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Diputados venezolanos madrugan en el Ministerio de Interior para exigir cese de la represión

By: Sabrina Martín - @SabrinaMartinR - Abr 21, 2017, 10:09 am
diputados opositores
Los políticos opositores llevaron además al ministerio, el artículo 68 de la Constitución (que garantiza el derecho a manifestar) como símbolo de protesta. (@Miguel_Pizarro)

Diputados opositores madrugaron este viernes para exigir al ministro de Interior y Justicia que cese la represión contra las manifestaciones.

Desde muy temprano los legisladores llegaron a las puertas de la sede del ministerio que encabeza Nestor Reverol, y allí colgaron trozos de tela que simulan “capuchas de verdugos”.

Miguel Pizarro, Carlos Paparoni, Juan Requessens, Jorge Millán, Dinorah Figuera, Tamara Adrián, Juan Andrés Mejía y Gaby Arellano exigieron que las fuerzas de Seguridad del Estado dejen de reprimir las protestas de la oposición.

 

“Estamos desde la casa de la represión, desde donde ordenan las detenciones arbitrarias”, agregó el diputado Pizarro, del partido Primero Justicia.

Los políticos opositores llevaron además al ministerio, el artículo 68 de la Constitución (que garantiza el derecho a manifestar) como símbolo de protesta.

La sorpresiva protesta ocurre horas después de que manifestaciones en sectores populares de Caracas fueran duramente reprimidas por efectivos militares con perdigones y bombas lacrimógenas.

Desde que la oposición inició una ola de protestas a principios de abril, para exigir la restitución del orden constitucional, han muerto al menos nueve personas y, de acuerdo con el Foro Penal Venezolano, más de 565 han sido detenidas, de las cuales 334 permanecen privadas de la libertad.

Ante las recientes muertes de víctimas de la represión en Venezuela, el ministro Reverol ha responsabilizado a dirigentes de oposición.

Sin embargo, el funcionario no ha explicado aún las imágenes de un video que muestran claramente cómo, de un grupo de motorizados, uno de ellos saca un arma a poca distancia de una joven y esta cae al suelo en milésimas de segundo. La oposición asegura que el victimario es miembro de los colectivos afectos al chavismo.

Fuentes: El Estímulo; El Nacional

Sabrina Martín Sabrina Martín

Periodista y locutora venezolana, especialista en comunicaciones corporativas. Síguela en Twitter: @SabrinaMartinR.

Trump sin rumbo en política exterior

By: Carlos Sabino - Abr 21, 2017, 10:07 am
(T13)

Al presidente norteamericano Donald Trump se lo ha criticado por muchos motivos, algunos justificados y otros no, como siempre ocurre. La izquierda lo ataca como un fascista xenófobo (que no lo es) y a los liberales clásicos no nos gustan sus amenazas contra el libre comercio mundial, porque de llevarse a cabo traerían perjuicios para todos, en primer lugar para los Estados Unidos. Pero cuando Trump, hace unos días, decidió bombardear al ejército sirio después de que este lanzara gases asfixiantes contra su población civil, todo el mundo lo aplaudió. Unos porque vieron en esa acción una justa represalia contra un ataque inhumano y brutal, otros porque pensaron que Trump retomaría la línea que, en política exterior, tuvieron los últimos gobiernos de su país. No es este mi caso: no me pareció útil u oportuna la acción de los Estados Unidos, por lo que quiero ofrecer al lector una reflexión personal sobre lo sucedido. Lea más: PDVSA donó medio millón de dólares para toma de posesión de Trump, más que Google, Ford y Pepsi Lea más: Empleados de cementera mexicana financiaron a 19 republicanos que respaldan muro de Trump Un ataque con gases contra la población civil es, sin la menor duda, un hecho condenable, bárbaro y brutal; se trata de una acción de la peor especie, no cabe duda alguna. Pero lo que debemos analizar, con la mayor frialdad posible, es la respuesta que se dio a un hecho tan salvaje. Desde el punto de vista práctico, sin duda, el bombardeo sirvió para muy poco: no tuvo mayor repercusión en el plano militar y, desde luego, para nada ayudó a las víctimas. Fue, en todo caso, un acto simbólico, una expresión del repudio a la utilización de cierto tipo de armas. Pero, aun en este plano, cabe hacer algunas serias objeciones: ¿es la mejor manera de expresar ese rechazo moral el lanzar unas decenas de misiles? ¿Por qué responder así a este acto de barbarie y no del mismo modo, por ejemplo, a los que comete Boko Haram en Nigeria o los que realiza la monarquía absolutista y fanática de la Arabia Saudita? La represalia que analizamos no tenía, en el fondo, ningún objetivo claro, ni militar ni moral. Pero, al proceder de esta manera, Donald Trump en poco se diferenció de lo que hicieran antes que él Clinton, los Bush u Obama. Porque procedió como una especie de policía mundial, o peor aún, de tutor moral, con jurisdicción sobre toda la humanidad. Y nadie, que yo sepa le ha entregado a los Estados Unidos ese papel. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   Guiar la política exterior de la principal potencia del planeta por arrebatos de consciencia moral o por efectos mediáticos es un error práctico y constituye, además, un acto de soberbia que puede perjudicar a todos, sin beneficiar para nada a los Estados Unidos. El gobierno de ese país ha hecho perder ya miles de vidas a los soldados estadounidenses que han tratado de cambiar a Irak y a Afganistán sin lograr que estos países avancen ni un paso por la senda de la democracia liberal. Con su intervención militar (que no tiene visos de llegar a su fin) han desatado nuevas guerras y han hecho aparecer la pesadilla del ISIS, el autodenominado Estado Islámico, que persigue abiertamente el terrorismo y los más brutales ataques. ¿Para qué intervenir entonces, si en vez de lograr resultados concretos, solo se pierden vidas y se gastan cifras inmensas de dólares? ¿Tiene algún sentido que la política exterior sea conducida de este modo, tan visceral y tan poco racional? Lo que hacen los Estados Unidos interesa a todos y a todos nos afecta, por eso entrego al lector esta reflexión. En América Latina hemos visto virajes importantes en su política exterior y, ahora mismo, su conducta está guiada por una defensa de los derechos humanos que en países como Guatemala se percibe como moralmente injusta y dañina: se apoya  y se promueve la persecución de los oficiales del ejército que combatieron hace décadas a la guerrilla marxista, pero se pasan por alto lo que hizo la subversión en su momento. Se insiste en poner en primer lugar, por sobre todo, a la lucha contra la corrupción, pero se atenta para ello a veces contra el propio orden constitucional vigente. Un policía moral actúa, de acuerdo a sus convencimientos y a lo que cree que es justo. Pero, en materia internacional, es muy difícil que entienda las realidades de otros países, su historia, sus costumbres y las circunstancias que viven sus habitantes. Está bien a nuestro juicio, que Trump quiera hacer renacer otra vez el prestigio y el papel de los Estados Unidos. Es algo positivo, que podría ayudar mucho en las actuales circunstancias. Pero esto no lo logrará interviniendo cuando su presencia no es solicitada o guiándose por consideraciones morales que nunca aplica del mismo modo a todos los países del mundo.  

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