Nicolás Maduro: Sumiso ante el Imperio

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Maduro - Imperio
¿Olvidó Maduro aquella frase «águila no caza moscas», en referencia a que su Gobierno no se reúne con subordinados? (Nicolás Maduro)

Imaginen el nivel de gravedad de la crisis en Venezuela que el presidente de ese país, Nicolás Maduro, decidió bajar la cabeza; imagínense cómo está la imagen internacional y nacional del mandatario que pasó de un discurso violento y condenatorio contra Estados Unidos, a decidir reunirse con un subalterno de Barack Obama.

Hasta hace poco las cadenas de radio y televisión de Maduro se dedicaban no solo a destruir al sector productivo que queda en el país, sino que también utilizaban gran cantidad de minutos responsabilizando a Washington de todas las desgracias que enfrentan los venezolanos. Sin embargo, de un día para otro, en cuanto se empezó a hacer realidad la posibilidad de la aplicación de la Carta Democrática en la OEA y un referendo revocatorio sobre su Gobierno, el mandatario «reculó», disminuyó la dosis de insultos contra Obama y solicitó diálogo con su supuesto peor enemigo, el imperio norteamericano.

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Los venezolanos nos preguntamos: ¿en qué momento Maduro «olvidó» el legado de Hugo Chávez y aquella frase «águila no caza moscas»?, en referencia a que su Gobierno no se reúne con subordinados; perdón, no se reunía, porque al parecer eso ya quedó en el pasado.

Y es que el gobernante de Venezuela en sus transmisiones televisivas solo destila gritos, preocupación y amenazas contra la oposición y contra los que piensan diferente, mientras que contra su «peor enemigo», ahora agacha la cabeza.

No fue que Maduro se reunió con Obama, el presidente de Estados Unidos; Maduro se reunió con el subsecretario de Estado estadounidense, Thomas Shannon. ¿Por qué Maduro recibe a un enviado de Obama y no Obama recibe a un enviado de Maduro?

La respuesta se obtiene por sí sola: Maduro está desesperado y no sabe cómo disimular que ahora es un sumiso más ante el Imperio. Ahora sí quiere diálogo, ahora sí quiere retomar relaciones con el que hasta hace pocos días insultó y señaló sin mostrar pruebas en su contra.

En vez de liberar a los presos políticos para demostrar que quiere «diálogo y paz», en vez de solventar la crisis económica, en vez de aceptar la ayuda humanitaria internacional, en vez de buscar soluciones contra la escasez, Maduro prefirió cobardemente poner sus dos rodillas en tierra ante el imperio «mesmo».

Prefirió llamar la atención del Gobierno americano para lavarse la cara y limpiar su muy deteriorada imagen internacional, reuniéndose con un funcionario del país que supuestamente a lo largo de la Revolución Bolivariana ha amenazado su estabilidad política, económica y social.

Pero esto durará el tiempo que al Gobierno chavista le convenga; cuando él crea que ya ha superado la crisis, de manera cobarde como nos ha acostumbrado retomará su posición. Será lo mismo de siempre.

Es evidente la hipocresía de estos regímenes (el de Chávez, y ahora el de Maduro). Son «moldeables» de acuerdo con sus necesidades sin importar la «dignidad política» de estos gobernantes.

En resumidas cuentas, Nicolás Maduro prefiere doblegarse ante Barack Obama que ante el pueblo de Venezuela que hoy le exige la renuncia.

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