El fin del chavismo: Maduro al borde de ser derrocado

Todo indica que ya no hay vuelta atrás, que el usurpador Maduro será derrocado por las buenas o por las malas. Ya el camino está marcado, solo queda definir el modo en que se dará el desenlace.

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El mayor indicio de que a Maduro le queda poco usurpando la silla presidencial es la histórica determinación de Estados Unidos por acabar con la dictadura. EFE/Cristian Hernández

La dictadura en Venezuela está al borde de ser derrocada. Por primera vez en 20 años existen fuertes indicios de que se acabará la «pesadilla» causada por la revolución chavista creada por Hugo Chávéz gracias a una cohesión nacional e internacional que tiene a Nicolás Maduro contra la pared.

Después de años llenos de desesperanza y decepción por parte de los venezolanos, todo indica que ya no hay vuelta atrás, que el usurpador Maduro será derrocado por las buenas o por las malas. Ya el camino está marcado, solo queda definir el modo en que se dará el desenlace.

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Todas las cartas están sobre la mesa, desde una negociación de «amnistía transicional» hasta una intervención militar extranjera; esto, debido a que el régimen dictatorial se ha convertido en una amenaza de seguridad para la región.

Después de cinco intentos fracasados de diálogos, miles de muertes y de presos políticos, y tras haberse robado las elecciones presidenciales, Nicolás Maduro dejó en evidencia ante el mundo que la única manera en que saldrá del poder será a través de un derrocamiento.

Y desde el exterior, cada vez surgen mayores indicios de que si los militares en Venezuela no reaccionan y cumplen con la Constitución, serán «otros» los que tomen el protagonismo.

Hay que leer entre líneas a Luisa Ortega Díaz, la fiscal venezolana en el exilio, quien en su cuenta de Twitter les advirtió a los militares venezolanos que de no ser ellos quienes «liberen al país», no podrán detener «lo que se avecina».

Y es que tras haberse robado las elecciones presidenciales en Venezuela, Maduro fue declarado usurpador; y ante ello, y como lo establece la Constitución, el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, asumió las competencias del Ejecutivo. Guaidó es el presidente(E) legítimo de Venezuela y ya es reconocido como tal por más de cincuenta países.

Para Maduro el haberse robado las elecciones fue prácticamente un suicidio político, porque abrió las puertas a que de manera democrática y legítima la oposición asumiera el poder, a tal punto de que tanto en la OEA como en el Consejo de Seguridad de la ONU, los gobiernos manifestaran su respaldo a Juan Guaidó como mandatario de Venezuela.

Pero el mayor indicio de que a Maduro le queda poco usurpando la silla presidencial es la histórica determinación de Estados Unidos por acabar con la dictadura.

Hay que recordar las palabras de Donald Trump tras asumir la Presidencia de Estados Unidos, quien prometió que haría todo lo que esté en sus manos para que Venezuela «sea libre».

Es Trump quien ha logrado unir a los países de la región y del mundo en una sola voz contra la dictadura en Venezuela. Fue él quien emitió sanciones que hasta hoy ahorcan financieramente a Maduro. Fue durante su Gobierno que Tareck El Aissami y Diosdado Cabello fueron calificados como narcotraficantes y terroristas.

En solo una semana, Trump no solo reconoció a Juan Guaidó como presidente (E) de Venezuela, sino que le bloqueó los accesos a las cuentas en el extranjero a Maduro y anunció una ayuda de USD $20 millones para ayuda humanitaria. A esto se suma la presión y el envío de fuerzas militares a Colombia.

Este lunes 28 de enero, el Departamento del Tesoro anunció sanciones contra la estatal petrolera PDVSA con lo que se reduce la compra de crudo a Venezuela; una situación que no solo recorta los ingresos en divisas para el país suramericano, sino que además evidencia una presión sobre Rusia y China para que dejen de apoyar a Maduro, pues esos países necesitan que a la dictadura le ingresen dólares para que este pague su millonaria deuda.

Además de las fichas que ha movido Estados Unidos, se encuentra la determinación de los países vecinos de Venezuela, como Brasil y Colombia, para derrocar a Maduro. Ambas naciones acordaron trabajar y presionar para lograr la caída de la dictadura.

Pero como si estos indicios no fueran suficientes, está la evidente soledad de Maduro ante la comunidad internacional. Por primera vez, Ecuador decidió respaldar a la oposición venezolana y Rusia, que se ha convertido en uno de los sustentos económicos de la dictadura, este lunes desmitió la supuesta ayuda militar a Maduro.

Otra muestra de la debilidad de Maduro, es que tras detener a cientos de dirigentes políticos, de perseguir a jueces del legítimo Tribunal Supremo de Justicia y de detener a la disidencia, ha sido incapaz de atentar contra Juan Guaidó y diputados de la Asamblea Nacional de Venezuela; esto luego de que Estados Unidos le advirtiera que una agresión contra el Parlamento sería tomada como una falta grave y podría reaccionar contundentemente.

Maduro un día dice que Rusia lo apoya militarmente y ese país sale a desmentirlo; otro día ordena la ruptura de relaciones con Estados Unidos y posteriormente dice que se está planteando un diálogo entre ambas naciones. Desde Miraflores llamaron a una vigilia, y no la acató ni un solo militante del chavismo. La verdad es que nunca habían existido tantos indicios de que a Maduro le queda poco y de que Venezuela recuperará su libertad.

Sin embargo, hay que preguntase qué pasará con aquéllos funcionarios del chavismo, como Diosdado Cabello y Tareck El Aissami, que estarían dispuestos a atrincherarse hasta el final, pues saben que el resto de su vida la podrían pasar tras las rejas…

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