Doble moral: un “mal chiste” deja en evidencia la intolerancia de los venezolanos

El despido de Julisa y la crítica a su Stand up Comedy podría considerarse como un acto de violación a la libertad de expresión.

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La comediante Julisa en su mal chiste reafirmó una gran realidad: los venezolanos llegan dispuestos a empezar de cero para poder establecerse y además lo hacen bien. (Instagram)

Una nueva polémica envuelve a los venezolanos en Perú luego de que una comediante de ese país hiciera un chiste incómodo acerca de los venezolanos. Una situación que exaltó a más de uno y que dejó en evidencia la intolerancia a comentarios que bien pudieran pasar por “debajo de la mesa”.

La comediante, identificada como “La nueva codiciada” (Julisa Milagros), recibió una lluvia de críticas luego de que se hiciera viral un video mientras practicaba su show de Stand up Comedy. El comentario incomodó tanto, que hasta el local donde se presentaba decidió “expulsarla”.

“Hay algo que a mí me molesta ya, y es que hagan chistes sobre venezolanos, me molesta bastante porque siento que somos muy desconsiderados con las personas que nos sirven y atienden tan bien”, se le escucha decir en el video de Instagram. Horas después, Julisa emitió un video disculpándose con los venezolanos.

Todo el que acude a un show de Stand Up Comedy sabe que el comediante hace chistes de raza, de religión, de sexualidad, en muchos casos de nacionalidades, y hay que estar preparados para eso.

Además, mientras en Venezuela se critica que el régimen de Nicolás Maduro cierra medios de comunicación por intolerante, ahora también se aplaude que se despida a una persona que hizo un mal chiste, pero que posteriormente se arrepintió.

Con respecto al video que se ha viralizado esta es mi respuesta. @ninarancel #Venezuela #StandUpComedy #Peru

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La comediante recibió todo tipo de insultos y amenazas por una broma que debió pasar desapercibida; y para completar, El Victoria Bar, local donde se presentaba, informó a través de Instagram que la comediante fue despedida.

Pero la polémica va más allá del chiste que hizo Julisa y de su despido instantáneo, pues los comediantes son artistas que ocupan sus shows en hacer todo tipo de bromas, y que en muchos casos tocan la sensibilidad de los presentes. El hecho es que el despido de Julisa ahora forma parte de una polémica aún peor, pues podría considerarse como un acto de violación a la libertad de expresión.

Julisa no generalizó diciendo que las venezolanas son todas prostitutas como, por ejemplo, se ha dicho en diferentes ocasiones, ni tampoco criticó la llegada de los migrantes a Perú. En su mal chiste reafirmó una gran realidad: los venezolanos llegan dispuestos a empezar de cero para poder establecerse y además lo hacen bien. Ella misma reconoce que la atención al cliente por parte de ellos es respetuosa, amena y cordial.

Marwil Sánchez, inmigrante venezolano en Lima y también comediante en Perú, criticó “la doble moral” de muchos que consideran a Julisa como xenófaba, cuando los venezolanos siempre “hemos sido chistosos por naturaleza” y deberíamos también aprender a tolerar chistes siempre y cuando no sean ofensivos.

“Respeto la posición de cada persona que cree que ella destruyó a alguien, pero me parece que no fue así, además es una muchacha bien joven e inexperta. Es bastante difícil hacer reír a la gente y es cuestión de sentido del humor”, señaló.

“Hay comediantes que usan el humor negro, que tocan temas delicados como el aborto, pero ahí es donde tiene que llegar la tolerancia. Si vas a ir a un show de humor, tienes que ir preparado a que de repente alguien va a decir algo que no te va a gustar”, señaló.

“Es parte de una doble moral, es ilógico. Es ilógico que el bar la expulsara, la libertad de expresión se está viendo cohartada desde ese bar y desde el otro lado por parte de los venezolanos que se enfocaron en esta tontería”, sentenció.

¿Recuerdan ustedes el atentado terrorista que se dio en Francia contra los trabajadores de la satírica revista Charlie Hebdo?

El atentado contra el medio de comunicación, fue perpetrado por dos hombres enmascarados y armados con fusiles de asalto, matando a 12 personas e hiriendo a otros 11 mientras gritaban «Al·lahu-àkbar» (‘Alá es [el] más grande’) durante el ataque.

El ataque se dio luego de que la revista de forma satírica se mofara del islam, una tragedia que se dio por la intolerancia del radicalismo musulmán contra la irreverencia de la civilización occidental.

¿No criticamos todos el asesinato de 12 personas que solo trabajaban en una revista satírica?¿Por qué no criticamos entonces el despido de una comediante que solo hizo un chiste en medio de un Show de Stand Up Comedy donde en realidad no ofendió directamente a ningún venezolano?

¿Es que acaso es una ofensa servir o atender bien?. Hay que destacar que Julisa no se mofó de la crisis de los venezolanos, del hambre, de la desnutrición, o de la dictadura. Julisa mostró simplemente una realidad: los venezolanos preparados o no, salimos del país en busca de calidad de vida, y al trabajar con atención al público nos destacamos.

Como venezolana e inmigrante precisamente en Perú, entiendo que la crisis económica, política y social, nos ha sensibilizado; pero hemos llegado a tal nivel, que ahora cualquier comentario puede ser considerado ofensivo o xenófobo. Cómo quisiera que en la sociedad, las personas pudieran expresar lo que piensan sin que exista el temor del hostigamiento público.

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