La llamada solidaridad social castiga a los innovadores argentinos, Cachanosky

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(Captura video Youtube)
Cachanosky señala que el Estado argentino necesita tener recursos de los contribuyentes, y para dicho fin implementa normas tributarias que violan los derechos individuales. (Captura video Youtube)

El economista y escritor argentino Roberto Cachanosky rechazó que el debate sobre la reforma del impuesto a las Ganancias (nueva ley que entró en vigencia este martes 27 de diciembre) se concentrará solo en los empleados en relación de dependencia y no en los autónomos que, a su juicio, son “como una casta inferior en el sistema tributario argentino”.

En una columna publicada en su sitio en internet Economía para Todos, Cachanosky criticó que tampoco se había debatido el ajuste por inflación de los balances de las empresas para aplicar el impuesto a las ganancias. En este sentido, explica que tanto los autónomos como las empresas pagan un impuesto a las ganancias sobre utilidades inexistentes.

Cachanosky señala que en “la mentalidad retrograda que impera en argentina” el costo de producción es solo algo material, mientras que los costos inmateriales no son tenidos en cuenta.

El economista pone el ejemplo de profesionales de su ramo que tienen que hacer una presentación sobre la situación económica del país. “El tributarista no entiende que para hacer una presentación sobre la situación económica hay todo un costo de producción intangible […]  buscar datos, procesarlos, relacionarlos con otros datos, leer información, papers, etc. Puesto en otra forma, el costo de producción del economista no es solamente el costo del cartucho de la impresora y el papel. El costo de producción es ese intangible que los tributaristas, como no lo ven, para ellos no existe”, explica Cachanosky.

A juicio del escritor argentino “las locuras impositivas” responden a un Estado que hace del aumento del gasto público “su instrumento fundamental para captar votos“.

Para ello, señala Cachanosky, el Estado necesita tener recursos de los contribuyentes, y es por esta razón que implementa normas tributarias que violan los derechos individuales.

 

“El ente recaudador viola la Constitución cuando exige ver papeles privados. Qué le facturo a un cliente, por qué le facturo, cómo me lo paga, son cuestiones de los particulares que el Estado no puede meterse sin causa fundada. Sin embargo, en Argentina aceptamos como normal esta violación como si fuese normal que el Estado pueda usar el monopolio de la fuerza para violar los derechos”, indicó.

Agrega que el sistema fiscal argentino es por una lado confiscatorio, porque aplica tasas sobre utilidades inexistentes, y, por otro lado, es violatorio de los derechos individuales.

Destaca que en el largo debate sombre el impuesto a las ganancias no se consideraron los derechos individuales, “sino que todo se limitó a ver hasta dónde se puede desplumar a la gallina (el contribuyente) sin que la gallina cacaree y a qué sector desplumar sin perder votos.

Explicó que fue tan grande el despilfarro del gasto público durante la era kirchenerista que hubo que incrementar la carga fiscal “hasta niveles asfixiantes”. “Y para poder recaudar esa asfixiante carga tributaria necesitan violar los derechos individuales”, precisó.

“Dentro de este disparatado sistema tributario, los autónomos somos el último orejón del tarro por la sencilla razón que no tenemos ningún dirigente sindical que nos represente. En Argentina no rige el principio de igualdad ante la ley, sino quién tiene mayor poder de extorsión política”, agregó Cachanosky.

El economista considera que en su país en nombre de la solidaridad social se castiga a los innovadores, en tanto que los que tienen “mayor presión de lobby y de extorsión política terminan siendo más iguales ante la ley que el resto de los ciudadanos”.

“Por eso somos un país decadente, porque se castiga al innovador, al que se esfuerza y al emprendedor y se beneficia al que quiere vivir a costa del trabajo ajeno […] En el listado, los autónomos somos los que salimos peor parados”, concluyó el economista.

Fuente: Economía para Todos.

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