosas. Se llama socialismo, se llama justicia social” agregó el dirigente laborista.

Corbyn no se ha limitado únicamente a dedicar tweets o a sacarse fotos con el comandante. En el Reino Unido, más de uno ha encontrado similitudes escalofriantes entre los planes económicos de Chávez y aquéllos de Corbyn, expresados en su manifiesto.

“Planea renacionalizar sin especificar de dónde sacará el dinero para hacerlo y gastar el doble de dinero con la vaga idea de aumentar el impuesto a los ricos” advierte Jaques Arnold, antiguo miembro del Parlamento británico y especialista en América Latina.

 

Francia es, fue y será socialista, eso no es novedad alguna. En mayor o menor medida, el socialismo es parte de la identidad francesa, incluso con un Partido Socialista que apenas alcanzó el 6% de los votos. Francia es tan socialista que hasta el flamante presidente Emmanuel Macron (el mismo que trabajara para Rothschild) aprovechó para pegarle al capitalismo durante su primer encuentro con la canciller alemana Angela Merkel.

Pero incluso en este escenario, Jean – Luc Mélenchon no podría haber ganado jamás. Es por demás alarmante cuánto ha crecido en popularidad y en este sentido merece la atención del mundo entero, pero su cercanía ideológica a Hugo Chávez ahuyenta a cualquier persona que abra un diario.

Afirmaría en su momento que los europeos son “pretenciosos y arrogantes” por querer desprestigiar a las “figuras progresistas” de América Latina. Sobre Fidel Castro, observó que “cometió errores, todo el mundo comete errores, pero no todo el mundo es Fidel” y justificó horrores culpando a un “bloqueo interminable” en un típico discurso lleno de antinomias.

Al menos Mélenchon se asume como lo que es, un populista.

Estos tres hombres, de tres países diferentes con tres realidades diferentes representan el mismo sentir que hambreó a un continente entero, con Ernesto Guevara, con Fidel y familia, con Chávez y Maduro, con Evo, con Cristina, con Mujica y Dilma. Hasta los discursos son prácticamente idénticos como su necesidad de sembrar odio en la sociedad.

Mélenchon tiene razón. Es tal vez cierto que algunos europeos son arrogantes y pretenciosos, y él es uno de ellos. Predica a cuatros vientos sobre una realidad que desconoce en un continente que no sufre los mismos males endémicos que América Latina.

El socialismo no dará nunca frutos buenos. Si es eso lo que se busca, volvamos al aguacate y al maracuyá.

Priscila Guinovart Priscila Guinovart

Priscila Guinovart es docente y escritora uruguaya. Ha colaborado con distintos medios de América Latina, EE.UU. y Europa. Vivió en Londres, donde escribió su libro "La cabeza de Dios". Síguela: @PrisUY.