Óscar Pérez: La masacre que hundió a Maduro y lo dejó como un criminal

Óscar Pérez, el líder de los sublevados, y siete integrantes del movimiento, fueron asesinados con tiros en la cabeza tras la orden que dio en cadena nacional Nicolás Maduro.

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En Venezuela es ilegal la pena de muerte, así como lo son en el mundo las ejecuciones extrajudiciales; pues el macabro asesinato de Pérez se convirtió en la prueba feaciente de que Maduro es un asesino. (Fotomontaje PanAm Post)

Se cumple un año de la mayor prueba de que Nicolás Maduro es un criminal: el vil asesinato del capitán Óscar Pérez dejó en evidencia ante el mundo de lo que es capaz el dictador de Venezuela.

El pasado 15 de enero de 2018 la dictadura acabó con la «Operación Gedeón», aquella en que fueron desplegados cuatro cuerpos de seguridad del Estado, con aproximadamente mil funcionarios en acción armados con fusiles de guerra, subametralladoras y un helicóptero artillado, donde “el objetivo” era asesinar a Óscar Pérez y su equipo.

En Venezuela es ilegal la pena de muerte, así como lo son en el mundo las ejecuciones extrajudiciales; pues el macabro asesinato de Pérez se convirtió en la prueba fehaciente de que Maduro es un asesino.

Óscar Pérez, el líder de los sublevados, y siete integrantes del movimiento, fueron asesinados con tiros en la cabeza tras la orden que dio en cadena nacional Nicolás Maduro.

La muerte de Óscar Pérez y el ataque a su agrupación por los cuerpos militares del régimen, se desarrolló con completa censura comunicacional. Fue a través de las redes sociales con videos, que se conoció el uso de rifles de guerra y lanzacohetes.

Aunque organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos denunciaron el exceso de la fuerza policial y militar en el procedimiento, ninguna autoridad de Venezuela abrió una investigación al respecto. Un año después, es un caso más sin resolver donde los asesinos se encuentran en libertad.

El Ministerio Público y de la Defensoría del Pueblo parecen haber archivado el caso de lo que algunos llaman hoy “la masacre de El Junquito”, mientras los familiares de los fallecidos siguen llorando su ausencia.

Ese lunes 15 de enero, Venezuela y el mundo fueron testigos “en vivo y directo” de cómo el régimen de Nicolás Maduro a través de sus fuerzas de Seguridad fueron autores de crímenes de guerra y de lesa humanidad tras emprender siete ejecuciones extrajudiciales.

El piloto y exfuncionario del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC), Óscar Pérez, quien se rebeló contra la dictadura en Venezuela, fue abatido con armas de alto calibre y de guerra a pesar de haber manifestado su intención de entregarse pacíficamente.

En el procedimiento de captura contra Pérez no solo hubo opacidad, sino que además se descubrió la violación de procedimientos militares, gracias a que el piloto rebelde logró grabar al menos 14 videos durante el operativo en el que terminó muerto.

No fue primera vez que Maduro quedó en evidencia ante el mundo por su talante autoritario y criminal, pero sí fue primera vez que el mandatario confesó a vox populi que su orden de asesinar a disidentes “se cumplió”. Maduro confesó en transmisión televisiva que todo el que se rebele contra él terminará muerto.

A Maduro le “salió el tiro por la culata” con el brutal asesinato de Óscar Pérez, hasta el diario alemán Spiegel Daily lo calificó como “el carnicero“; y el caso hoy se encuentra en la Corte Penal Internacional.

Durante el operativo el régimen permitió la participación de colectivos armados y chavistas. Durante el enfrentamiento murió el “Heiker”, líder del colectivo Tres Raíces del 23 de Enero, quien fungía como supervisor jefe de la Policía Nacional Bolivariana (PNB).

Su nombre real era Andriun Domingo Ugarte Ferrera, pero era conocido como Heyker Leobaldo Vásquez. De acuerdo con periodistas de sucesos en Venezuela, el “Heyker” tenía varias investigaciones por asesinatos en su contra.

El impecable currículo de Óscar Pérez

Óscar Pérez fue un ejemplar detective del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (Cicpc), aunque a través de las redes sociales se describía como “actor, buzo y filántropo”, también se dedicaba a entrenar perros policías y a llevar a cabo labores sociales con niños de bajos recursos y con enfermedades terminales.

El policía aprovechaba sus redes sociales para promover varios videos bajo el lema “Rescatando Valores”, en los que hablaba de la importancia de ser solidario y evitar los antivalores que dañan a la sociedad venezolana.

Mucho antes de su sublevación, Pérez, muy mediático, ganó algo de reconocimiento en Venezuela por otra faceta de su vida: una incursión en el cine. En 2015 fue actor en la película venezolana “Muerte suspendida”.

Fue funcionario del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC), perteneciente a la Brigada de Acciones Especiales (BAE).

El grupo BAE en Venezuela, es una unidad policial formada y entrenada para llevar a cabo misiones de antiterrorismo, reconocimiento, rescate de rehenes, detención de delincuentes peligrosos y acciones especiales.

Está constituida por pequeños grupos de policías altamente entrenados, armados y provistos de equipamiento especializado.

Durante una entrevista al diario Panorama, Pérez dijo:

“Soy piloto de helicóptero, buzo de combate y paracaidista libre. También soy padre, compañero y actor […]. Soy un hombre que sale a la calle sin saber si va a volver a la casa porque la muerte forma parte de la evolución”.

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